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21 Jul 201817:48

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Carlos Pavón (Gaula Abogados): “Las empresas que ahora van a concurso no han sabido adaptarse”

El abogado, experto en derecho concursal, asegura que en la actualidad hay un gran interés por parte de inversores por entrar en compañías en crisis y, en concreto, en el sector de la moda, que cuenta con marcas reconocidas.

08 Nov 2017 — 04:40
S. Riera
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Carlos Pavón (Gaula Abogados): “Las empresas que ahora van a concurso no han sabido adaptarse”

 

 

Carlos Pavón es socio director en Gaula Abogados, un despacho concursal de Madrid especializado en el asesoramiento jurídico para superar escenarios de crisis en las empresas. Pavón está especializado en el ámbito del derecho mercantil y es autor de diferentes ponencias y publicaciones sobre derecho concursal. Pavón considera que los efectos de la crisis ya han pasado y que las empresas que ahora solicitan concurso es porque no han sabido adaptarse al nuevo entorno del sector.

 

 

Pregunta: 2017 ha vuelto a ser un año negro para el sector, ¿son los últimos coletazos de la crisis o es la selección natural del mismo mercado?

Respuesta: Durante la crisis todos los sectores económicos se vieron afectados porque era una crisis financiera. La propia banca trasladó sus crisis a las empresas y a muchas les pilló con el pie cambiado.  Hoy esta situación ha terminado. Ahora, los concursos de acreedores se producen por causas propias del sector o de la propia empresa. No son coletazos de la crisis porque la banca ya está saneada, sino porque son empresas que no han sabido adaptarse a la evolución del sector.

 

P.: ¿Cuáles son las principales causas ahora por las que las empresas de moda solicitan concurso?

R.: A la mayoría les ha caído la facturación porque han aflorado un montón de competidores en el mercado. Por otro lado, frente a la manera de hacer tradicional, hay ahora un consumidor que adquiere la ropa por Internet y la recibe en casa, y muchas empresas no han sabido adaptarse a esta nueva clientela. Y también caen las que mantienen procesos productivos, que no pueden competir con aquellos que tienen la producción en Asia. Son problemas de adaptación.  

 

P.: ¿Qué perfil de empresa está más expuesta a la bancarrota?

R.: Hay dos perfiles. En primer lugar, la empresa familiar tradicional que no se ha adaptado a los nuevos tiempos y, en segundo lugar, cuando se ha transmitido a un inversor no especializado en el sector. En este último caso, se trata de fondos o de inversores privados con capital pero con poco conocimiento del entorno y que no han sabido comprenderlo. Este sería, por ejemplo, el caso de Blanco.

 

 

 

 

P.: ¿El capitalconfía en este sector?

R.: Por parte de los inversores, sí. Los bancos, en cambio, son más cuidadosos. España tiene buenas marcas y esto sí se reconoce fuera del país e interesa a inversores foráneos. El problema hasta ahora era cómo se abordaba el problema desde el punto de vista legal. Con la crisis, muchos de estos inversores extranjeros se interesaron por las empresas españolas, pero desconocían el sistema legal. Ahora esto ya no ocurre.

 

P.: ¿Cuál es el momento adecuado para dar entrada a un inversor?

R.: La mayoría de empresas intenta que el inversor entre en la sociedad con una participación y tratan de sacar la empresa adelante sin reestructurarla. Esto son patadas hacia adelante. Conseguir pactar con la banca uno o dos años de carencia por la entrada de un nuevo inversor, a la espera de mejorar la cuenta de resultados y sin cambiar nada, no es la solución. Los compromisos financieros volverán a arrastrar los resultados.

 

P.: Entonces, ¿cuál es la manera más habitual de actuar?

R.: Hay dos escenarios. En uno de ellos, entra un inversor que refuerza la empresa e intenta negociar con los bancos para evitar que entre en concurso. Se propone a la banca un plan de viabilidad. Este escenario funciona con empresas grandes y es más difícil para pymes.

 

 

 

 

P.: ¿Y el otro escenario?

R.: Es la alternativa a este primer escenario. Si el inversor continúa interesado en la cuenta de resultados de la empresa se acude al proceso concursal pero con el objetivo de ejecutar la venta del negocio. Se pide así un proceso rápido, que dure unos seis meses y que no se alargue tres años, con el consecuente desgaste en la marca y en los resultados. Estos son la mayoría de concursos a liquidación con la venta de la unidad productiva. La sociedad anterior se liquida, y así computa a efectos estadísticos, pero el negocio continúa adelante con otros dueños.

 

P.: ¿El tamaño importa?

R.: No necesariamente, pero sí ocurre que las de mayor tamaño tienen más facilidad para buscar un convenio. Hay empresas que tienen tal deuda que la banca, simplemente, no las puede dejar caer. Es el caso de Abengoa, por ejemplo. A las pymes, en cambio, los bancos no las apoyan, son un expediente más. Las dejan caer.

 

P.: Si los bancos no ayudan, serán los inversores. ¿Hay interés por este tipo de operaciones?

R.: Mucho. Hay fondos que buscan oportunidades en empresas en crisis porque su precio en el mercado es mucho más bajo. A no ser, claro, que haya varios interesados en la puja, aunque esto no es tan habitual en empresas familiares.

 

 

 

 

P.: ¿Qué miran este tipo de inversores a la hora de comprar una empresa o entrar en su capital?

R.: Piden sobre todo un ebitda importante, que el problema esté en el balance por los compromisos con la banca, pero no en la cuenta de resultados. El inversor financiero no busca rentabilidades extremas sino un buen resultado operativo. No obstante, si el inversor es industrial también busca las sinergias de la actividad en el sector y si es del propio sector mira más el valor de la marca o de su red de tiendas.

 

P.: ¿Continúa siendo la marca el principal activo en una empresa en crisis?

R.: Suele serlo. A veces, el inversor sólo quiere la marca. Se ha dado con empresas que tenían marca y mantenían la producción en España y que, al cambiar de manos, el nuevo dueño ha integrado la marca con el resto que tenía en cartera y se ha desprendido de toda la producción, dejando atrás todo este coste.

 

P.: ¿Es necesario cambiar el cuadro directivo después de un concurso?

R.: Hay una limitación en la propia ley. Al empresario que pasa por un proceso concursal se le impide volver a tomar el mando. Puede continuar vinculado a la compañía y trabajar en ella, y en este aspecto se establecen acuerdos de todo tipo, pero no puede ni ser socio ni administrador.

 

 

 

 

P.: Hay empresas que han terminado en liquidación después de varios procesos concursales. ¿Qué falla?

R.: O bien el nuevo propietario no ha analizado correctamente la empresa que estaba adquiriendo o bien las previsiones que se hicieron han caído. Es decir, se hizo un plan de negocio con previsiones equivocadas. Pero esta situación es extraña. Cuando el inversor inyecta dinero es ya de por sí más pesimista a la hora de trazar el plan de negocio.

 

P.: ¿Cuál es el error más habitual?

R.: Cuando se inyecta dinero para poner al día los compromisos con la banca, pero no para tirar adelante la empresa. Una primera ronda de negociaciones con los acreedores tiene sentido para evitar la entrada en el concurso, pero tiene que estar supeditada en base a un plan de rentabilidad realista.

 

P.: Pero puede dar oxígeno a la empresa…

R.: Si a los bancos les encaja, pueden dar una solución y dar oxígeno por un periodo de tiempo. Pero si aun así la empresa no puede tirar adelante y llega a concurso, el juez puede considerar que aquel acuerdo con la banca no se hizo en relación a la viabilidad de la empresa. No hay que firmar por firmar.

 

 

 

 

P.: Es como entrar en un callejón sin salida…

R.: La ley no habla de inversores ni de compraventas, sino de refinanciaciones y de acuerdos con los acreedores. Pero en la práctica ocurre que la banca tiene sus propios protocolos de refinanciación y, en muchas ocasiones, por muy bueno que sea el plan de viabilidad dirá que no.

 

P.: ¿Es un buen momento para las empresas que estén en la cuerda floja buscar un inversor financiero?

R.: Sí, va a seguir funcionando, porque ya es un sector en sí mismo. Ya hay fondos especializados sólo en comprar empresas en crisis. Hay fondos más pequeños e inversores privados interesados en invertir en pymes como una alternativa más rentable.

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