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21 Jul 201819:43

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De Paack a Shargo: las ‘start ups’ a la carrera por la conquista de la última milla

La flexibilidad horaria, la inmediatez y la geolocalización son las claves de estas start ups de la mensajería instantánea.

10 Oct 2016 — 04:49
Iria P. Gestal/A. Pijuán
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De Paack a Shargo: las ‘start ups’ a la carrera por la conquista la última milla

 

 

El nuevo bolso de Michael Kors, el libro que buscaba, un regalo para su padre. Cualquier producto, en cualquier lugar, y a cualquier hora. La nueva era tecnológica ha abierto un abanico de nuevas posibilidades en el que las empresas de mensajería como Paack, Shargo o Glovo compiten por superar la última milla y llegar los primeros a su meta: la puerta del cliente.  

 

El negocio del comercio electrónico en España alcanzó los 5.309 millones de euros en el último trimestre y mantiene un crecimiento de doble dígito desde 2010, según los últimos datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). Ante un negocio de tal magnitud, la logística constituye un factor clave.

 

En un contexto en el que el consumidor lo quiere todo en el menor tiempo posible, la flexibilidad horaria, la rapidez extrema, la geolocalización y tempos que se reducen a menos de sesenta minutos son las nuevas claves de la mensajería instantánea.

 

 

En la batalla por dominar la última milla y erigirse como los campeones del same hour, algunos emprendedores españoles han vislumbrado la oportunidad y han puesto en marcha en los últimos años compañías especializadas en este servicio. Entre ellos destaca Paack, fundada en Dubái en enero de 2015 por Fernando Benito, Víctor Obrador y Xavier Rosales y que cuenta con un equipo con trayectoria en empresas como DHL, Correos, eMarkers, Nacex y ASM.

 

Paack aterrizó en España el pasado diciembre, cuando cerró un acuerdo con El Corte Inglés para el lanzamiento de un servicio de entrega en 2 horas para sus pedidos online. La tecnológica asegura el envío de los pedidos en menos de dos horas, y permite realizar un seguimiento real del transportista. “Paack fue pionera en la entrega en dos horas en España tanto con El Corte Inglés como con Media Markt”, explica Jaume Hugas, profesor de Esade.

 

Cuando Paack recibe una orden de pedido, su sistema de gestión genera automáticamente las rutas más cercanas al punto de recogida. Acto seguido, uno de sus conductores asociados confirma la ruta y gestiona la recogida y la entrega del producto. El cliente tiene la opción de escoger cuando recibe el paquete: a la hora prevista o en el menor tiempo posible; y mientras puede realizar el seguimiento en tiempo real de su transportista asociado. El servicio ya está disponible en cincuenta ciudades españolas.

 

 

Por otro lado, la compañía ofrece a sus clientes, entre los que además de El Corte Inglés destacan Media Markt, L’Oréal, El Ganso o Decathlon, la opción de gestionar su propio stock y controlar de qué centros logísticos o tiendas salen los productos para garantizar la inmediatez del servicio. “Para poder entregar en minutos y no en días en diferentes ciudades necesitas tener el stock cerca del punto de entrega”, apunta Fernando Benito, consejero delegado de Paack.

 

Este servicio se transforma en una ventaja competitiva dado que “esto no era posible hace dos años porque apenas ningún retailer tenía las tecnologías necesarias para controlar el stock de su tienda en tiempo real”, apunta Benito.

 

Además de Paack, otras start ups se han sumado a la competición por completar la última milla con el menor tiempo posible. Entre ellas se encuentra Shargo, fundada también a finales de 2015 con la ayuda de profesionales de Privalia, y dirigida por Pau Castillo, procedente del sector de la consultoría y de la banca. Su equipo directivo lo forman desde abogados hasta desarrolladores, y juntos han impulsado un negocio de mensajería exprés que abandera la entrega same hour.

 

Castillo afirma que el sistema de las compañías de mensajería tradicionales “es muy arcaico”. El consejero delegado de Shargo afirma que estas compañías se topan de lleno con la última milla. “Estas empresas llegan a casa del cliente y, si no lo encuentran, es el cliente el que tiene que ir a buscar el pedido en las oficinas”, explica el directivo. Actualmente, la empresa está presente en Barcelona y Madrid y colabora con compañías como Óptica Universitaria, Brava Fabrics o Nostrum.

 

Por otro lado, otras de las empresas que se han sumado a la batalla contra el tiempo son Glovo o Instapack. A diferencia de Paack y Shargo, que basan su modelo de negocio en colaboraciones con las empresas de retail, Glovo ha dado inicio a sus servicios contactando directamente con el cliente. Las start up ofrece un catálogo de productos a través de su aplicación móvil en el que el cliente puede escoger lo que desea y recibirlo en casa en menos de una hora. “Glovo es un modelo basado en la economía colaborativa que funciona como un marketplace”, explica el profesor de Esade. Además, con Glovo el cliente puede pedir a los transportistas que envíen un paquete de un domicilio a otro.

 

 

“La gran ventaja de estas start ups es que permiten una flexibilidad mucho mayor” explica Pablo Foncillas, profesor de Dirección Comercial de IESE Business School. La franja horaria es un concepto que desaparece con la llegada de estas empresas, que son capaces de distribuir cualquier producto a cualquier hora con una tarifa inferior a los ocho euros.

 

Muchas de estas empresas han tomado como referentes a sus homólogos estadounidenses Postmates. La empresa nació en 2011 y en solo cinco años su valor ha ascendido hasta los 600 millones de dólares. En sus próximos planes se encuentra su expansión Europa, con Londres como su primer destino.

 

Con la eclosión de estos nuevos operadores en el ecosistema empresarial, las empresas tradicionales se han puesto manos a la obra en los últimos años para adaptarse al nuevo paradigma tecnológico.

 

 

Empresas como Ara Vinc o Redyser, que cuentan con más de 25 años de trayectoria, han ido mudando de piel y ya ofrecen estos servicios exprés. La catalana Ara Vinc, por ejemplo, nació con el objetivo de facilitar las transacciones entre clientes en un momento en que Internet aún no existía. “Entonces había muchas empresas que no podían cubrir esa necesidad y era un servicio muy demandado, pero con la llegada de la crisis muchos consumidores decidieron priorizar el precio antes que la inmediatez”, apunta Pedro Cabello, director comercial de Ara Vinc.  

 

La empresa catalana, junto a Seur, ha cerrado un acuerdo con Amazon para repartir sus pedidos Prime Now en Barcelona. Cabello afirma que el boom de la mensajería instantánea se produjo dos años atrás, cuando la desconfianza que provocaba comprar por Internet quedó obsoleta.

 

El ejecutivo también incide en el cambio al que se han visto abocados al abrazar la flexibilidad horaria al introducir al consumidor como cliente final, “algo a lo que no estábamos acostumbrados, dado que las empresas mantenían unas franjas horarias fijas”, explica. No obstante, Cabello tiene claro que en un futuro “las empresas tendremos que adaptarnos a ello, no tienen ningún sentido no hacerlo”.

 

 

Otras compañías como Seur, MRW o DHL también abogan por situarse a la cabeza de la competición por la última milla, dado que, como indica el profesor Pablo Foncillas, “muchas empresas de distribución buscan operadores con marca para realizar sus entregas”.

 

De camiones a taquillas

Al margen de la eclosión de empresas de mensajería instantánea que han nacido en los últimos años, otros formatos se han impuesto en el modo en que las compañías de retail distribuyen sus productos.

 

Google, por ejemplo, quiere prescindir de sus transportistas para lanzar su camión autónomo, un vehículo con compartimentos que sólo puede abrir el comprador a través de un código o tarjeta de crédito.

 

Aunque el de Google es sólo un proyecto, compañías como Pudo ofrecen un servicio similar utilizando taquillas en el metro donde el cliente puede recoger sus pedidos online. El mismo camino han seguido los supermercados londinenses Waitrose, que también ha aprovechado el potencial de las estaciones de metro como lugar de paso para instalar taquillas en las que sus clientes, que previamente han realizado la compra por Internet, recojan sus artículos. 

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