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23 Sep 201705:41

Entorno

De Prato a Cholet: ‘Made in Europe’ a precio de ‘Made in China’

25 Jun 2013 — 04:41
S. Riera
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China ha instalado en Europa su peculiar forma de trabajar. Con discreción y sin apenas hacer ruido, los empresarios chinos se han hecho un hueco en los clústers textiles europeos con sistemas de trabajo que, en ocasiones, rozan, e incluso llegan a trasgredir, lo legal. La localidad italiana de Prato es ejemplo de ello, como también lo son el distrito de Carabanchel en Madrid o las localidades catalanas de Badalona y Mataró. La actividad textil que perdura en la región francesa de Cholet o en el norte de Portugal, en cambio, sigue en manos de empresarios locales.

 

La fiscalía de Florencia puso fin el pasado mayo a la investigación preliminar de un caso que relacionaba los talleres chinos de confección en Prato con la mafia italiana. Los hechos se remontan a 2010 e implicaron a casi 290 sospechosos, la mayoría de ellos de nacionalidad china, por presunto blanqueo de dinero.

 

La localidad de Prato, que apenas hace una década todavía era reconocida a nivel mundial como uno de los epicentros de la producción del tejido de punto con sello Made in Italy, se ha transformado en uno de los focos europeos para el aprovisionamiento del fast fashion.

 

La inmigración china, que representa casi un tercio de la población de Prato, ha tomado el control del negocio de la moda en esta localidad de la región de Florencia. Los nuevos empresarios del textil de origen chino controlan centenares de talleres de confección, muchos de ellos ilegales, y almacenes de venta al por mayor.

 

De manera periódica, Prato aparece en la prensa a raíz de las redadas que la policía efectúa en estos talleres y en las que se pone de manifiesto las condiciones infrahumanas en las que trabajan operarios de origen chino, muchos de ellos en situación irregular. Las prendas llevan el sello Made in Italy, pero se producen y se comercializan a precio de Made in China. En Prato, se puede encontrar camisas a tres euros, tejanos a 7,5 euros y vestidos a partir de 6 euros.

No hay datos exactos sobre el volumen de negocio que se mueve en el Chinatown de Prato, porque se sospecha que la mayoría de transacciones se realizan en negro, sin recibo.

 

Ejemplos similares a Prato se encuentran en el barrio de la Estrella, en Carabanchel (Madrid) y en las localidades de Badalona o Mataró, cercanas a Barcelona. En Madrid, el comercio al por mayor de prendas de vestir se concentra en el polígono de Tamames Aguacate, mientras en Barcelona, se reúne en Montigalá, en Barcelona, una de las cunas de la moda pronta en el país.

 

Uno de los segmentos a los que más perjudicó la liberalización del comercio textil internacional en 2005 fue a la moda pronta española, que en pocos años adelgazó su estructura en el país a favor de empresarios de origen chino que importaban grandes volúmenes de mercancía a precios irrisorios. En poco tiempo, las compañías chinas tomaron el control de los polígonos que tradicionalmente habían ocupado las empresas españolas de venta al por mayor.

 

Tal y como ocurre en Prato, son habituales las redadas en Carabanchel y Mataró en talleres ilegales. Una de las mayores operaciones de este tipo se llevó a cabo en la localidad catalana en 2009, cuando se realizaron 72 registros a talleres, pisos y naves industriales, y se detuvo a una veintena de sospechosos.

 

Otros casos: las regiones de Cholet en Francia y norte de Portugal

 La región de Cholet, al norte de París, cuenta desde la década de los sesenta con una fuerte industria de la confección, especializada sobre todo en prendas de moda femenina e infantil. En los últimos veinte años, con la deslocalización de la producción en Europa, la mayor parte de la actividad que se realizaba en la región se trasladó a Asia y, en la actualidad, son empresas que diseñan y comercializan, pero que fabrican en China, Bangladesh, Camboya, el norte de África o la Europa del Este. Se trata de un modelo de negocio que, en Francia, se conoce como co-contratación.

 

Cholet mantiene también cierta actividad industrial, concentrada en pequeños talleres, de entre veinte y ochenta trabajadores, para producciones rápidas y cortas. A diferencia de Prato, Madrid y Barcelona, la confección en Cholet no sólo aprovisiona al fast fashion francés, sino que continúa concentrando el grueso de su negocio en las marcas locales de prêt-à-porter.

 

Un esquema similar se encuentra en el norte de Portugal, cuya actividad perdura en gran parte gracias a su proximidad con Galicia y a unos costes laborales más bajos que los de España. La industria de la confección en Portugal, igual que en Cholet, sigue en manos de empresarios locales.

 

La estructura de la industria de la confección en la zona de Oporto es la de pequeños talleres confeccionistas, aunque los grandes operadores del sector producen en terceros países con costes de producción más bajos. Mientras que en Prato se adquieren prendas ya confeccionadas, tanto en Cholet como en Oporto las grandes marcas de moda proponen o compran diseños. 

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