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De EEUU a Francia y Reino Unido: el auge del 'made in'

25 Nov 2013 — 04:50
C. de Angelis/ C. Pareja
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L’OréalLoeweBalenciagaCusto BarcelonaPrada o DKNY son sólo algunas de los cientos de enseñas que hacen bandera de su ciudad para dar la vuelta al mundo. París, Madrid, Milán, Nueva York o Barcelona son marcas reconocidas a nivel internacional que ayudan a poner en valor a las enseñas a las que acompañan. En los últimos años, el país de fabricación de los productos de cientos de marcas de moda también ha sido una palanca para su posicionamiento tanto en su mercado local como en el ámbito internacional.

 

Mientras empresas como Apple indican en sus productos “Designed by Apple in California”, una tendencia ondea en la moda internacional: el Made in reclama su lugar. Gobiernos, asociaciones empresariales y trabajadores de los países occidentales promueven el valor de la producción local y, aunque todavía reciben la indiferencia de la mayoría de los consumidores, están resueltos a que el lugar de fabricación de una prenda o un complemento cuente a la hora de elegir un producto.

 

Modaes.es inicia hoy una serie especial, patrocinada por Marcelo Vilá, para abordar en profundidad el fenómeno Made in Spain con el objetivo de analizar las cuestiones fundamentales que sobrevuelan esta tendencia. ¿Qué está pasando en los mercados internacionales? ¿Los datos macroeconómicos reflejan ya una reindustrialización en España? ¿Qué pros y qué contras tiene la producción en proximidad? ¿Existe una regulación eficiente? Y, ¿qué opinan sobre ello los consumidores y las empresas?

 

El auge del fenómeno made in en la moda no es ajeno a lo que ocurre en el conjunto de la economía de los países occidentales, donde la crisis financiera iniciada en 2007 con la quiebra de Lehmann Brothers ha dejado un mal retrato de la economía terciaria y 100% especulativa. La industria vuelve a estar en el centro de las políticas económicas de los países occidentales, que buscan un ecosistema económico más sólido.

 

De la mano a menudo de los operadores privados, países como Estados Unidos o Reino Unido, principalmente, ya han puesto en marcha programas para promover la moda patria. Esto se hace mediante la articulación de sistemas de subvenciones públicas, alianzas entre empresas privadas y acciones de promoción. Francia, Italia o España, donde la industria de la moda tiene una larga tradición, también cuentan con mecanismos para promover la producción local, que los gobiernos ven como una oportunidad para la creación de puestos de trabajo y la dinamización económica.

 

 

 

En paralelo, el mapa mundial del aprovisionamiento cambia sus ejes por diversos factores, pero especialmente por el encarecimiento de la producción en países como China. El gigante asiático ha decidido, tras años como fábrica del mundo, mirar a su mercado local y promover profundas reformas económicas que permitan reducir su dependencia de los mercados internacionales.

 

Precios más altos en China, inestabilidad en países como Bangladesh, fluctuaciones en el precio de los transportes por los vaivenes del petróleo e inestabilidad en los precios de las materias primas hacen que una parte del sector busque nuevas alternativas de producción. Además, en el caso de España en particular, la devaluación interna de la economía del país ha reducido los costes de producción: salarios más bajos que antes del inicio de la crisis, disponibilidad de mano de obra, capacidad industria instalada, tradición artesanal y personal cualificado hacen de España un lugar idóneo para la fabricación de determinados productos.

 

Producir en España o en el entorno geográfico más cercano también tiene sus ventajas desde el punto de vista operativo. En un sector en el que el factor tiempo es decisorio, como en el fast fashion, las series cortas en proximidad hacen posible responder con más agilidad a las fluctuaciones de la demanda, la variabilidad del clima o las estrategias de los competidores.

 

 

 

 

El lujo vuelve al lujo

Las dinámicas imperantes en el segmento del lujo también representan un importante impulso para el fenómeno made in. En España y en todo el mundo, las marcas del segmento premium han emprendido procesos de reposicionamiento con los que buscan recuperar, en parte, sus orígenes: calidad, artesanía, durabilidad y exclusividad son los valores tradicionales a los que vuelven a girar la vista. En definitiva, el lujo quiere ser más lujo.

 

En esta transformación, dictada por las demandas de los consumidores y en la que las marcas del segmento medio han sido la grandes perjudicadas, el made in vuelve a jugar un papel fundamental. La tradición artesana de una población española en un producto determinado, la creatividad con el sello de una familia italiana o la exclusividad de los artículos de una casa francesa definen el propio concepto de lujo.

 

El mundo occidental, además de las nuevas superpotencias, ha atravesado unas décadas de bonanza económica y la cultura del nuevo rico ha dominado la escena. En este contexto, el lujo ha tenido fuertes tentaciones de abandonar sus esencias para llegar a un universo mayor de consumidores, con producciones mayores, más industrializadas y no necesariamente 100% locales. Pero, ¿quién hay hoy dispuesto a pagar precios de lujo por productos fabricados a costes asiáticos? Dejando de lado la tecnología de Apple, muy pocos.

 

Más allá del lujo más exquisito, mercados como China demandan marcas europeas o estadounidenses con historia y tradición. No valen, según los expertos, marcas europeas de fabricación asiática para el consumo chino. China demanda made in Europe.

 

 

Slow fashion

Otra promesa, que se intuye más incierta, ahonda en las oportunidades del made in en el largo plazo. Se trata de la tendencia al slow fashion, comportamiento que, según algunos expertos (todavía pocos), tendrán de forma masiva los consumidores de las próximas décadas. Consumo responsable, fabricación en proximidad y productos duraderos son tres de los pilares de este fenómeno.

 

De cuajar el slow fashion, la producción local recuperaría sin duda un lugar casi tan importante como tenía antes de la globalización de los mercados. La preocupación por el impacto medioambiental del hiperconsumo imperante y por los derechos humanos en los países productores del tercer mundo también será, de imponerse, otro aliado para el regreso a la producción local.

 

 

 

 

 

Made in Spain

Protagonista en el discurso patronal oficial, pero también con algunas experiencias tangibles en el ámbito empresarial, el fenómeno del made in y el regreso de la producción en proximidad o incluso en el ámbito local se han convertido en un mar de fondo en la industria española de la moda.

 

Las asociaciones empresariales vinculadas a la industria manufacturera, que quedó malherida por la liberalización del mercado global de los productos textiles en 2005, son los primeros defensores de los valores en torno al made in Spain. Buscan la vinculación de la Administración, la creación de líneas de ayudas públicas y la implicación de las diferentes fases de la cadena de valor de la moda, y propagan una idea: la producción está volviendo a España.

 

Las estadísticas no permiten todavía confirmar esta afirmación, ni tampoco se observa ningún movimiento en este sentido por parte de los líderes del sector, los operadores españoles que mueven más productos de moda por el mundo. Sin embargo, algunas empresas de menor tamaño anuncian su decisión de volver a producir en España tras malas experiencias en puntos de aprovisionamiento en lejanía, mientras algunos clústers productivos locales de alta especialización registran incrementos en la demanda de operadores internacionales.

 

Entre las iniciativas puestas en marcha destaca la negociación impulsada por la Confederación de Empresas de Moda de España, de reciente creación, con el Gobierno para creación de una línea de crédito para impulsar la relocalización textil, que se articularía a través de la sociedad de dinamización de actividad empresarial Sepides, dependiente del Ministerio de Hacienda.

 

En países del entorno europeo, como Italia o Francia, la promoción del made in tiene un origen mucho más lejano y un componente eminentemente privado. En el país transalpino, entidades como la Fundación Altagamma, en el segmento del lujo, y la Camera Nazionale della Moda Italiana (Cnmi), encargada de organizar las pasarelas y otros eventos de promoción de la industria local, son los principales defensores del Made in Italy. En Francia, cuna del prêt-à-porter y la Alta Costura, las entidades más representativas son el Syndicat de Paris de la Mode Féminine y la Féderation Française du Fémenin.

 

 

 

 

Reino Unido

El diseño, junto con el material con el que está producido, es el primer mensaje que recibe un consumidor al ver una prenda. Si, además, ésta está producida en un país que despierta su empatía, el negocio está asegurado.

 

Reino Unido tiene, precisamente, un sello reconocible a escala global. El término british es sinónimo de elegancia y rebeldía, de una ciudad de vanguardia como Londres, y de un país musical, de donde han salido un gran número de cantantes y grupos de éxito mundial. Reino Unido vende sus productos en todo el mundo respaldada por estos activos, que hacen que los consumidores quieran invertir en algo diseñado y producido lo más cerca posible de la capital británica.

 

Dentro de sus políticas de defensa del Made in y la industria del país, Reino Unido pone a sus diseñadores en el centro. El pasado enero, el primer ministro de Reino Unido, David Cameron, se reunió  con los principales representantes del Made in Britain para unir fuerzas en defensa del producto diseñado y fabricado en el país.  Uno de los temas que se trataron en esta mesa redonda fue la recuperación de la actividad textil en las islas británicas.

 

El pasado noviembre el Gobierno británico presentó un plan para la recuperación de la actividad textil. Este proyecto apoyará la apertura de nuevos talleres productivos en Reino Unido, con el objetivo de dar un servicio rápido a la gran distribución. Empresas como Coach o Marks & Spencer mostraron en su día apoyo a esta iniciativa.

 

Operadores privados, como el propio Marks & Spencer, también están dispuestas a colaborar con el made in británico, por lo que ha creado distintas iniciativas apoyando la fabricación en el país. La última, puesta en marcha el pasado octubre, ha consistido en lanzar una línea masculina y femenina, de una calidad y un precio superiores a los de media de la cadena, fabricada 100% en Reino Unido.

 

Esta colección es fruto de un acuerdo de tres años para la promoción del producto británico local firmado con el British Fashion Council. Este organismo, fundado en 1983 por parte de operadores privados, tiene como principal objetivo promover el diseño de moda realizado en Reino Unido en todo el mundo.

 

Otro organismo británico que también recibe el apoyo del Gobierno y de la Unión Europea es el Centre for Fashion Enterprise, una incubadora de empresas de moda con sede en Londres con el objetivo de asegurar la supervivencia del matrimonio compuesto por diseño e industria.

 

 

 

 

Estados Unidos

Ralph Lauren es uno de los mayores representantes de la moda estadounidense. Sus diseños, sus tiendas e incluso el propio diseñador representan al 100% el espíritu americano. Por eso, no hay un mejor embajador del made in EEUU que el propio Ralph Lauren

 

Después de ser criticado por un gran número de profesionales del sector por diseñar los trajes de los deportistas de Estados Unidos para los Juego Olímpicos y externalizar su producción a China, Ralph Lauren ha sido el promotor de uno de los mejores ejemplos de cómo impulsar el made in de un país.

 

En repuesta al plan impulsado por el organismo Council of Fashion Designers of America, en colaboración con el New York City Economic Development, Ralph Lauren ha donado 500.000 dólares  para potenciar la industria manufacturera de Nueva York.

 

El objetivo de la iniciativa es recaudar fondos  y crear subvenciones para ayudar a las fábricas textiles existentes de la ciudad de Nueva York para que actualicen sus instalaciones y puedan ofrecer sus servicios a los diseñadores de la ciudad.

 

El programa busca, además, estrechar las vías de colaboración entre diseñadores e industria mediante la financiación de cuatro líneas de actividad. La primera línea de ayudas está centrada en la inversión en nuevos equipos productivos para los talleres neoyorkinos.

 

En segundo lugar, el programa de ayudas impulsa una mejora de los espacios manufactureros de la ciudad. También se aborda, en tercer término, la contratación de mano de obra para estas industrias. Por último, la iniciativa pone énfasis en la divulgación entre los profesionales del diseño de la existencia de este tipo de talleres en su entorno más cercano.

 

Otros organismos, como la Asociación de Industrias de la moda en Estados Unidos (Usfia), también velan por la industria textil del país. Esta asociación representa a la mayoría de las empresas estadounidenses del sector y tiene como principal objetivo eliminar las barreras arancelarias que dificultan la comercialización libre en otros países de productos elaborados y diseñados en Estados Unidos.

 

Con sede en Wahington, Usfia es la voz de la industria de la moda frente al Gobierno de Estados Unidos. Otro de los objetivos de la asociación es defender el made in de Estados Unidos y servir de vínculo entre diseñadores, proveedores e industriales del país.

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