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16 Ene 202113:00

Punto Blanco, el último testigo de una era que sigue dando vueltas al calcetín

Con un producto tan básico como un calcetín, Punto Blanco creó marca cuando no se requería, dio el salto al exterior poco antes de que la competencia irrumpiera en España, hizo oídos sordos a las ofertas de compra y conservó la fábrica cuando todos la liquidaron.

10 Oct 2017 — 04:50
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Punto Blanco, el último testigo de una era que sigue dando vueltas al calcetín

 

 

Entre los refajos y las medias de seda del taller familiar se criaron los hermanos Pere y Manuel Valls, que en 1948 pusieron en marcha en Igualada (Barcelona) Punto Blanco, aprovechando una industria textil en expansión en España. La de Punto Blanco es una historia de familia, industria, territorio y capacidad de adaptación en un campo de juego difícil como ha sido el textil, sobre todo en las últimas cuatro décadas.

 

Con un producto tan básico como un calcetín, sus dueños, la familia Valls, crearon marca cuando no se requería, dieron el salto al exterior poco antes de que la competencia irrumpiera en España, hicieron oídos sordos a las ofertas de compra de multinacionales, conservaron la fábrica cuando todos la liquidaron y abrieron tiendas cuando sus clientes
las cerraron.

 

En Punto Blanco evitan hablar de épocas doradas. Explica su director general, Ignasi Reixach, que prefiere hablar de periodos de mayor o menor expansión vinculados a los vaivenes de la economía y el consumo. No obstante, lejos quedan los tiempos en que el textil era el motor económico de Igualada (Barcelona), una de las cunas del sector en Cataluña y en España, cuando rugían las máquinas en grandes factorías como las de Punto Blanco, Vives Vidal (cuyo legado permanece en la francesa Vanity Fair) o Fabrilmalla (dueño de la hoy ya desaparecida Jim).

 

De aquella era, Punto Blanco permanece como el último bastión, buscando su espacio entre la gran distribución, el low cost y, ahora, el fenómeno Happy Socks, a fuerza de dar vueltas a la commodity por excelencia del sector: el calcetín.

 

 

 

 

Setenta años después, Punto Blanco mantiene en Igualada una plantilla de 250 personas, la mayoría en fábrica, ha diversificado hacía el íntimo y cuenta con una red de treinta establecimientos. La empresa, que continúa en manos de la familia fundadora, cerró 2016 con una cifra de negocio de 20,6 millones de euros. “Una de las principales consignas de Punto Blanco como empresa es la adaptación al cambio, aquello de renovarse o morir, y esto es lo que hemos hecho”, afirma el directivo.

 

Con toda una trayectoria profesional vinculada al textil, Reixach se resiste a calificar de commodity al calcetín, asegurando que se requiere un conocimiento de producto que no se adquiere en poco tiempo. Y, de hecho, el ejecutivo también puntualiza que en este subsector ha sido más fácil resistir a los coletazos de la globalización y a los cambios de hábitos de consumo porque esquiva la vertiente aspiracional de la moda para centrarse en la construcción del producto: “llevar unos calcetines o una ropa interior incómoda puede ser muy desagradable”, dice.

 

Entre sus últimos grandes hitos se encuentran la diversificación hacia el íntimo a finales de la década de los noventa y la entrada en el retail en 2005. De hecho, uno de los proyectos que ha pilotado Reixach (al frente del grupo desde 2009) ha sido la expansión de la compañía a través del comercio monomarca, con el que ocupar el vacío que dejaba el comercio tradicional y con el que hacer frente a gigantes del sector como Calzedonia.

 

 

 

 

“La apertura de tiendas propias y franquicias responde al deseo de continuar en el mercado y mantener viva la empresa”, señala el ejecutivo, quien apunta que el reto ahora es el cambio constante de paradigma en el que se ha instalado la economía. “La tecnología, la crisis o los nuevos consumidores: todo nos lleva ahora a tener que cambiar nuestra manera de hacer las cosas, de pensar y de gestionar cada uno de los elementos de la empresa”, asegura.

 

“Entre las fortalezas de Punto Blanco, una de las más preciadas es que el capital de la empresa es propio”, subraya Reixach. “Esto nos protege de las veleidades a las que están expuestas las empresas que dependen de capital externo”, apunta. Parte de este compromiso está relacionado también con el territorio. Su fábrica, un edificio racionalista de 1956 que firma el arquitecto catalán Robert Terrades i Via, forma parte hoy del entramado urbano de la ciudad y en su plantilla hay familias que han encadenado tres generaciones trabajando en la compañía. De alguna manera, las raíces de Punto Blanco en Igualada son profundas.

 

El apellido Valls, junto a Biosca o Esteve Aguilera, son pilares del legado textil de
la localidad.  Punto Blanco está controlada por la sociedad Corporación Empresarial Valls. Esta empresa matriz se creó a mediados de los noventa para agrupar los distintos negocios de los Valls en el sector (también es propietario de Cóndor, además de otras empresas de confección, hilatura, género de punto y artes gráficas).

 

 

 

 

Desde entonces, el hólding tiene como consejera delegada a Marta Valls, representante de la tercera generación de la saga familiar. En el año 2000, tras fallecer su padre, Manuel Valls, la directiva tomó también la presidencia ejecutiva del grupo.

 

En el consejo de administración de Corporación Empresarial Valls representan a la familia cinco de los seis hermanos. El sexto, David Valls, hace años que se desvinculó de la empresa familiar tras intentar desarrollar una línea de prendas para hombre en punto en el seno de Punto Blanco. El proyecto no cuajó y el diseñador optó por continuar su andadura en solitario. Su hija, Ingrid Valls, busca a su vez por su cuenta su camino en la moda, también en el punto. El órgano se completa con un primera espada de la asesoría empresarial en Cataluña, Alfonso Durán Pich, ex profesor de márketing en Esade y miembro de la American Marketing Association, de la Academy of Management y del Círculo de Economía de Barcelona.

 

 

Expansión con retail

La apertura de tiendas ha sido la última gran apuesta de Punto Blanco. La compañía, que puso en marcha esta nueva línea de negocio en plena expansión de las redes globales de los grandes operadores de retail, mantiene su desarrollo y en él confía gran parte de su futuro. Sus próximas aperturas están previstas para este otoño, una de ellas en la avenida Diagonal de Barcelona y otra en Teherán (Irán). Con estos dos establecimientos, el grupo sumará más de treinta puntos de venta. No obstante, el grueso de su cifra de negocio procede aún del canal multimarca, a través del cual está presente también en 35 países.

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