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Entorno

La moda de todos: capital público en el textil español

04 Mar 2013 — 04:57
S. Riera
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Bancos y cajas no son las únicas empresas con participación pública en España, donde compañías como Correos, Navantia o Radio Televisión Española siguen estando en manos 100% públicas. Enagás, Red Eléctrica de España o IAG (matriz de Iberia) también tienen una participación pública histórica. Más recientemente, las administraciones catalanas apostaron por entrar en el capital de la aerolínea Spanair, en un proyecto fallido para impulsar la actividad en el Aeropuerto del Prat. El lema de la aerolínea, la de tots (la de todos), subrayaba precisamente su carácter semipúblico. La moda tampoco es ajena al capital público.

 

Caramelo, Kelme o Juana Martín son algunas de las empresas españolas de moda participadas por sus correspondientes gobiernos autonómicos. A lo largo de la última década, las administraciones regionales han entrado en el capital de algunas compañías en dificultades económicas confiando en su futura viabilidad. Galicia, Comunidad Valenciana, Comunidad de Madrid y Andalucía son algunas de las comunidades que más han apostado por su industria de la moda.

 

En Galicia, la Xunta continúa en el capital de Caramelo y Montoto a través del fondo Sodiga, perteneciente a la inversora XesGalicia, participada por el propio Gobierno autonómico y el Instituto Gallego de Promoción Económica (Igape). La Xunta optó por entrar en el capital de ambas empresas para salvarlas del abismo.

 

Caramelo, fundada en 1969, estuvo al borde del cierre en 2009. La expansión internacional que la empresa emprendió en 2003 y la compra de Antonio Pernas la endeudaron hasta el punto que, en 2007, la Xunta intermedió para que entrase en su capital el empresario inmobiliario Manuel Jove. Un año después, las familias fundadoras abandonaron la compañía, cuyo accionariado quedó en manos del gobierno autonómico, en un 7,5%, y, el resto, en Inveravante, hólding inversor de Jove.

 

En 2011, la Xunta también entró en el capital de Géneros de Punto Montoto e intermedió para vender la marca al empresario Florentino Cacheda (propietario de Florentino), una operación que no prosperó. Al final, la marca Montoto fue comprada por la compañía gallega Textiles Rosalía de Castro (Texrocas).

 

La Comunidad Valenciana también está detrás de algunas compañías, como las valencianas Kelme y Edbe o El Secreto del Mar, a través del fondo de capital riesgo Tirant, participado por el Instituto Valenciano de Finanzas (IVF) y varias entidades financieras. En el caso de Kelme, Tirant compró la empresa en 2008 tras una operación de refinanciación de la deuda, que ascendía a veinte millones de euros.

 

En cuanto a Edbe, especializada en moda nupcial y fiesta, Tirant entró en su capital con una inversión de 2,1 millones de euros, también en 2008. Por aquel entonces, la empresa facturaba diez millones de euros anuales y contaba con un plan de expansión internacional. Por último, el fondo valenciano Tirant tomó una participación en El Secreto del Mar, empresa propiedad de la enseña El Niño, a pesar de ser gallega.

 

Por otro lado, el IVF intentó salvar a empresas como Ferry’s o Marie Claire. En el caso de Ferry’s, acabó cerrando en 2007, aunque dos años después, un matrimonio de ex empleados de la compañía, Virtudes Arnau y Modesto Martín, adquirieron y relanzaron la marca cuando fue subastada. Marie Claire, por su parte, logró sobrevivir tras recibir en 2009 un aval de dos millones de euros por parte de la Generalitat valenciana y la Diputación de Castellón.

 

En Andalucía, Invercaria, la empresa pública de inversión y gestión de capital riesgo, está en el capital de Juana Martín y Mala Mujer, además de mantener créditos participativos con Cholodesign, Fraktura, Gloria Bendita y Sizemenow. El fondo andaluz entró en Juana Martín en 2006 con 120.000 euros y el propósito de darle un impulso estratégico. La diseñadora cordobesa ha alcanzado popularidad al desfilar durante los últimos años en la Pasarela Cibeles. 

 

El fracaso de Capital Riesgo Madrid

El cierre de Elio Berhanyer fue la última confirmación del fracaso de los planes la compañía inversora AB Diseño y Moda, liderada por Artesanos Camiseros, Capital Riesgo Madrid (Caja Madrid) e Inicap (un fondo de capital riesgo de la Comunidad de Madrid). AB Diseño y Moda se creó en 2008 con el objetivo de convertirse en un conglomerado de firmas nacionales y, además de comprar Berhanyer, se hizo también con Miguel Palacio y Javier Larrainzar.

 

Grupo Nupcial Novissima, participado por Capital Riesgo Madrid (CRM) y Moisés Anselem, primer ejecutivo de la marca de moda nupcial Novissima, tenía la misma vocación que AB Diseño y Moda: convertirse en un grupo de gestión de marcas españolas, pero enfocado al sector nupcial y de fiesta y mediante licencias. Grupo Nupcial Novissima también fracasó en su intento y fue liquidado. Grupo Nupcial Novissima era propietario de las licencias de Charo Peres, Javier Larraínzar, Elio Berhanyer, Petro Valverde, Agatha Ruiz de la Prada, Devota & Lomba y Duyos.

 

Otro de los fracasos sonados del capital riesgo público fue el fondo de moda Brand Capital Made in Spain, anunciado a bombo y platillo en 2008, con presencia incluso de la entonces presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. Detrás del fondo estaba la gestora de capital riesgo del Instituto de Apoyo a la Mediana Empresa (Iame), perteneciente al Gobierno autonómico, que cesó sus operaciones en 2009.

 

El objetivo de Brand Capital Made in Spain era repetir en España la estructura de los gigantes del lujo, como LVMH, PPR o Richemont. De hecho, se anunció que la inversora había cerrado su entrada en las sociedades de los diseñadores Josep Font y Juanjo Oliva, así como en el club de trajes masculinos Croones, la cadena de bisutería Trans & Soul y la red de tiendas de textil para el hogar Life & Colors. Pero ninguno de estos proyectos se hizo realidad. 

 

La caída del textil catalán

En Cataluña, uno de los cierres más sonados de la crisis del textil fue el de Fibracolor, participada por Inditex y, en un 26%, por el hólding de participaciones industriales de la Generalitat, Eplicsa. En 2008, la compañía especializada en acabados textiles cesó su actividad. Eplicsa entró en el capital de la empresa en 1991 y el grupo gallego lo hizo diez años después. En 2005, ambos accionistas mostraron su intención de abandonar la compañía, que arrastraba pérdidas desde hacía cuatro años, aunque continuaron dándole apoyo tres ejercicios más.

 

En los noventa, fueron varias las empresas del textil catalán que contaron con el apoyo de Eplicsa. Fue el caso del fabricante de maquinaria textil Jumberca, las hilaturas Serra Feliu y Fibras Hiladas Esteva. En esta última década, el fondo industrial catalán entró en Bagà Industrial y Multicolor Textil. Todas ellas cerraron.

 

La también catalana Dogi ha recibido en los últimos años varias inyecciones por parte del Instituto Catalán de Finanzas (ICF), perteneciente a la Generalitat catalana. De prosperar los planes de la compañía para captar a un inversor, Avançsa (antigua Eplicsa) podría tomar este año una participación en la textil.

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