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18 Nov 201715:03

Pronto moda responsable

 

Según la consultora internacional McKinsey la producción de ropa se duplicó desde el año 2000 al 2014 y el número de modelos comprados anualmente por el consumidor global promedio aumentó un 60%. Este fenómeno extremadamente favorable para el sector desde el punto de vista comercial se dio, en parte, gracias a la caída de los costos de producción, operaciones racionalizadas y más eficientes y a un aumento del gasto del consumidor en indumentaria en los países desarrollados y en vías de desarrollo.

 

En relación directa con ello, las empresas han recortado costos agresivamente y racionalizado sus cadenas de suministro. Esto ha hecho que los precios de las prendas caigan en relación al valor de otros bienes de consumo. Los compradores respondieron a estos precios más bajos y a la mayor variedad comprando más prendas. El número de artículos de indumentaria producidos anualmente se ha duplicado desde el año 2000 y ha superado la barrera de los 100 mil millones de dólares por primera vez en 2014; casi 14 prendas por cada persona en el planeta.

 

Mientras que el crecimiento de las ventas ha sido robusto en todo el mundo, las economías emergentes han experimentado aumentos muy importantes en la comercialización de ropa, ya que más personas en esos países pasaron a ser clase media. En cinco grandes países en desarrollo –Brasil, China, India, México y Rusia— la venta de indumentaria creció ocho veces más rápido que en Canadá, Alemania, Reino Unido y Estados Unidos.

 

 

La venta de indumentaria futura

Incluso después de este aumento, el habitante promedio de un país en desarrollo compra una fracción de las prendas que adquiere cada año su contraparte en un país desarrollado. En general, la venta de ropa podría aumentar en forma significativa si los consumidores en los países en desarrollo eligieran comprar más prendas a medida que aumenta su poder adquisitivo. Continúa el informe estimando que si en 2025 el 80% de la población de las economías emergentes alcanza los mismos niveles de consumo de ropa que el mundo Occidental y la industria de la indumentaria no se hace más eficiente en términos ambientales, el impacto medioambiental de la industria textil será mucho más importante.

 

Volviendo a este periodo de 14 años analizado, es justamente la pronto moda la que se ha convertido en un protagonista especialmente activo de la industria textil, consolidándose como una ultra potente fuente de crecimiento para algunas empresas del sector.

 

 

¿Cómo ha logrado el “fast fashion” este papel protagónico en la industria textil?

La moda rápida ha logrado este cambio de paradigma en el mundo de la moda comprimiendo los ciclos de producción y creando diseños actuales, no sólo para expandir el guardarropa de cada uno de los consumidores sino también para renovarlo rápida y cíclicamente durante el año.

 

Los plazos de pre elaboración y producción actuales, muchos más cortos que los de hace 10 o 15 años, han permitido que las marcas presenten más líneas con mayor frecuencia. Las estimaciones de la misma consultora arrojan: desde 24 colecciones nuevas de ropa cada año que presenta una marca española, que configuraría uno de los extremos, pasando por las 12 a 16 que se renuevan semanalmente en una empresa sueca. Como mínimo, entre todas las empresas de indumentaria europeas, el número promedio de colecciones de ropa se ha más que duplicado, de dos por año en el 2000, a unas 5 en 2011.

 

A lo largo de casi todas las categorías de indumentaria, los consumidores conservan las prendas casi la mitad del tiempo que lo hacían hace 15 años. Algunas estimaciones sugieren que los consumidores tratan a la ropa de menor valor casi como descartable y se deshacen de ellas después de solo siete u ocho usos.

 

 

Una industria intensiva en mano de obra y poco tecnológica

Sin embargo, sigue siendo rotundamente cierto que la innovación en la forma en que se elaboran las prendas no ha cambiado al mismo ritmo de la aceleración con la que se diseñan y se comercializan. La moda rápida actualmente es un negocio inmenso y sofisticado, alimentado por un sistema de producción fragmentado y relativamente de baja tecnología.

Hasta hace relativamente poco tiempo, el aumento de las ventas sugería que la mayoría de los compradores ignoraban o toleraban los costos sociales y ambientales de la moda rápida.

 

Pero esto ha cambiado con las nuevas generaciones de consumidores conscientes, y las principales empresas globales han decidido que tampoco van a “sentarse” a esperar una respuesta negativa y masiva de los consumidores. Estas compañías han empezado a remediar el impacto negativo y ampliamente inadvertido del negocio de la moda rápida.

 

 

Acciones para producir un cambio positivo y un aporte de valor significativo

Para ello, se han puesto “manos a la obra” en los desafíos de  dos segmentos importantes de su cadena de valor: la fuerte demanda de recursos y la situación laboral en el proceso de producción; y el desperdicio excesivo relacionado con los desechos de prendas desactualizadas o gastadas.

 

Por esto mismo, el título que he elegido para este artículo -Pronto moda responsable- que es lo mismo que decir Fast Fashion responsable, no encierra ninguna contradicción. Muy por el contrario estoy convencido que estos términos pueden ser complementarios y no excluyentes. A las cosas se las mejora con participación y desde dentro.

 

 

En el próximo artículo de este blog enunciaremos y analizaremos cada una de esas acciones que nos permiten mejorar la industria textil y de la moda de modo tal que su aporte de valor al planeta y a la sociedad sea muy superior al perjuicio que pueda causar.

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