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08 Abr 202023:46

El futuro económico de China y las repercusiones para la empresa

08 Ene 2013 — 04:48
Tribuna: Amadeu Jensana
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Recientemente, durante el XVIII Congreso del Partido Comunista Chino, se anunció el esperado relevo generacional de la cúpula del partido, de forma que Xi Jinping sustituye a Hu Jintao como secretario general del partido y máximo responsable del país.

 

Este relevo se produce, además, en un momento complicado para China, debido al menor crecimiento económico que ha experimentado durante el primer semestre del año (7,8%), y al deterioro de las perspectivas económicas del gigante asiático para 2012.

 

Las causas de esta ralentización son dobles. Por un lado, la caída de las exportaciones es uno de los aspectos obvios ante la situación de crisis que está viviendo el mundo occidental. Por otro, estamos asistiendo también a una situación de sobrecapacidad productiva en algunos sectores, y el consumo interno tampoco está despegando con toda la fuerza que se esperaba, especialmente teniendo en cuenta que en ciertos sectores como el automovilístico los aumentos de producción y ventas han estado por encima del  30% anual durante los últimos años.

 

Ante este contexto, cabe lógicamente hacerse dos preguntas que intentaremos contestar a lo largo de este artículo. La primera consiste en saber si el reciente cambio político conllevará nuevos cambios económicos en China, de forma que haya un cambio de rumbo en los planteamientos sobre el futuro del país. La segunda es qué va a pasar con la economía China, especialmente teniendo en cuenta que el país ha sido uno de los principales motores económicos del mundo desde hace algunos años, junto con otras economías llamadas “emergentes” (y que en muchos casos ya han emergido hace años, como pasa con China).

 

Por lo que respecta a la primera pregunta, creo que puede responderse a través de una mirada a los últimos 35 años de reforma económica, iniciada por Deng Xiaoping en el año 1978. Efectivamente, si analizamos la política económica de todos estos años llegaremos a la conclusión de que el grado de improvisación y de cambio ha sido muy bajo, de forma que la transformación ha sido lenta, gradual y, lo que es más importante, estaba programada de antemano. Así, China empezó su política de liberalización abriendo su mercado a empresas extranjeras en determinadas zonas económicas especiales, para gradualmente ir ampliando dichas zonas. También se ha modificado el marco legal al que se debían someter las empresas extranjeras. De esta forma, al principio solo se permitía el acceso al mercado a través de empresas mixtas, mientras en la actualidad, en la mayoría de sectores, se permite la entrada de proyectos con un 100% de capital extranjero.

 

Asimismo, sectorialmente se potenció primero la entrada de empresas foráneas en sectores de bajó valor añadido, pero en la actualidad más del 50% de las exportaciones chinas se concentran en sectores punteros en tecnología, como es el hardware para telecomunicaciones.

 

Por tanto, si bien en muchas ocasiones se ha aplicado el sistema de prueba y error, lo cierto es que una parte importante de la economía China sigue dirigida, y el grado de desviación en los objetivos es mínimo. En este sentido, vemos cómo instrumentos como los planes quinquenales que se siguen publicando son un factor de tremenda importancia a la hora de conocer el rumbo que va a tomar la economía. Asimismo, los sucesivos cambios políticos no han afectado al desarrollo de la economía, y no pocos expertos afirman que esta línea continuidad es una de las grandes fortalezas del país.

 

Por tanto, es más lógico acudir al último plan quinquenal (el XII) para intuir por dónde irán los cambios económicos en el país.

 

El primero de estos cambios está relacionado con el modelo económico, que de forma progresiva va a depender cada vez más del consumo interno y menos de las exportaciones. En este sentido, durante pasadas décadas una parte importante del crecimiento de China estaba basado en sueldos bajos, producción de grandes volúmenes y exportación de productos subcontratados por empresas extranjeras. Pero este modelo está topando con algunos límites, como son el deterioro medioambiental, la sobrecapacidad productiva, el bajo beneficio por unidad y el aumento de los salarios.

 

 En especial este último aspecto está cambiando bastante el panorama, puesto que durante los últimos años los aumentos salariales en China para las empresas extranjeras han estado en torno al 20% o incluso al 30% en algunas zonas. En este sentido, no tiene que extrañarnos que la parte más baja de producción textil se esté trasladando hacia países de la ASEAN o Bangladesh, con menores costes de mano de obra.

 

Un segundo aspecto relacionado con el anterior es la apuesta tecnológica, que ha llevado a China a ser el primer país del mundo en número de solicitud de patentes durante el año 2011, superando a Estados Unidos y Japón. China es ya, por tanto, una potencia tecnológica de primer nivel y un importante competidor no ya en productos de bajo coste, sino principalmente en productos de alta tecnología.

 

Un tercer aspecto a destacar es la distribución más equitativa del crecimiento, que en los próximos años se va a desplazar a zonas del centro, oeste y norte. Así,  provincias como Mongolia Interior están superando en tasas de crecimiento a zonas como Shanghai o Gunagdong, en un intento de equilibrar el crecimiento que en años anteriores ha estado concentrado en determinadas áreas costeras ya saturadas.

 

Por último, todos estos factores van a llevar a China a crecer a través de su mercado interno, sustituyendo el patrón tradicional de crecimiento a base de inversión y exportaciones. Por supuesto, todo este cambio no va a tener lugar de inmediato, pero ya hay muchos signos de la significativa transformación que está experimentando el país.

 

Con respecto a la segunda pregunta, que recordemos consistía en la capacidad de China de seguir creciendo durante los próximos años, la respuesta en mi opinión es positiva, por diversas razones. La primera es que un crecimiento en torno al 7-8% es, dentro del escenario económico actual, algo nada desdeñable y más sostenible a largo plazo, especialmente si se logra un mayor equilibrio en todos los sentidos. En definitiva, habríamos pasado de una fase de crecimiento muy elevado a otra de consolidación.

 

La segunda es que el cuadro macroeconómico de China es, por regla general, muy positivo. La deuda pública y privada es muy pequeña, las reservas en divisas enormes, el mercado potencial por explotar muy grande y, en este contexto el gobierno dispone de grandes recursos para hacer frente a cualquier problema a través de la aplicación de políticas fiscales, de crédito, o de otro tipo.

 

Si traducimos todo esto al mundo empresarial, las conclusiones que obtenemos son también bastante claras: China va a ser, cada vez más, un lugar menos interesante para deslocalizar producción con el objetivo de re-exportar, pero a su vez será un destino más atractivo para la venta de productos extranjeros con diseño, marca  y calidad.

 

 

Amadeu Jensana es director de programas económicos y cooperación de Casa Asia 

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