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03 Dic 202113:21

Grupo Hergar, tras la huella de Harry el Sucio

El grupo riojano ha hecho de la innovación la palanca para hacer frente a la deslocalización, la crisis y, ahora, la pandemia.

12 Jul 2021 — 04:55
I. P. G.
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Grupo Hergar, tras la huella de Harry el Sucio

 

 

A Basilio García, consejero delegado de Grupo Hergar, le gusta decir que su padre comenzó igual que Steve Jobs: en un garaje. Era 1968 y la única formación de Basilio García Pérez-Aradros en moda era un curso de patronaje que había hecho en el servicio militar. “En mi familia veníamos más bien del transporte, pero él tenía facilidad para el dibujo y siempre le había gustado el diseño”, dice García. “Empezó a trabajar en una fábrica de zapatos, aprendió los oficios y fue escalando hasta que le surgió la oportunidad de emprender”, recuerda.

 

Con su hermano y un socio que pronto salió de la compañía, García Pérez-Aradros comenzó con una pequeña fábrica en Arnedo (La Rioja) fabricando para terceros. “Cuando empezó no había ni consumo, ni marcas, ni nada, salieron con mucha ilusión, pero los primeros siete años fueron muy duros”, recuerda su hijo.

 

En la 1978 llegó la primera marca del grupo: Tanke. La popularidad del producto llegó sin una gran campaña de márketing y comunicación sino a través del boca a boca: “usaba pieles de seis milímetros de grosor y el diseño era tan fuerte que la gente lo llamaba Tanke; como no había demasiado abanico de productos, si hacías un artículo distinto a los demás pronto conseguías hacerte un nombre”, dice García.

 

 

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La siguiente marca, y hoy la estrella del grupo, llegó por necesidad. “Estábamos en un sitio con muy malas comunicaciones y nadie en Arnedo trabajó en serio para las compañías americanas, como sucedió en Elche, así que hubo que diversificar”, expone García. En 1987, con España recién incorporada al mercado común europeo, García Pérez-Aradros comenzó a pensar en exportar. “Decidió buscar un nombre internacional, no había estudios de mercado sino sentido común -recuerda su hijo-; llegó un día y me preguntó qué me gustaba más: Colega o Callaghan”. Escogió la última. El nombre viene de Harry ‘El Sucio’ Callahan, el mítico detective interpretado por Clint Eastwood.

 

Después llegaría el lanzamiento de Miss C, para mujer, y la compra de Gorila, especializada en moda infantil. Callaghan se especializó en productos de estilo vaquero, pero su primer bestseller fue el Náutico Over, el primer náutico en el mercado con tecnología patentada de cámara de aire. “Nuestro origen es manufacturero”, recalca García.

 

“En los noventa y los dos mil, eso estaba un poco denostado, porque nuestros competidores eran empresas comerciales que se dedicaban a hacer diseño y márketing, pero es lo que nos ha dado la oportunidad de innovar no sólo en los diseños, sino en cómo se produce el zapato: exprimir al máximo la evolución de las técnicas de fabricación de moldes y trabajar con proveedores de todo el mundo para crear materiales que están cinco años por delante de los de la competencia”, asegura el empresario.

 

La gran innovación fue el desarrollo, en 2004, de la tecnología Callaghan Adaptaction, que con el lema “el zapato que se adapta al pie” le abrió a Callaghan las puertas de los mercados internacionales. En 2019, introdujo también la tecnología 3D para fabricar calzado adaptado al peso de cada usuario, con un lead time de una semana desde que se toman los datos al cliente en la tienda hasta que se le entrega el producto.

 

En sus más de cincuenta años de trayectoria, el grupo ha sobrevivido a la deslocalización, al auge de las sneakers y a la crisis del multimarca, su primer canal de distribución. La compañía mantiene hoy su fábrica en Arnedo, con capacidad de producir unos 2.000 pares al día, y trabaja con fábricas satélite que le permiten hacer frente a picos de producción de hasta un 50%. “Nuestro modelo es responder a la demanda”, subraya García.

 

Cuando el fundador cumplió sesenta años, dio un paso al lado y hoy toda la segunda generación está plenamente incorporada a la empresa, con Basilio García como director general. “Tuvo claro que si no lo hacía no nos iba a beneficiar, hoy está fuera del día a día, pero al corriente de lo que pasa en la empresa”, señala.

 

 

 

 

 

 

 

Respuesta al Covid-19

La semana que estalló la pandemia, Grupo Hergar adaptó su fábrica para comenzar a producir mascarillas para el equipo. “Por casualidad, por aquí no había nada, hicimos una donación de veinte unidades al centro de salud de Arnedo, lo pusieron en redes sociales y saltó a la prensa nacional”, rememora García. “La dureza de cada uno de esos meses se me ha quedado grabado; empezamos a recibir llamadas de cientos de residencias y hospitales pidiéndonos ayuda -señala-; era una enorme sensación de impotencia, pensar que si nosotros, que somos una empresa de calzado, somos la primera respuesta a una crisis así, qué estamos haciendo”.

 

Hay que replantearse todo el modelo de país y de continente, estamos pagando el coste de esta dependencia que tenemos de externos que hacen lo que les da la gana”, reivindica el empresario.

 

“Con toda la tecnología de impresión 3D, en quince días somos capaces de fabricar un respirador, pero no se gestionó bien; hay muchas cosas que tenemos que aprender para el futuro de esta pandemia y la necesidad de reconstruir una industria fuerte aquí es una de ellas”, insiste.

 

Grupo Hergar cerró 2020 con una plantilla de 180 trabajadores y una facturación de algo más de treinta millones. La compañía está presente en más de 2.000 puntos de venta multimarca, tiene diez tiendas propias y setenta corners en grandes almacenes, además de un canal online que, reconoce García, está todavía “en desarrollo”. Italia es su segundo mayor mercado, con cerca de mil puntos de venta, sólo por detrás de España, donde genera el 70% de su facturación, aunque antes de la pandemia también tenía planes de expandirse en mercados como Japón. Para este año, el grupo prevé comenzar la recuperación, aunque todavía algo por debajo de los 45 millones de 2019. 

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