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12 Dic 201717:01

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‘Wearables’, una promesa en ‘shock’ por la reticencia de la industria textil

19 Ene 2015 — 04:35
S. Riera
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Cuando Marty McFly viajó en 2015 en Regreso al futuro pocos hubieran imaginado que algunos de los artículos que se veían en la película llegarían a ser una realidad. En pleno boom de los wearables, es decir, de ropa o complementos que incorporan tecnología, Nike se prepara para replicar las zapatillas ajustables de Marty McFly. Apple intenta colarse también en este negocio con su Apple Watch, mientras Google acaba de cancelar el lanzamiento de sus Google Glass. Sin embargo, la industria de la moda no ve llegar, todavía, la aplicación de la tecnología, en gran parte por la reticencia de la industria al desarrollo de productos innovadores, que todavía ven como ciencia ficción.

 

Se calcula que las ventas de prendas y accesorios de moda inteligentes superaron en 2014 los 52 millones de unidades vendidas, un 32% más que en el año anterior. El de los wearables es un negocio que además está despertando el interés de los inversores. A principios de mes, la francesa Cityzen Sciences, especializada en la producción de tejidos que incorporan sensores de actividad, estimaba captar hasta cien millones de euros a lo largo de 2015 para crecer. Por ahora, la compañía gala ya ha llegado a un acuerdo con la empresa de moda deportiva Asics.

 

Sin embargo, el negocio de los wearables no crece al ritmo esperado.  “El cuello de botella de este negocio es el valor que seamos capaces de crear en aplicaciones de referencia”, señala el director de márketing de Cetemmsa, Mero Aymà. “Es importante que el consumidor sea capaz de pagar un plus por la prenda porque sabe que le va a ser útil”, subraya.  En este sentido, Aymà observa que los wearables tienen oportunidades en segmentos como la salud, el ocio y el deporte. Por otro lado, Aymà considera que “otro cuello de botella” para el desarrollo de los wearables es que los diseños sean escalables, que la industria pueda asumir su producción.

 

Pero la industria textil está lejos de dar respuesta. En España, la Confederación Industrial del Textil (Texfor) justo ahora ha empezado a apostar por la innovación. Uno de los primeros objetivos que se ha marcado la patronal  es el de conocer el grado de innovación de las empresas españolas del sector y el interés que tienen en ello. “La mayor parte de las empresas son industrias tradicionales y son muy pocas las que están apostando por la innovación”, explica la responsable de Innovación y Proyectos Europeos de Texfor, Mónica Olmos.

 

Hasta ahora, la innovación en la industria textil se orientaba al campo de los textiles técnicos. A través de la innovación, las empresas del sector buscaron ir más allá del negocio de la moda para adentrarse en segmentos de mayor valor añadido. Sin embargo, Olmos considera que, sea innovación en moda o en otros ámbitos, el concepto está mal entendido.

 

“El problema de la innovación, lo que echa atrás a las empresas a invertir, es que se cree que implica grandes cantidades de inversión y recursos en investigación y desarrollo de productos”, señala la experta. “Muchas veces, la innovación consiste simplemente en cambiar de perspectiva”, argumenta.

 

Olmos considera que, por ahora, sólo las empresas de grandes dimensiones y con recursos son las que se están interesando por la innovación en la industria textil orientada a la moda. “No todas las empresas están en disposición de poner en marcha proyectos innovadores, pero sí es cierto que el mercado de los wearables será un mercado que traerá grandes oportunidades de crecimiento para este sector”, asegura.

 

Los hard wearables se imponen

 

Por ahora, el mercado de consumo tan solo ha acogido los hard wearables, la tecnología aplicada a los accesorios, como relojes, gafas, pulseras o incluso diademas. Es en este campo donde más están invirtiendo las grandes tecnológicas. Intel está trabajando con Luxottica para el desarrollo de sus propias gafas inteligentes; LG, Sony, Samsung o la china Xiaomi son algunas de las compañías tecnológicas que trabajan en relojes inteligentes; del mismo modo que lo intentan otras empresas del mismo sector, como Tag Heuer. Por su parte, también hay prototipos que proceden del universo financiero, como el de Barcklays, que elabora una pulsera para realizar pagos.

 

“Por ahora, el wearable tiene poco peso en el negocio textil”, subraya el experto. Los soft wearables, la tecnología aplicada a la ropa, “todavía están en una fase de desarrollo muy incipiente”, señala Aymà. Sin embargo, el experto señala que serán precisamente los wearables los que revolucionarán el negocio de la indumentaria. Por ahora, los primeros desarrollos comercializables  que se han realizado en este campo han sido para aplicaciones en seguridad (tejidos lumínicos), en sanidad y en el deporte. Aymà es de la opinión que, en el campo de la moda, las innovaciones todavía se resistirán.

 

En el campo de los soft wearables, Ralph Lauren lanzó a mediados de 2014 la nueva línea Polo Tech, formada por camisetas con sensores capaces de recoger información biológica y psicológica de un deportista para analizar su rendimiento. Una de las últimas innovaciones la ha lanzado el fabricante de nylon Nilit, que ha elaborado un hilo capaz de regular la circulación sanguínea, el calor corporal y la resistencia física mientras se practica un deporte. Cetemmsa, por su parte, desarrolló una camiseta para embarazadas que protege al bebé de las ondas que emiten los dispositivos móviles.

 

Para el vestir diario, algunas de las innovaciones disponibles en el mercado son la smartjacket de Marella, o una americana que no se arruga y que puede lavarse en la lavadora; una línea de camisas de Rushmore, que no necesitan plancharse. Sin embargo, los ejemplos son pocos. Según Aymà, “las empresas de moda deben contemplar el negocio de los wearables desde otro punto de vista”. “El modelo de negocio de los wearables es diferente de la moda, no es un modelo de hacer camisetas a diez euros”, señala.

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