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23 May 202223:04

Tirando del hilo: la trazabilidad en el sector textil

Tirando del hilo; La trazabilidad en el sector textil

 

 

Se habla mucho de la trazabilidad en el sector textil y especialmente en la moda. Es tan sencillo como tirar del hilo de una chaqueta de lana para hacer la ruta inversa, tienda, acabado de la prenda, confección, tintura, tejeduría, hilo, fibra y el origen de la oveja, sin una verídica trazabilidad no existe la sostenibilidad e inevitablemente sin conocer todas las casuísticas sociales y ambientales de toda la cadena topamos con el manido greenwashing.

¿Sencillo? ¿Complejo?

 

Con cariño y trabajo todo se consigue. Los industriales textiles miman esta trazabilidad desde siempre, no por sostenibilidad ambiental ni social, sino por calidad. Lógica pura y dura al servicio de los requerimientos más exigentes: no puedes hilar una fibra que desconoces, no puedes tejer unos hilos sin saber cuáles son sus características de resistencia, tensión, etc.; no puedes tintar un producto sino sabes la naturaleza de esa fibra porque incluso de la misma materia prima hay desviaciones, por ejemplo; no todos los algodones son igual. No se puede trabajar sino se tiene claro qué tienes entre manos.

 

Por lo tanto, desde siempre, la trazabilidad en la fabricación es exhaustiva por motivos de calidad del producto. Si aparecen problemas en la producción, es necesario conocer qué ha pasado por lo que, cuidar la trazabilidad es fundamental. ¿La he “liado” yo o ha sido el proveedor, fabricante o cliente que me proporciona la materia prima? ¿Importante? Muchísimo, incluso para temas legales: Reach, códigos internacionales, origen, atributos y si aparecen vicisitudes, hay que saber desenredar la madeja para saber: cómo, quién y porqué, etc. Empírica pura.

 

 

¿Entonces cuál es el problema con la trazabilidad? El problema reside en la falta de estructura. La trazabilidad se pierde en las estrecheces de los organigramas y en las relaciones fugaces y rápidas entre compras y ventas sobre todo en lo que a moda se refiere, esta estrechez en los últimos años se está ensanchando y cada vez existen más exigencias (legales y de inversores) e inversiones para conocer todos los fabricantes y el origen de la materia prima.

 

Os propongo algunas recetas básicas: desarrollar estándar de producto que implique control de trazabilidad, tener métodos y alcances bien definidos, equipos de trazabilidad, compromisos de equipos internos y proveedores, verificaciones internas o externas y lo más importante, división de poderes: el control de la cadena de suministro y compras deben estar al mismo nivel y tienen que ser independientes.

 

En la actualidad, la trazabilidad también necesita micro encapsular este hilo con indicadores que muestren atributos de sostenibilidad, para que el cliente final sepa qué está comprando. De esta manera, el consumidor puede ser consciente de elementos clave como: la descarbonización, el uso de recursos, la situación social de los que trabajaron en esa prenda y saber a quién está empoderando con su capital para poder entrelazar el consumo responsable.

 

 

En un futuro, se espera que esta información sea obligatoria por ley, la Consumer Agenda de la UE apretará y en paralelo necesitaremos otras legislaciones de diferentes países, y ello impulsará: Industria 4.0 y big data, sistemas de control, metodologías armonizadas y robustas, separación de poderes en compras y control, cuantificación y cualificación y finalmente, un etiquetado normativizado que nos libre de una vez por todas del greenwashing, etc.

 

Los industriales ya van un paso por delante de las marcas en este control exhaustivo de la trazabilidad. Organizaciones como Textile Exchange, llevan años haciendo este encaje de bolillos. Las marcas que se lo toman en serio mapean ya sus cadenas de suministro y la trazabilidad es la base del control.

 

Existen también trazadores (productos químicos, verificación de ADN, etc.) que se entremezclan con tecnología, por citar un caso patrio: el caso del Centro Algodonero Nacional que trazó fibras junto con Tailorlux y Tejidos Royo, tokenizada con blockchain a través de IntegriTEX. De la fibra a la prenda, ese es el futuro.

 

Personalmente, pienso que la trazabilidad es el eslabón perdido para que el consumidor recupere cultura textil; no la de saber combinar colores y tendencias, sino la de saber la historia de la prenda, su proceso, los impactos ambientales y sociales relacionados con la producción, el trabajo que hay detrás de una prenda y, sobre todo, les permite saber en qué inviertes cada vez que compras una prenda.  

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