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22 May 201820:01

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De la lucha contra la corrupción a la integración comercial: las recetas del Banco Mundial para Latinoamérica

El organismo ha publicado un informe sobre Latinoamérica en el que se incluyen los desafíos futuros de la región, donde el crecimiento ha cogido algo de impulso, aunque se aleja de lo que el Banco Mundial denomina década de oro, con un crecimiento anual de 4%.

04 May 2018 — 04:44
Jaime Cevallos
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De la lucha contra la corrupción a la integración comercial: las recetas del Banco Mundial para Latinoamérica

 

 

Reforzar sus fuentes de crecimiento, realizar ajustes fiscales graduales y apuntalar su integración comercial. Estas son algunas recetas del Banco Mundial para los países de Latinoamérica que, después de seis años de desaceleración económica, ha conseguido dar vuelta la página y volver a una senda de crecimiento.

 

Latinoamérica, una región clave para el mundo de la moda, creció un 1,1% en el 2017 y se prevé que crezca un 1,8% en el 2018 y un 2,3% en el 2019. Excluyendo a Venezuela, los pronósticos ascienden al 2,6% para 2018, y 2,8% para 2019.

 

Dado que Sudamérica representa el 71% del PIB real de la región, la recuperación del crecimiento ha estado principalmente vinculada a la reactivación de las dos economías sudamericanas de mayor tamaño: Brasil y Argentina.

 

 

 

 

Brasil creció un 1,0% en 2017, después de una contracción de dos años, en los que registró caídas del PIB real de 3,8% en el 2015 y 3,5% en el 2016. En cambio, para el 2018, el escenario es diferente, ya que las previsiones de crecimiento para Brasil son de 2,4%. Argentina, por su parte, creció un 2,9% en el 2017 y se prevé que siga haciéndolo al mismo ritmo en los próximos dos años.

 

México, la otra locomotora de la economía regional, ralentizó su crecimiento en 2017 al registrar una tasa de 2%, aunque las estimaciones del Banco Mundial son que crezca al 2,3% y 2,5% en  2018 y 2019, respectivamente.

 

Basándose en los últimos datos, el Banco Mundial estima que la región debe consolidar sus propias fuentes de crecimiento para consolidar los avances que se registraron entre 2003 y 2012, la década de oro, en que la economía se elevó un 4% gracias a los altos precios de las materias primas. Sin embargo, las previsiones de crecimiento para la región son de 1,8% en 2018, muy lejos de ese periodo.

 

 

 

 

Las necesidades de reforma varían según los países en la región, aunque el Banco Mundial cree que hay temas comunes a los que hay que darles prioridad: las reformas estructurales del mercado laboral, la educación y las pensiones, aumentar la integración comercial y financiera dentro y fuera de la región, dar un fuerte impulso en la inversión en infraestructura pública, y establecer un sólido marco de lucha contra la corrupción.

 

Paralelamente, los países de Latinoamérica deberán emprender ajustes fiscales para asegurar la sostenibilidad de la deuda a largo plazo. Argentina, Colombia, Ecuador, El Salvador, México, Panamá y Uruguay ya han comenzado a realizar ajustes fiscales graduales. Sin embargo, otras naciones aún no han emprendido el camino de los ajustes debido a la incertidumbre política, ya que la región vivirá a lo largo del año varios procesos electorales.

 

Los ajustes fiscales para la región deben ser graduales porque, en contraposición a los ajustes de shock, acarrean menores costes sociales. Para el Banco Mundial, los ajustes no deberán basarse de una manera excesiva en recortes de las inversiones públicas, para no perjudicar las perspectivas futuras de crecimiento; también se debe proteger a los miembros más vulnerables de la sociedad no recortando las transferencias sociales.

 

 

 

 

Los ajustes fiscales graduales no sólo darán lugar a una inflación más baja y a un mayor crecimiento en el largo plazo, sino que también permitirán a los países de la región “construir cierto espacio fiscal durante los tiempos relativamente buenos y estar, así, preparados para aplicar políticas fiscales contracíclicas en el caso de futuras recesiones”, subraya el organismo.

 

Por último, con la normalización de la política monetaria en Estados Unidos y su comienzo en Europa, los países de Latinoamérica se enfrentarán, en un futuro no muy distante, a tasas de interés internacionales más altas, que previsiblemente afectarán de manera negativa los flujos de capital a la región, debilitarán las monedas nacionales e, incluso, la actividad económica.

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