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25 Oct 202118:34

Antonio Miró, sin Antonio Miró

El creativo no mantiene relación con la empresa que explota comercialmente su nombre, la cual entró en concurso de acreedores en mayo de 2021.

19 Jul 2021 — 04:49
Pilar Riaño
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Antonio Miró, sin Antonio Miró

 

 

Pocos apellidos han logrado trascender tanto en el diseño español como el de Antonio Miró. Sus diseños masculinos son todo un referente de la moda de los noventa y su marca ha llegado a todo tipo de productos: de bolígrafos a ropa de cama hasta menaje para el hogar o ataúdes. El pasado mayo, la empresa que gestiona Antonio Miró entró en concurso de acreedores tras años ahogada por la caída de ventas y con el Covid-19 como la estocada definitiva.

 

 

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El diseñador, sin embargo, no mantiene relación con la empresa que explota comercialmente su nombre. En 2016, Antonio Miró recurrió a los tribunales por vulneración del honor, la intimidad personal y familiar y su propia imagen. La demanda fue desestimada en primera instancia en Barcelona y llegó a la Audiencia Provincial y al Supremo, que en 2020 dio la razón al diseñador. Desde entonces, la empresa propietaria de su marca no puede utilizar su imagen.

 

Nacido en Sabadell en 1947, Antonio Miró, hijo de sastre, estudió sastrería y se especializó en el segmento masculino. Cuando tenía veinte años, abrió su primera tienda, Groc, en Barcelona y en 1986 creó su propia marca junto a dos socios inversores (Ignacio Malet y Fernando Zallo). La firma del creativo catalán empezó a brillar por todo el mundo, desfilando en pasarelas e iniciando su internacionalización con Ermenegildo Zegna como distribuidor.

 

Pese al reconocimiento de marca y los numerosos galardones y encargos, el éxito económico no terminaba de llegar. Para poder ejecutar un plan de reestructuración, el diseñador recompró a sus socios el cien por cien de la empresa.


El objetivo de Antonio Miró no era otro que el de dar entrada en el capital a un socio industrial que le aportase fortaleza empresarial para poderse centrar en las tareas creativas. Y novios no le faltaban. Por un lado, el entonces Grupo Cortefiel (ahora Tendam), que explotaba la marca Antonio Miró Studio y, por otro, la empresa catalana Twenty (entonces distribuidora de Marithé et François Girbaud), que operaba las firmas Miró Jeans y Miró. La actual Tendam tenía, además, una opción de compra sobre el 60% de la firma, sellada en 2004 por un millón de euros.

 

 

 

 

El dueño de Cortefiel hubiera sido la salvación de Antonio Miró, que buscó durante años al tan ansiado grupo industrial. En 2007, el año en que vencía la opción de compra, Tendam renunció a ejercerla y, en febrero de 2008, el creativo terminó vendiendo el 70% de su empresa a la sociedad Nuevos Valores Textiles, controlada por las familias Nassia y Arquero, dueñas, a su vez, de Twenty y accionistas de negocios como el multimarca Ekseption.

 

Poco a poco, el diseñador fue desenamorándose de su propia marca y desvinculándose del negocio, dejando incluso la presidencia para dedicarse sólo a diseñar. Mientras tanto, la crisis financiera internacional hacía mella en el negocio de la empresa y Twenty comenzó su reestructuración, cerrando todos los puntos de venta de Antonio Miró y entrando en concurso de acreedores en 2013. Un año antes, Antonio Miró había vuelto a cambiar de manos, pasando a estar controlada por la familia Arquero, liderada por Andrea Arquero.

 

 

 

 

Con nuevos propietarios, la marca Antonio Miró emprendió un nuevo intento de relanzamiento, basándose esta vez en las licencias. Este movimiento implicó la separación definitiva del creativo. Con reconocimientos a sus espaldas como el premio Cristóbal Balenciaga al mejor diseñador español en 1988 y encargos como el vestuario de las ceremonias de los Juegos Olímpicos de Barcelona, Antonio Miró no estuvo de acuerdo con el rumbo que tomó su marca cuando se centró en licencias.

 

Esta estrategia, que tantos éxitos ha reportado a firmas como Agatha Ruiz de la Prada y que introdujo en moda el creativo Pierre Cardin, tiene sus riesgos, pues una excesiva diversificación puede impactar directamente en el valor de la marca, como le ha sucedido a la del creativo catalán.

 

La prohibición a usar la imagen de Antonio Miró fue otro golpe para la empresa de Arquero, que en 2018 ya había visto menguados sus ingresos cuando Cortefiel decidió dejar de utilizar la licencia de Studio. Con ingresos de poco más de 150.000 euros y una deuda financiera de cerca de 900.000 euros, la pandemia fue la puntilla de la compañía que gestiona la marca Antonio Miró.

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