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27 Oct 202001:23

Crónica de un confinamiento: cómo el coronavirus paralizó la moda cuatro meses

Lo que empezó como una epidemia en una zona al sur de China terminó por romper la cadena de valor de la moda, encerrar a los consumidores en sus casas y cerrar, por primera vez en la historia, todas las tiendas del mundo.

22 Jun 2020 — 04:57
Iria P. Gestal
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Crónica de un confinamiento: cómo el coronavirus paralizó la moda cuatro meses

 

 

 

Todo comenzó como un apunte en la sección de internacional de los medios de comunicación. Una neumonía “grave” y “atípica” se había detectado en la ciudad china de Wuhan, la capital de la provincia de Hubei. Aquella enfermedad desconocida terminó por convertirse en una crisis sanitaria global, que ha sacudido el negocio de la moda a lo largo de toda la cadena de valor, encerrado a todo el planeta en sus casas y puesto al mundo al borde de la mayor crisis económica desde la Gran Depresión.

 

 

 

 

Enero, el mes en que el Covid-19 cerró la fábrica de la moda

El primer caso de coronavirus se registró el 17 de noviembre de 2019 en Wuhan, aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) no notificó que se trataba de un nuevo coronavirus hasta el 7 de enero. El 21 de ese mismo mes, las autoridades chinas confinaron y aislaron la ciudad, de más de once millones de habitantes.

 

La moda, que ya suele anticipar pedidos en esa época por el parón de las festividades del Año Nuevo Chino a finales de mes, no vio la amenaza hasta que la celebración se canceló y las fábricas no volvieron a abrir.

 

Con la campaña de primavera-verano en riesgo por la falta de abastecimiento y la de otoño-invierno amenazada por una subida de precios (Primark advirtió que retrasos prolongados en el abastecimiento podrían llevar a falta de stock a finales de año), los gigantes de la moda comenzaron a mover sus producciones en todo el mundo, sobre todo a países de la cuenca euromediterránea por su rapidez y flexibilidad.

 

A finales de enero, se detectaron los primeros casos fuera de China: el día 27, el nuevo coronavirus llegó a Oriente Próximo; el 29, a España, y el 31 se produjo en Filipinas la primera muerte fuera del gigante asiático. Para la moda, sin embargo, continuaba siendo un problema local.

 

 

 


Febrero, el cierre llega también al retail

Entre las últimas semanas de enero y las primeras de febrero llegó el impacto al retail. Aunque China nunca estuvo confinada al completo, las marcas optaron por cerrar algunas tiendas y operar con horario reducido en otras y algunas empresas comenzaron, tímidamente, a alertar del potencial impacto en sus resultados.

 

El 5 de febrero, Nike, entonces con la mitad de sus tiendas cerradas en el país y el resto con horario reducido, dijo en un comunicado que esperaba “que la situación tenga un impacto material en nuestras operaciones en China”.

 

Capri, dueño de Michael Kors y Jimmy Choo, cifró la pérdida de ventas en 100 millones de dólares; Tapestry, en 250 millones de dólares. Apenas unos días más tarde, Adidas disparó la alerta situando su estimación en mil millones de euros menos de facturación.

 

Otros grandes grupos cotizados emitieron mensajes similares, la mayoría subrayando que confiaban en el potencial a largo plazo del país. Entonces, el coronavirus era todavía un problema local, aunque el peso de los consumidores chinos se extiende más allá de sus fronteras: del travel retail a las ferias. Eventos como la edición china de Ispo, Intertextile Shanghai, Chic Shanghai o Denimsandjeans Japan, en Japón, se cancelaron.

 

En paralelo, los cambios en el aprovisionamiento empezaron a presionar a otros hubs productivos como Turquía o Bangladesh, a quien el pico de pedidos le cogió en la época de premonzón y tensó su capacidad productiva. Otros polos del Sudeste Asiático y Latinoamérica tuvieron un aumento de pedidos pero acusaron la falta de materias primas.

En Europa, Italia dio la primera señal de alerta: tras detectarse los primeros casos en Lombardía y Véneto, el país decidió cerrar los colegios.

 

 

 

 

Marzo, la pandemia llega a Europa y congela el corazón de la moda

A principios de marzo, la actividad manufacturera en China comenzó ya a retomar la normalidad, después de que se contrajera un 2% en febrero, según estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

 

Ahora había de nuevo dónde producir, pero lo que las empresas no calibraban todavía es que no tendrían que fabricar nada porque el golpe estaba a punto de llegar a uno de los mayores mercados de consumo del mundo: Europa.

 

Todo se desencadenó la semana del 11 de marzo. El mismo día en que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el Covid-19 como pandemia, el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, ordenó el cierre de todas las tiendas en el país salvo las de primera necesidad, como farmacias, supermercados y gasolineras.

 

En España, la Comunidad de Madrid, la más afectada del país, anunció el cierre de todos los centros educativos y de tiendas. El sábado 14 de marzo, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, decretó el estado de alarma, una medida excepcional que nunca se había tomado en democracia con toda su dimensión. Todos los españoles quedaron confinados y el comercio cerró sus puertas hasta nuevo aviso . De un día a otro, España estaba desierta.

 

En las semanas siguientes se sumó Francia, Alemania y Reino Unido, que acabó cediendo tras la estrategia inicial de Keep Calm de Boris Johnson. A finales de mes, las medidas llegaron a otros países del mundo: India decretó el mayor confinamiento del mundo, sobre 1.300 millones de personas, y el cierre de toda la actividad no esencial, y algunos estados de Estados Unidos comenzaron a tomar medidas similares.

 

Con los cierres llegaron los expedientes de regulación de empleo (Ertes). En España, el mayor en el sector de la moda fue el de El Corte Inglés, que afectó a 25.900 personas. Le siguen Tendam, que afectó a 7.000 personas, H&M, con 6.000 afectados, y Liwe Española, con 1.900 trabajadores. Sólo Inditex descartó aplicar esta medida y asumir el coste del cierre de tiendas durante todo el estado de alarma.

 

En el aprovisionamiento, a las cancelaciones masivas de pedidos les siguió el cierre de toda la actividad industrial no esencial en polos como India o Bangladesh. Mientras, en España, el Gobierno obligó a las fábricas con capacidad para producir equipos de protección individual (EPIs) y gel hidroalcohólico a ponerse a disposición del Gobierno. La moda respondió a la llamada y más de 300 empresas como Nylstar o Mixer&Pack se ofrecieron al Ministerio de Sanidad. Los gigantes del retail, por su parte, pusieron a disposición su músculo logístico y donaron mascarillas y otros productos.

 

A finales de mes y durante dos semanas, el Gobierno endureció el confinamiento con la suspensión de toda la actividad no esencial en el país. “Es el momento de intensificar la lucha”, aseguró entonces Pedro Sánchez.

 

 

 

 

Abril, un mes en blanco para la economía global

Abril de 2020 pasará a la historia como un mes en blanco. Mientras China comenzaba a abrir, en España seguía prorrogándose el estado de alarma cada quince días y aplanar la curva de contagios se convirtió en el objetivo principal de los estados de todo el planeta. En cada comparecencia, Pedro Sánchez pedía “sacrificio, resistencia y moral de victoria para vencer al virus”.

 

Por su parte, la moda comenzó a poner cifras al impacto. Euratex estimó que la mitad de las compañías del textil y la confección en Europa anticipaban caídas de ingresos de más del 50% en 2020 y las principales patronales del comercio en España cifraron en un 50% las empresas que podrían cerrar por el cierre forzado de tiendas.

 

Las ferias comenzaron a moverse en el calendario, aunque todavía tímidamente, y las empresas europeas y estadounidenses anunciaron planes de contingencia con créditos y recortes de gastos.

 

El punto más crítico y que se convirtió en el centro del debate fueron los alquileres: ¿se ha de pagar por tiendas que están cerradas? Grupos inmobiliarios como Merlin anunciaron condonaciones y retailers como Gap dijeron abiertamente que no pagarían las rentas de abril.

En España, el Gobierno tardó en mediar, aprobando finalmente una moratoria de cuatro meses para locales de grandes tenedores y cuyos inquilinos fueran pymes, aunque no se podía imponer si ya se había llegado a un acuerdo anterior.

 

El 28 de abril, después de permitir salir a pasear a los niños, Pedro Sánchez dio a conocer el plan para salir progresivamente del confinamiento. El plan se estructuraba en cuatro fases. En la fase 0, que comenzaba el 4 de mayo en todo el país, se permitía la apertura con cita previa; en fase 1, la apertura generalizada con aforo limitado al 30%; en fase 2 se sumaban los centros comerciales y en fase 3 se relajaban las limitaciones de aforo y se permitía la reapertura de zonas comunes de los centros comerciales.

 

La polémica llegó por la clasificación del comercio que establecía el Gobierno, que en un primer momento separó “pequeño” comercio de centros comerciales y después, en un primer borrador, permitía la apertura de cualquier tienda a pie de calle antes que los complejos.

 

En Europa, el comercio comenzó a reabrir ya en abril: Alemania permitió que volvieran a operar las tiendas de menos de 800 metros cuadrados e Italia dio luz verde a librerías y comercios de ropa infantil. La reapertura de Estados Unidos y Francia no llegaría hasta mayo y la de Reino Unido, ya en junio.

 

También en abril, el Fondo Monetario Internacional (FMI) puso cifras al impacto económico de la pandemia y le puso nombre a la crisis que está por venir: the Great Lockdown o el Gran Confinamiento. El organismo estimó una caída del Producto Interior Bruto Mundial del 3% en 2020, el mayor desde la Gran Depresión, y un rebote en 2021.

 

 

 

 

Mayo, la moda reabre y surge la polémica de las rebajas

En mayo llegó el momento de hablar de la reapertura. Con el salto a fase 1 de La Graciosa, La Gomera, Formentera y Lanzarote, el Gobierno se vio obligado a concretar cómo debía reabrir el comercio.

 

Finalmente, el Ejecutivo cedió y estableció que en una primera fase podrían abrir las tiendas de menos de 400 metros cuadrados (más tarde permitió también acotar establecimientos mayores a esa superficie) y después los grandes y centros comerciales.

 

El otro foco de debate fueron las rebajas. La Orden Ministerial publicada el 9 de mayo, antes de que gran parte del país entrase en fase 1, escondía una sorpresa en forma de disposición adicional segunda: el Gobierno prohibía las rebajas.

 

Tras declaraciones contradictorias del Ministerio de Comercio, que aseguraba que lo que se restringían eran las aglomeraciones, y Sanidad, que insistió en que las promociones no estaban permitidas, el Gobierno dio marcha atrás y las autorizó.

 

El regreso a las tiendas estuvo, además, marcado por las medidas de seguridad, que todavía se mantienen: distanciamiento social, uso obligatorio de mascarillas y gel hidroalcohólico en cada esquina del local.

 

 

 

 

Junio de 2020, el turno de los grandes y las cifras de Inditex

A principios de junio se completó la reapertura del comercio, aún con limitaciones de aforo, con el salto a la fase 2 de Madrid y Barcelona, lo que permitió que volviera a operar El Corte Inglés al completo y que reabrieran centros comerciales y macrotiendas.

 

Además, Inditex ha sido el primer gran grupo del sector en poner cifras al impacto de la pandemia. La compañía redujo sus ventas un 44% entre febrero y abril y entró en pérdidas. Asimismo, trazó un nuevo plan estratégico que incluía 1.200 cierres brutos hasta 2021.

 

Mientras, el virus continuaba golpeando con dureza a países como India o Bangladesh, y la moda se empieza a plantear un nuevo mapa del aprovisionamiento. Las fábricas están a medio gas por el impacto de la pandemia y el golpe que supuso la cancelación de pedidos, y los gigantes de la moda contemplan, con cautela, otras alternativas.

 

En España, este último fin de semana ha decaído el estado de alarma y gran parte del territorio ha entrado ya en la nueva normalidad, donde se permite de nuevo la movilidad y cada autonomía se encarga de gestionar las medidas de contención.

 

Los meses que vienen por delante están, por ahora, llenos de incertidumbre. El riesgo de un rebrote en octubre y el hecho de que, con toda probabilidad, la vacuna no llegue al menos hasta el próximo año, dejan en suspenso cualquier previsión, pero todos los analistas coinciden en que los próximos meses serán duros. En un foro de la Ceoe, Pablo Isla, presidente de Inditex, aseguró que el impacto será “enorme”; Patricia Botín, de Banco Santander, lo calificó de “el mayor shock en cien años” y Juan Roig, de Mercadona, dijo que la crisis será “muy, muy, muy, muy dura”.

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