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16 Dic 201700:36

Adaptarse a la incertidumbre

 

La incertidumbre vuelve a apoderarse de la economía y el temor de estar en la antesala de una nueva crisis vuelve a poner en alerta al sector de la moda. La caída de las bolsas internacionales a lo largo de esta semana ha provocado turbulencias suficientes para que los expertos recordaran el escenario de 2008. Atendiendo al ya fallecido premio Nobel Paul Samuelson, que referenció que nueve de las grandes crisis mundiales fueron anticipadas por la bolsa, la situación que se ha vivido esta semana en los parqués de todo el mundo parece no augurar nada bueno.

 

El temor a un parón del crecimiento a nivel mundial, que ya avanzó el Fondo Monetario Internacional (FMI) a finales de 2015, está asustando ahora a los inversores, que están descapitalizando las bolsas. Pero hay otros indicadores macroeconómicos que tampoco arrojan perspectivas positivas de cara al futuro: la bajísima inflación en la eurozona; tipos de interés planos, que esta semana han llegado a marcar valores negativos; la abultada deuda de los Estados; el desplome del petróleo y, en consecuencia, de gran parte de las materias primas, o la desaceleración en China, la segunda economía mundial.

 

La incertidumbre regresa justo cuando la industria de la moda daba sus primeros síntomas de recuperación y, por primera vez en décadas, dejaba de marcar retrocesos para alcanzar los índices positivos en indicadores como el empleo, la producción y las ventas. Los temores vuelven justo cuando el comercio cerraba su segundo año consecutivo con una subida de ventas, y justo cuando las marcas de moda del país han intensificado su expansión y han despertado el interés de la inversión. Después de seis años de reestructuración y de ajuste al nuevo escenario post crisis, algunos expertos auguran un nuevo tsunami.

 

Pero de esta última crisis, las empresas también han aprendido que hay que tener cintura para adaptarse a los cambios con rapidez y que los cambios son continuos. La crisis ha enseñado que lo que es válido hoy no tiene por qué serlo mañana: que un país al que hoy es interesante exportar, mañana puede que ya no lo sea. El escenario macroeconómico es impredecible y volátil y es imposible ajustar las estrategias a su evolución, pero tampoco es excusa para paralizar la actividad a la espera de tiempos mejores.

 

Las predicciones de los expertos para dentro de seis meses asustan, pero la actividad de las empresas debe continuar. Después de los ajustes acometidos en esta última crisis, la mayoría de las compañías han aprendido también a trabajar con mochilas ligeras de deuda, estructuras flexibles, escala de costes controlada y diversificación de mercados, entre otros elementos. Adaptarse con rapidez a los nuevos escenarios será la clave de futuro: no hay lugar para el acomodamiento en un mundo de incertidumbre.

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