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28 Oct 202106:47

Cabosa, el valor de las cosas pequeñas

El valor de lo pequeño impulsó a Valeriano Fuente Cuadrado a crear en 1955 la Casa de los Botones, sin tener más conocimiento del sector textil que el que aprendió en la mercería de sus padres. Fue el germen del grupo industrial Cabosa.

12 Abr 2021 — 04:49
David Ruiz
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Cabosa, el valor de las cosas pequeñas

 

Cuentan que a finales del siglo XIX, el mariscal prusiano y más tarde presidente de Alemania Paul Von Hindenburg era capaz de juzgar a sus soldados por los botones de su chaqueta. Solía decir que “aquellos que se olvidan de lo pequeño, se olvidarán también de lo grande”. El valor de lo pequeño fue, precisamente, lo que impulsó a Valeriano Fuente Cuadrado a crear en 1955 la Casa de los Botones, sin tener más conocimiento del sector textil que el que aprendió en la mercería de sus padres. Su instinto le llevó a poner en marcha un negocio que, sesenta años más tarde, se ha convertido, de la mano de sus cuatro hijos, en una pieza relevante en el engranaje textil internacional.

 

 

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Sin hacer mucho ruido, Cabosa Group, constituido como grupo en 2017 para englobar bajo su paraguas las cuatro empresas del conglomerado, lleva más de medio siglo fabricando botones, primero, luego otras fornituras (hebillas, apliques, cuernos, pins, cierres, alamares, gemelos y tensores) y desde 2011 cremalleras para las principales empresas y firmas del sector de la moda a escala mundial. Los datos confirman que Valeriano no andaba mal encaminado cuando vio una oportunidad en esas pequeñas piezas. En la actualidad, la empresa, que no comunica sus datos de facturación, fabrica cinco millones de botones y cerca de cuatrocientas mil cremalleras al día. 

 

El crecimiento de la compañía, en la que trabajan más de un centenar de personas, ha sido gradual pero constante. “En 2003 nos hicimos con Botones Soroica y con esa adquisición logramos ganar cuota de mercado y eliminar parte de nuestra competencia”, explica Francisco Fuente Mauro, hijo del fundador y actual consejero delegado del grupo. La empresa de las cosas pequeñas se hacía grande a golpe de talonario. Ese proceso culminó seis años más tarde con la compra de la empresa gala Europroduction, con sede en París. Cabosa reconvirtió la fábrica original en oficina comercial y pasó a denominarla Cabosa France.

 

Actualmente, Francia es para la compañía uno de los destinos prioritarios, centrado principalmente en el lujo. La decisión de reconvertir Europroduction en sede obedece al deseo de la compañía de centralizar su fabricación únicamente en sus tres centros de producción en España: una fábrica en Castellón, otra cerca de Madrid y una más en Barcelona.

 

 

 

 

Del botón a la cremallera

Las cremalleras reflejan perfectamente la filosofía que ha impregnado el devenir de la empresa. “No sabíamos nada de cremalleras, pero pensamos que sería una buena oportunidad entrar en este mercado”, recuerda Fuente. El tiempo parece haberles dado la razón: accedieron al mercado, de nuevo a golpe de talonario, comprando Proinla y se hicieron con un trozo del pastel. Hoy, las cremalleras se han convertido en una pieza fundamental de la facturación del grupo a pesar de ser las últimas en llegar a Cabosa. “Hemos observado una curiosa tendencia: cuando baja el consumo de cremalleras sube el de botones y al revés”, cuenta el directivo.

 

La ecuación es sencilla: durante la pandemia ha disminuido la venta de trajes y, por lo tanto, sus botones, pero los chándales y otra ropa informal han multiplicado la exigencia de cremalleras.

 

 

La expansión internacional

La empresa ha ido tejiendo en este medio siglo su presencia internacional. En la actualidad, vende a 21 países a través de una red comercial de agentes o distribuidores, según el caso. En Europa, con Francia a la cabeza, la empresa vende a Portugal, Italia, Bélgica, Rumanía, Bulgaria y Lituania. En el continente americano lo hace en Argentina, Uruguay y México, mientras que su penetración en África es, de momento a través de Marruecos, Túnez y Egipto. Las ventas de Asia se concentran en China continental y Hong Kong, además de India, Bangladesh y Pakistán. 

 

El contexto de la pandemia, que ha llevado a muchos fabricantes a adoptar un nuevo enfoque comercial basado en la proximidad de las cadenas productivas y de suministro, puede tener también sus efectos en la empresa que, sin embargo, se muestra cauta a la hora de prever si tendrá efectos en sus ventas a los países más lejanos. “La pandemia acelerará esa proximidad; sí que prevemos que el circuito local se pueda ver reforzado, pero no sabemos muy bien en qué porcentaje”, aventura Fuente.

 

 

 

 

La pandemia ha obligado a la empresa, como a la mayoría de compañías del sector, a acelerar su proceso de digitalización, prácticamente inexistente antes de la crisis sanitaria. “El ecommerce va a tener más peso que nunca”, confirma Puente. Para cumplir con este objetivo, la compañía actualizó en noviembre de 2020 su plataforma digital y ha implementado dos nuevas tiendas online: un outlet para vender fornituras a volumen y otra de stock service.

 

Economía circular 

Cabosa ha hecho una apuesta decidida por la implementación de un modelo de economía circular en sus procesos y materiales. “Empezamos reciclando papel y madera, pero hemos dado un paso más y ahora reciclamos el poliéster; hemos creado un nuevo material, bautizado como Reeco”, explica Fuente.

 

Además de la innovación en materiales, la empresa ha implantado también el ecodiseño, con la intención de producir bienes que puedan desmontarse, actualizarse o repararse, evitando la producción de residuos innecesarios.

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