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20 Nov 201716:25

El agujero negro de la moda española

Siempre se han defendido desde esta web la salud y la importancia de la moda española, pero no sería justo evitar poner en evidencia los déficits a la hora de convertirse en una potencia internacional.

No es poco mérito que compañías como Inditex, Mango o Tous estén compitiendo en los mercados internacionales, pero lo cierto es que todos los grupos españoles están marcados por la moda pronta como un monocultivo que no puede o no saber ir más allá.

Para convertirse en una verdadera potencia internacional la moda española necesita grupos de tamaño relevante que compitan en el mercado del gran lujo, donde los precios son más altos y los márgenes mayores.

España no cuenta con grandes conglomerados de la moda, como Francia, que con PPR o LVMH suma marcas y mantienen un férreo control del mercado y de sus productos. Algo que también consiguen multinacionales como L'Oréal.

Tampoco el modelo de moda español puede competir con Italia. La moda española carece de grandes grupos familiares de la industria del lujo como Prada, Dolce&Gabbana, Armani o Bulgari, que superan los 1.000 millones de euros de facturación.

Del mismo modo no existe en España la fuerza de una segunda línea basada en empresas también en manos de los fundadores como Ermenegildo Zegna, Salvatore Ferragamo o Versace, que apuestan por el mundo del lujo desde volúmenes de negocio más modestos pero igualmente notables, alrededor de los 500 millones de ventas.

Si Italia fuera España, todos los grupos serían Benetton, con un mismo modelo de negocio, de producto y de segmento de precio. España tiene moda pero le falta lujo. Y los pequeños diseñadores llevan años sin poder despegar o consolidar sus empresas más allá de las pasarelas subvencionadas.

Los que en España intentan llenar ese hueco, con productos de gama media-alta, acaban presentando concurso y revelando cifras ridículas que no soportan la comparación internacional. Muxart, por ejemplo, acabó en el juzgado facturaba 3,2 millones de euros.

Este es un vacío que no se puede llenar con planes estratégicos ni ayudas estatales. Hacen falta empresarios capaces y que consigan cambiar una cultura de consumo que a menudo tiende al esnobismo y, por tanto, a pagar más tan sólo por aquello que venga de fuera. Un gran reto para todo el sector.

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