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03 Ago 202020:19

Barcelona, la fama perdida

30 Mar 2009 — 00:00
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En diciembre de 2001, José María Aznar, entonces presidente del Gobierno, presentó el Plan Global de la Moda, un ambicioso programa que contaba con un presupuesto de 2.500 millones de pesetas. Pero Aznar no pudo anunciar todo que hubiese deseado, porque la Generalitat catalana, el Ayuntamiento de Barcelona y Fira de Barcelona le dieron la espalda en la fusión de Gaudí y Cibeles. El Gobierno no pudo entonces crear una única pasarela en España, lo que no imaginaba es que sería la propia Generalitat la que, cuatro años después, le pondría en bandeja su objetivo. A finales de 2004 se desataron los rumores: la Generalitat catalana pretendía suprimir los fondos públicos de la histórica pasarela Gaudí. Sólo unos meses después, la Administración catalana anunció su nuevo modelo escudándose en un estudio elaborado por el profesor José Luis Nueno, de la escuela de negocios IESE, que destacaba la escasa repercusión del evento barcelonés, pero también de su gran competidor, Cibeles. Desde aquel momento, Madrid ha ganado el pulso a Barcelona en el uso de la moda como herramienta de márketing.La Administración catalana atribuyó su decisión al hecho de que carecía de sentido destinar fondos públicos a un evento de carácter eminentemente local. Sin embargo, detrás de esta decisión se escondían también motivos políticos: el recién ascendido tripartito catalán quería terminar con personajes y fórmulas procedentes de veinte años de pujolismo. La víctima: Paco Flaqué, hasta entonces organizador de Gaudí a través de la empresa Flaqué Internacional.Los diseñadores catalanes que hasta entonces utilizaban la pasarela de Barcelona para mostrar sus colecciones se quedaron huérfanos en su ciudad y trataron de poner en marcha un evento propio. Pero la llamada Pasarela Barcelona duró sólo un año: las marcas rechazaban patrocinar el evento para no involucrarse en conflictos políticos, por lo que no era posible estructurar un presupuesto privado. Comenzó entonces un éxodo de diseñadores hacia Madrid, mientras la Generalitat articulaba una nueva pasarela: 080 Barcelona Fashion. Dirigida únicamente a creadores jóvenes o independientes, es decir, sin una marca detrás, 080 acaba de celebrar su tercera edición y, mientras sus organizadores destacan su "consolidación", en el sector se continúa criticando la escasa repercusión nacional e internacional.Y, mientras la Generalitat quitó fondos a un evento para organizar uno nuevo, el Ayuntamiento observaba atónico cómo la ciudad de Barcelona perdía a la moda como herramienta de márketing y Madrid se convertía, al fin, en la cita de referencia en España. Hace dos años, sin embargo, el consistorio barcelonés se unió al sector privado (representado por la Cámara de Comercio de Barcelona) y lideró un movimiento para redirigir la política errática de la Generalitat, pese a ser del mismo color político. De todos modos, ha sido necesario que la feria berlinesa Bread & Butter anuncie su retirada de la capital catalana para que el Ayuntamiento reaccione. Su respuesta ha sido la organización de una feria sustituta de la mano de Fira de Barcelona (llamada The Brandery) y la firma de un acuerdo de colaboración con la Generalitat. Habrá que esperar al estreno de la feria el próximo julio para ver si la capital catalana vuelve a tomar fuerza o cede, definitivamente, en el pulso con Madrid.
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