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29 Sep 202015:37

Nueva York, o cómo bailar con ‘la más guapa’

 

I want to be a part of it, New York, New York... cantaba Frank Sinatra en 1977 sobre la Gran Manzana. Cerca de cuarenta años después, nada de esto ha cambiado: todo el mundo quiere seguir formando parte de la que, para muchos, continúa siendo capital del mundo.

 

En el caso de la moda, también. Todas las marcas quieren estar allí. Prueba de ello es el centro comercial Westfield World Trade Center que, ocupando el terreno que en su día dejaron las Torres Gemelas, está llamado a convertirse en la catedral de la moda de Nueva York. Y, por supuesto, las marcas españolas ya han reservado plaza allí.

 

¿Por qué es tan importante estar en esta ciudad? Amancio Ortega, fundador del gigante gallego Inditex, decidió que, después de iniciar su expansión en España e instalar sus primeros establecimientos en Portugal, debía abrir en París y Nueva York, con el esfuerzo inversor y de gestión que eso suponía. Su acreditado instinto le decía que, para ser una empresa de moda global, Zara debía estar en las capitales mundiales de la moda.

 

Parafraseando a Lucía Cordeiro, que en estos momentos se ocupa del negocio de Agatha Ruíz de la Prada en Nueva York, esta ciudad hay que tenerla en cuenta y muy presente. “Nueva York es la puerta de entrada de la moda a Estados Unidos y un gran escaparate para Latinoamérica y Asia –asegura Cordeiro–; Estados Unidos debería ser el segundo mercado natural de España después de la Unión Europea”.

 

Aunque la competencia es más fuerte que en ninguna otra parte del mundo y los costes no son bajos, son decenas las empresas españolas de moda que se han hecho un hueco en la gran manzana. Y la apuesta por Nueva York sigue. Camper, uno de los principales grupos de calzado de España; Zara, propiedad del gigante gallego Inditex, o la bisutería de Uno de 50 abrirán en los próximos meses sus tiendas en el Westfield World Trade Center. Bien por estas empresas.

 

¿Se justifican estas inversiones? El zapatero estadounidense Stuart Weitzman, que cuenta con toda su estructura empresarial en Alicante, hablaba en una entrevista a Modaes.es de la ciudad de Nueva York como una arena donde las marcas se baten por llamar la atención del consumidor. “Recuerdo que no saqué ni un duro en tres años de la compañía hasta que pude abrir en Madison Avenue: tenía que estar ahí”, aseguraba el diseñador.

 

Ortega y Weitzman lo tienen claro: no todo es vender. Invertir en la imagen con una tienda en el centro del mundo puede hacer que las ventas de una empresa crezcan, a la larga, en todos los mercados. A veces (y en la moda mucho más) es necesario arriesgarse.

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