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11 Dic 201701:13

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Los quince de Camboya: una nueva era en las reglas del aprovisionamiento global

09 Oct 2015 — 04:52
S. Riera
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La relación entre gigantes de la moda, proveedores y los trabajadores adquiere una nueva dinámica. Inditex, H&M, Primark, Esprit, C&A, Asos o Next son algunos de los quince grandes grupos de moda que participan en la plataforma ACT (siglas de acción, colaboración y transformación), en la que también están representados industriales de Camboya y representantes de los sindicatos, y que tiene como fin alcanzar una negociación colectiva sectorial.

 

A raíz de los disturbios en Camboya por una subida salarial que los sindicatos consideraron insuficiente, varios grupos occidentales de distribución de moda que se aprovisionan en el país llevan presionando al Ejecutivo local para exigir que el salario mínimo se ajuste a los términos de dignidad, es decir, que permita cubrir los gastos de una familia de al menos dos miembros.

 

La negociación por el salario mínimo, que el Ejecutivo comunicó ayer tras un mes de conversaciones, ha sido la punta de lanza de una iniciativa más ambiciosa, que tiene como fin llegar a negociar un convenio colectivo. Este nuevo marco laboral para las relaciones entre los industriales y los trabajadores de la confección en Camboya se debería ajustar a los estándares industriales internacionales y contemplar prácticas de compra responsables.

 

Los convenios sectoriales son herramientas laborales habituales en Europa, pero no en las economías emergentes. A través de la negociación colectiva, estos tres actores quieren establecer un acuerdo conjunto en cuestiones básicas como los salarios y las condiciones laborales, aplicables a toda la industria textil del país. Este tipo de convenios establecen una base común para todas las empresas del sector, que son libres de establecer por su cuenta mejores salarios o condiciones laborales.

 

Por otro lado, la negociación colectiva contribuye a todos los empleados del sector trabajen en las mismas condiciones, independientemente del tamaño de la fábrica o las marcas para las que produce. El pacto incluiría así a todo tipo de trabajadores del sector y permitiría a los grandes operadores internacionales garantías de que su aprovisionamiento cumple con los estándares laborales globales.

 

Las otras empresas que participan en esta iniciativa son Arcadia, N Brown Group, Tesco, Pentland, Debenhams, Topshop, Tchibo y New Look. Es la primera vez en la historia de la industria de la moda que se produce un pacto de estas características.

 

Del Rana Plaza en Bangladesh a los disturbios en Camboya

 

El derrumbe del Rana Plaza supuso un antes y un después en el vínculo entre los grandes operadores internacionales y sus proveedores en Bangladesh. En un hecho sin precedentes, casi 200 grupos internacionales de moda se han unido por primera vez para mejorar la seguridad de las fábricas del país.

 

Pero Rana Plaza también sirvió para dar voz al resto de trabajadores de la industria de la confección de ropa en los países del sudeste asiático. La repercusión internacional que tuvo la tragedia en Bangladesh fue utilizada por los obreros del sector para reivindicar al mundo mejoras salariales.

 

En Camboya, las manifestaciones para reclamar un salario mínimo se intensificaron en 2013 y, finalmente, el Gobierno aprobó una primera alza salarial de hasta 100 dólares mensuales, que entró en vigor en enero de 2014. Los sindicatos consideraron insuficiente la subida del sueldo y convocaron varias manifestaciones y huelgas que concluyeron con la intervención del ejército. En aquellos disturbios hubo cuatro muertos y más de una veintena de heridos. Finalmente, se aprobó una nueva subida salarial hasta 128 dólares.

 

El aumento continuó por debajo de las aspiraciones de los trabajadores, que retomaron las protestas para reivindicar una nueva alza. A finales de 2014, y ante el temor de que regresara la tensión a las calles del país, un grupo de operadores internacionales, entre los cuales estaban Inditex y H&M, hizo llegar una carta al Gobierno de Camboya explicando que estarían dispuestos a asumir una nueva alza salarial en el país.

 

A tenor de aquella primera acción, el Gobierno impulsó una comisión de trabajo para negociar de nuevo el salario mínimo con los empresarios del sector y los trabajadores. Ayer concluyeron las conversaciones con la aprobación de un nuevo mínimo de 140 dólares, que se sitúa todavía por debajo de las pretensiones de los sindicatos, que lo situaron en 160 dólares.

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