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28 Nov 202014:26

Intraglobalización y neorrelocalización

Intraglobalización y neorrelocalización

 

 

El mundo está globalizado para producir una camiseta, pero no está coordinado para detener un virus. Vivir globalizados no ha sido condición suficiente para generar la necesaria organización y una acción conjunta, aun cuando las circunstancias lo requerían.

 

La globalización actual posibilita elaborar un producto en un extremo del mundo y venderlo en el otro mediante un proceso rutinario, continuo, rápido, trazable y eficiente. No obstante, esta pandemia nos ha permitido confirmar que existe una profunda disociación y descoordinación a la hora de generar una estrategia conjunta global con otros fines, aun siendo humanitarios. El promocionado lema “piensa global, actúa local” nos ha jugado una mala pasada. Tenemos un problema mundial y la única opción disponible es la búsqueda de una solución local.

 

 

De globalización a intraglobalización

La globalización ya no es un proceso en potencia, es un hecho consumado. Como tal, no podría existir escindido del mundo porque es inherente a él. Podríamos decir que mundo y globalización son lo mismo. Y por supuesto, ya es parte de todos y cada uno de nosotros. Existen ciudadanos del mundo, personas que han vivido en tres continentes diferentes junto a sus familias en un corto periodo de tiempo.

 

 

 

 

Otros, tal vez nunca hayan salido de su país de origen pero producen los cereales en un extremo del planeta que alimentan a los animales en el otro. En nuestro rol de consumidores, en un día normal de nuestras vidas, compramos y consumimos bienes y servicios producidos y generados a miles de kilómetros de distancia de nuestro hogar y recibimos noticias sobre hechos acontecidos en lugares remotos. Estos son ejemplos de nuestra actual globalización; un proceso digital, económico, productivo y financiero con permanente circulación mundial de personas, datos, información, bienes, servicios y dinero.

 

 

El próximo nivel de la globalización

Considero que una vez finalizada esta pandemia, después de una necesaria etapa de revisión, será momento de cambiar el lema que en cierta forma nos ha traicionado, instaurando uno nuevo y actualizado: “piensa y actúa intraglobalmente”.

 

Este cambio de concepción sobre nuestro rol dentro de un mundo globalizado nos permitirá pasar al próximo nivel y a la creación de renovadas relaciones entre las partes. La globalización dejará de ser únicamente sinónimo de tercerización, de cierto desentendimiento de un extremo de la cadena por el otro; crearemos una nueva dinámica mancomunada, con mayor interacción y compromiso entre los protagonistas.

 

 

 

 

Forjaremos una nueva globalización que nos permita encontrar una verdadera respuesta global, ya sea para las transacciones comerciales habituales como para los grandes problemas de la humanidad. El denominarla intraglobalización es el camino más directo y simple para significar esa necesaria generación de nuevos lazos internos, más fuertes, más estrechos y con mayor conciencia entre las partes. La globalización ya no puede ser sinónimo de desentendimiento, de una simple tercerización de procesos que no me convienen o no quiero hacer.

 

 

Un primordial y necesario objetivo común

En esas relaciones globales, entre partes separadas por la distancia física, debe existir un objetivo común sobre el cuál se obtendrá el beneficio mutuo final. Hasta esta crisis creíamos que el producto lo constituía, hemos comprendido que solo es un elemento más de la relación, no alcanza a conformar un verdadero propósito común para ambas partes. Tampoco lo es el beneficio económico de la transacción, puesto que al final del proceso puede existir para una parte y no necesariamente para la otra. Ese objetivo común deberá existir de ahora en más y para ambas partes. No puede beneficiar solo a una y no a la otra o incluso, parcialmente a la otra.

 

 

La creación de valor debe ser equitativa en ambos extremos

Para lograr ese beneficio final compartido, quienes somos un eslabón de esta cadena, deberemos involucrarnos mucho más con el siguiente y con quién esté en el extremo opuesto. No me refiero a la dimensión física, ya que las partes se encuentran a miles de kilómetros de distancia. Básicamente y poniendo un ejemplo, significa que no podré ordenar producir un par de vaqueros en un origen asiático si la creación de valor no es equitativa. No alcanza con crear valor, sino que además, debe estar compensado en ambos extremos de la cadena. El grado actual de globalización es tan significante que el equilibrio global depende de que la creación de valor sea significativa en ambos extremos.

 

 

 

 

La primera gran enseñanza que esta crisis nos ha dejado es la comprensión de cuan relacionados y cercanos están los extremos de la cadena y como los resultados en uno afectan al opuesto. Seamos perspicaces, no estoy hablando solo de dinero y no es a corto plazo. La interrelación entre vender millones de pantalones en un país desarrollado y contaminar un pequeño y olvidado río en el centro de un país subdesarrollado es mucho mayor de lo que podemos percibir. Es la misma relación, aparentemente imperceptible, entre los ciudadanos de ese mismo país rico y un anciano muy humilde, de una remota aldea china, al que le gusta mucho la sopa de serpiente.

 

La relocalización es una necesidad

Si en esta crisis buscamos un perfecto ejemplo de una necesidad extrema de relocalización o intraglobalización, lo encontraremos en el material sanitario. Los gobiernos de la mayoría de los países desarrollados se dieron cuenta, en medio de la crisis, que no contaban con suficiente stock de material sanitario para protección, simples máscaras, guantes y batines.

 

No solo confirmaron que no tenían capacidad de producción sino también, que ni siquiera podían adquirirlo en tiempo y forma cuando se dispusieran a comprarlo a terceros países.

Con esta dolorosa experiencia hemos entendido que la solución es relocalización o una relación global mancomunada. Esto significa que ambas partes, comprador y productor, deben tener obligaciones y verdaderos objetivos comunes en función de mantener, sea cual sea la circunstancia, un stock permanente asegurado, un precio estable y un incremento disponible de la capacidad de producción siempre que fuese necesario. Esto es intraglobalización, una relación global con un fuerte y verdadero objetivo común entre las partes.

 

 

 

 

Para confirmar este punto, aquí les dejo un extracto de la entrevista que el periódico El Mundo le hizo a Josep Borrell, Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores, sobre este tema en el ámbito de la pandemia el último martes 7 de abril:

 

El Mundo- ¿Será uno de los grandes beneficiados la inversión en Sanidad?”

 

Josep Borrell-La Sanidad a partir de ahora se convierte en un problema de seguridad y de soberanía. No puede ser que, de repente, descubramos que una parte esencial de los activos sanitarios para hacer frente a una crisis de esta naturaleza está deslocalizada en otros países. Hay que recuperar la soberanía sanitaria. Dábamos por supuesto que teníamos los recursos para hacer frente a un problema de salud pública. Vemos que no es así. Habrá que crear 'stocks' estratégicos y no podemos estar en manos de una globalización que ha distribuido las capacidades de producción de forma muy desequilibrada”.

 

 

Conclusión

Desde hace un tiempo a esta parte, en este mismo espacio, venimos analizando y observando como la relocalización se viene transformando, sin prisa pero sin pausa, en un proceso justificado y relevante dentro de la industria de la moda. Lo viene haciendo a pesar de cierto escepticismo inicial y de los lógicos inconvenientes y desafíos que se presentan en su camino. Es muy posible que esta crisis provocada por el Coronavirus acelere este proceso, pero ya no solo dentro del sector textil sino también en otros de mucha mayor necesidad como el médico, farmacéutico y sanitario. Esta situación reafirma nuestro rumbo y nuestra percepción de que la neorrelocalización es el peso necesario en uno de los extremos de la balanza que genera el equilibrio buscado en un nuevo mundo intraglobalizado.

 

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