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18 Nov 201704:01

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Bangladesh: antes y después de la tragedia de Rana Plaza

10 Jun 2013 — 04:46
Silvia Riera
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La tragedia de Bangladesh puede suponer un antes y un después en la industria de la confección en los países en desarrollo. La repercusión internacional de las más de 1.100 personas que fallecieron en el derrumbe del edificio que albergaba cinco talleres textiles podría llegar a reformular un status quo en países productores en vías de desarrollo con gobiernos formados por élites sociales y económicas, escasez de infraestructuras, centros de producción en mal estado, un débil sistema educativo y una gran masa de población sin formación.

 

“Lo que ocurrió en Bangladesh venía ocurriendo desde hacía mucho tiempo, aunque esta vez tomó protagonismo en los medios de comunicación de todo el mundo por su magnitud”, asegura en declaraciones a Modaes.es un empresario español que trabaja en el país asiático. “El Gobierno bengalí está compuesto por élites, que son las mismas que controlan el suelo y las fábricas”, señala el directivo.

 

En el sudeste asiático es habitual que las fábricas se ubiquen en plantas de edificios elevados, a diferencia de lo que ocurre en Occidente, donde los centros de producción acostumbran a extenderse en horizontal sobre el terreno. “Es más caro el metro cuadrado de suelo industrial en Daca que en Barcelona”, explica el empresario.

 

 

Un boicot occidental al Made in Bangladesh podría desestabilizar la débil economía del país, según apuntó el responsable de RSC en CCOO y coordinador del sindicato internacional IndustriAll, Isidor Boix, a Modaes.es. El Gobierno bengalí se ha visto obligado a iniciar medidas ante el temor a que los grupos de distribución estadounidenses y europeos abandonen la producción en el país por las connotaciones negativas del Made in Bangladesgh desde la tragedia.

 

El millar de víctimas ha vuelto a recordar las condiciones de trabajo de la industria textil en el sudeste asiático, pero también, y por primera vez, ha obligado a las instituciones locales y a las empresas occidentales a implicarse en su mejora. En este sentido, la semana pasada el Ejecutivo bengalí constituyó el comité de expertos que deberá valorar el incremento del salario de los trabajadores del textil.

 

La industria de la confección en Bangladesh concentra el 80% de las exportaciones, representa el 16% del Producto Interior Bruto (PIB) del país y emplea a cuatro millones de personas, mujeres en su mayoría. El salario mínimo de un obrero del textil se fijó en 2010 en 3.000 takas bangladesíes (28,9 euros) al mes.

 

Edificio Rana Plaza, en Daca (Bangladesh)

El Gobierno del país también ha anunciado otras medidas para mejorar las infraestructuras de la industria local de la confección. Además de las propuestas específicas para incrementar la seguridad y las medidas antiincendios en los centros de producción, Bangladesh ha avanzado que invertirá 100.000 millones de takas bangladesíes (962,7 millones de euros) en la construcción de un clúster para la confección en las afueras de Daca, la capital del país. El Ejecutivo calcula que el clúster podría iniciar su actividad en junio de 2016.

 

Por otro lado, el Ministerio de Finanzas bengalí ha comunicado que, con el objetivo de apoyar a la industria local de la confección, rebajará el impuesto añadido a la importación de tejido de punto, del 45% actual al 20%. Esta medida, que entrará en vigor el próximo 1 de julio, también podría ampliarse a otras categorías, como la entrada de fibras artificiales al país, ante la creciente demanda de acrílico en las tejedurías del país.

 

El siniestro también ha motivado que se involucraran administraciones occidentales, como la Comisión Europea, que al final optó por mantener las ventajas arancelarias a Bangladesh, o los gobiernos de Reino Unido o Noruega, que se han comprometido a destinar a la industria textil bengalí dotaciones económicas.

 

El Ejecutivo británico donará 18 millones de libras esterlinas (21,2 millones de euros) a un programa de formación para obreros del textil y de la construcción del país asiático. Noruega, por su parte, invertirá 14,5 millones de coronas noruegas (1,9 millones de euros) para promover los derechos de los trabajadores y de las relaciones laborales en las industrias orientadas a la exportación.

 

Los gigantes estadounidenses y europeos de la moda también han tomado cartas en el asunto, más allá de las memorias de sostenibilidad y de las auditorías en los proveedores. Por primera vez, 39 empresas han firmado con los sindicatos internacionales y ONGs en defensa de los derechos laborales un acuerdo para garantizar la seguridad en las fábricas textiles de Bangladesh.Entre los firmantes del pacto se encuentran las españolas InditexMango y El Corte Inglés, así como grupos internacionales como H&M, C&A, PVH, Carrefour, Primark, Benetton o Esprit.

 

Efecto locomotora

La transición industrial que proponen los diferentes actores de la industria bengalí de la confección parece que también llama a las puertas de los países limítrofes, en los que también ha derivado gran parte de la industria de la confección que sale de China por sus crecientes costes salariales.  La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ya ha empezado a presionar a los gobiernos de Camboya e Indonesia para que mejoren la seguridad de las fábricas y  elaboren medidas antiincendios.

 

Isidor Boix explica que en estos países, que también han visto crecer su actividad textil en los últimos años, suceden episodios similares a los vividos a finales de abril en Daca, aunque sin alcanzar jamás el millar de víctimas. De hecho, en las últimas semanas se han sucedido en Camboya diferentes manifestaciones de trabajadores de la confección y del calzado para reclamar mejores condiciones laborales y salariales. A principios de junio, centenares de trabajadores de un proveedor de Nike en el país se enfrentaron a la policía para reclamar salarios más elevados.

 

Antes de que ocurriera la tragedia en Bangladesh, el pasado marzo, el Gobierno de Camboya intercedió en las negociaciones entre empresarios y trabajadores de la confección para incrementar un 23% el salario de los trabajadores, que desde el 1 de mayo es de 58 euros. Aun así, la cifra impuesta está lejos de alcanzar los 77,5 euros al mes que exigían los trabajadores.

 

En Indonesia, el Gobierno ya se ha comprometido a continuar ayudando a la industria del textil y de la confección con incentivos fiscales para la compra de nueva tecnología. Las exportaciones textiles de Indonesia representan el 10,7% del total del país. Indonesia también se promociona como el próximo destino de la producción de ropa acentuando valores como su sistema democrático y una economía más sólida que la de otros países de la zona.

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