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El ‘tsunami laboral’ que empezó en Bangladesh arrasa todo el sudeste asiático

27 May 2014 — 04:50
S. Riera
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La falta de abastecimiento pesa sobre los grupos de moda como una espada de Damocles. Los disturbios han ido sucediéndose en los distintos países del sudeste asiático por distintos motivos, ya sean estrictamente laborales o derivados de la inestabilidad política, poniendo en jaque el aprovisionamiento. Desde las protestas a raíz de la tragedia del Rana Plaza, la crispación entre los trabajadores del textil en la región se ha avivado.

 

Los obreros del textil de Bangladesh, Camboya e Indonesia han protagonizado manifestaciones desde antes del hundimiento del edificio Rana Plaza, en abril de 2013. Pero por la magnitud de la tragedia bengalí, en la que fallecieron más de un millar de personas, las protestas en estos países han ganado seguidores y, en ocasiones, se han vuelto más violentas. El episodio del Rana Plaza supuso un antes y un después en los trabajadores de la confección del sudeste asiático porque, por primera vez, han logrado captar la atención de los medios de comunicación internacionales.

 

Las protestas de Bangladesh para reclamar mejoras en los puestos de trabajo se han ido extendiendo a los países vecinos de Camboya e Indonesia. En los últimos meses, los actos más violentos se han vivido en Camboya. El país asiático empezó el año con un duro enfrentamiento entre manifestantes y policía, en el que fallecieron cinco civiles, por un incremento salarial. Después de aquellos incidentes, se sucedieron unos meses de paz tensa, hasta que en abril, los sindicatos convocaron una huelga que duró diez días y que concluyó con altercados durante la celebración del 1 de mayo.

 

Los obreros de Indonesia reclaman también un salario digno. Los trabajadores del país exigen al Gobierno un aumento del 30% del salario mínimo y el acceso a la seguridad social. En varias ocasiones, los sindicatos han amenazado con paralizar la actividad para exigir sus demandas. El pasado febrero, unos 30.000 trabajadores se manifestaron en Jakarta para reclamar el aumento salarial y el seguro médico universal.

 

En China, gigantes del calzado deportivo como Adidas o Nike vieron peligrar su aprovisionamiento de zapatillas después de una larguísima huelga de los más 10.000 empleados de las plantas que la compañía Yue Yuen Industrial tiene en las localidades de Dongguan y Jiangxi. Diez días después del parón productivo, el Gobierno de Pekín tuvo que intermediar para que la empresa accediese a las demandas de los trabajadores, que reclamaban pagos atrasados a la seguridad social y al fondo de vivienda. La intervención del Ejecutivo chino se produjo después de que Adidas amenazase con trasladar pedidos a otros proveedores de la zona.

 

Vietnam protagonizó la semana pasada una dura oleada de ataques contra intereses chinos en el país. Los planes de China de establecer una plataforma petrolífera en las inmediaciones de las islas Paracelso, una zona que reivindica como suya el Gobierno vietnamita, desataron una serie de ataques a empresas de propiedad china, entre las cuales, fábricas de confección. Li&Fung se vio obligado a paralizar su actividad en el país hasta que se calmaron los ánimos. El Ejecutivo chino se vio obligado a enviar cinco barcos a Vietnam el pasado 18 de mayo para acelerar la evacuación de sus ciudadanos.

 

La inestabilidad política se ha multiplicado en Tailandia después de que el ejército del país diera la semana pasada un golpe de estado y decretara el estado marcial. Las fuerzas de seguridad tomaron el control del país tras meses de protestas antigubernamentales. Desde el pasado noviembre, han muerto un total de 28 personas en las protestas en Bangkok que reclamaban reformas y cambios en el Gobierno. La comunidad internacional se ha mostrado preocupada por el golpe de estados. Los gobiernos francés, británico, japonés o estadounidense ya han condenado la actuación del ejército tailandés.

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