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20 Nov 201912:55

Una diosa, un gigante y una secretaria de Estado: cómo Nike venció a Nike en España

La batalla legal duró veinte años y se saldó con la victoria de la compañía estadounidense, que no tuvo que abonar nada a los que fueran sus socios en el mercado español.

07 Nov 2019 — 04:57
Iria P. Gestal
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Una diosa, un gigante y una secretaria de Estado: cómo Nike venció a Nike en España

 

 

Una histórica familia de la burguesía catalana, los mayores bufetes de abogados de España, una diosa griega y hasta una secretaria de Estado. Los componentes de esta historia bien podrían valer para el último superéxito de Netflix, pero son en realidad los protagonistas de una guerra de casi dos décadas por la que Nike, hoy convertido en el mayor grupo de moda deportiva del mundo, logró el derecho a usar su nombre en territorio español.

 

España, 1979. Recién estrenada la democracia, el país todavía estaba relativamente cerrado al mundo. Los reyes del deporte eran marcas como Paredes y Nike era una joven empresa que apenas acababa de emprender su conquista global.

 

Para abordar el mercado español, la compañía se alió con Comercial de Exclusivas Deportivas (Cidesport), controlada por la familia Bertrand, una histórica familia de la burguesía catalana vinculada el sector textil desde el siglo XIX.

 

 

 

 

La sorpresa llegó en la Oficina de Patentes y Marcas: una familia textil de Sabadell tenía ya registrada la marca Niké, en honor a la diosa griega, desde 1932, cuarenta años antes de la fundación del Nike de Phil Knight. El registro incluía sólo su uso para artículos textiles.

Grupo y distribuidor pactaron que Cidesport se haría con la marca Nike, que continuó produciéndose en España con unos royalties del 4%, mientras que el calzado se importaría de Estados Unidos.

A los cinco años, venció el acuerdo de distribución, pero Nike y Cidesport, con un negocio que iba viento en popa, decidieron renovar. En 1989, seis meses después del siguiente vencimiento y con una facturación que llegaba entonces a los 5.000 millones de pesetas, Nike se comprometió a renovar.

 

 

 

 

A falta de dos meses para la firma, el grupo se echó atrás y decidió romper con su socio español. Cuando se produjo la separación, Nike ya había constituido discretamente su filial en España, American Nike (con la que sigue operando hoy), para cuyo equipo se incorporó a César Galcerán, primo hermano de los Bertrand.

 

Con su propio y equipo y ya en solitario, Nike comenzó entonces la batalla por registrar su marca, una guerra que duró 18 años y abarcó todas las jurisdicciones, incluida la penal. A cada lado del ring, de los bufetes de abogados más prestigiosos del país: Gómez-Acebo&Pombo, representando a Nike, y Garrigues, con Cidesport.

 

En 1992, el embajador estadounidense intentó que las dos partes llegasen a un acuerdo. El motivo, recuerda una fuente cercana, era más que diplomático: su madre era amiga de los Bertrand desde un viaje de intercambio en los años veinte.

 

La reunión se fijó, pero los estadounidenses no se presentaron. En el torneo de Conde de Godó de 1992, y al no poder todavía emplear su nombre en el textil, Nike introdujo por primera vez en España el swoosh, convertido hoy en uno de los logotipos más reconocidos del mundo. Los españoles, por su parte, compitieron con el nombre inscrito sobre la representación de la Victoria de Samotracia.

 

 

 

 

Cinco años después, la Sala Civil del Supremo, presidida por Ignacio Sierra, concedió el uso de la marca Nike a la compañía española, pero la estadounidense apeló y el Constitucional obligó a revisar la sentencia. En 2005, el Supremo acabó por dar la razón a Nike, que a partir de ese momento pudo utilizar su nombre y logo en todo tipo de artículos.

 

Tres años después, y tras una nueva tanda de apelaciones, Nike y Cidesport sellaron por fin la paz con un acuerdo extrajudicial que no contemplaba ningún tipo de compensación económica para ninguno de los litigantes. La repercusión del proceso fue tal que incluso ha sido analizado como caso en la facultad de Derecho de Harvard.

 

Una fuente vinculada al proceso recuerda que hasta Washington llegó a intervenir. “La secretaria de Estado de Estados Unidos Madeleine Albright vino en 2000 a despedirse unos meses antes de dejar su cargo”, recuerda. “Aprovechando la visita, pidió al Gobierno del Partido Popular arreglar el tema de Nike”, sentencia.

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