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21 Sep 202121:29

Adolfo Domínguez se ‘enroca’ en la dirección del grupo ante la presión de los accionistas

Los socios minoritarios de la compañía, entre ellos Puig, presionan al fundador de la marca, que se blinda en el consejo con un grupo de afines.

22 Nov 2016 — 05:00
Pilar Riaño
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 Adolfo Domínguez se ‘enroca’ en la dirección del grupo ante la presión de los accionistas

 

 

Adolfo Domínguez se enroca con personas afines, tanto en el consejo de administración como en el equipo directivo, para mantenerse como hombre fuerte en la compañía a la que da nombre. Esta es la estrategia que se esconde, según fuentes cercanas al consejo, tras los últimos movimientos llevados a cabo por la empresa. “No se ha llegado a un acuerdo con Costas Antimissaris porque el diseñador no le ha querido dar autonomía total, como pedía el consejo y los accionistas”, aseguran fuentes implicadas en la negociación.

 

El pasado viernes, la compañía comunicó a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (Cnmv) su decisión de no incorporar finalmente a Antimissaris a su equipo directivo. Aunque fuentes de la compañía señalaron motivos económicos como causa de la falta de acuerdo, partes implicadas en la negociación han negado “rotundamente” este extremo. “Existía un preacuerdo, pero cuando se debía haber materializado Adolfo Domínguez decidió no ceder el control de la gestión”, agregan.

 

La llegada de Antimissaris a la cúpula de Adolfo Domínguez debía suponer un revulsivo para el negocio de la compañía, que comenzó una dura reestructuración de la mano de Estanislao Carpio, despedido por el presidente el pasado julio. Junto a Antimissaris llegaron a la empresa, concretamente al consejo de administración, directivos con conocimiento del sector: Juan Antonio Chaparro (Esprit) y Fuencisla Clemares (Google).

 

 

 

 

La incorporación de nuevos directivos y una mayor profesionalización es, según fuentes del consejo de administración, la principal reclamación de lo miembros históricos del órgano, así como de los accionistas minoritarios. Tras Adolfo Domínguez, que controla el 38,965% del capital), los mayores accionistas de la empresa son Puig (14,801%); Luxury Liberty (10,215%), La Previsión Mallorquina de Seguros (7,557%) y el presidente de Mayoral, Rafael Domínguez de Gor (5,458%).

 

“Antimissaris pidió autonomía suficiente para emprender un proyecto tan complejo”, explican fuentes de la negociación, algo que, “vio respaldado por la entrada en consejo de perfiles como el de Chaparro y Clemares”. Sin embargo, la salida de los dos consejeros y la negativa del diseñador a ceder áreas de gestión (como el departamento comercial, que no llegó a ser gestionado por Carpio) hicieron que Antimissaris abortara el acuerdo.

 

Ahora, Adolfo Domínguez ha decidido dar marcha atrás en sus últimos movimientos y se rodea de un grupo de personas de confianza. En el consejo, Chaparro y Clemares han sido sustituidos por directivos no procedentes del sector, y el equipo ejecutivo se recompondrá, según Expansión, con ocho personas ya vinculadas a la marca.

 

 

 

 

En el marco de este paso atrás, la compañía también podría estar preparando el cierre de su oficina en Madrid, que se puso en marcha en 2014. Entonces, el grupo decidió trasladar a la capital los departamentos de ecommerce y márketing, que se sumaron a la dirección comercial para el mercado ibérico, que ya estaba basado en Madrid.

 

La división de comercio electrónico estaba liderada por Valeria Domínguez, una de las hijas del fundador de la empresa, que abandonó el grupo el pasado octubre para lanzar Digital Influencer, una start up enfocada a la creación de una comunidad online para profesionales del sector.

 

Si bien desde la compañía no ha confirmado ni desmentido el cierre de la oficina, sí explica que el grupo “evalúa permanentemente su procesos con el objetivo de generar eficiencias y equilibrar costes y beneficios, y con esa visión en los últimos años se han tomado diversas medidas”. 

 

 

Presión por un cambio

La presión por llevar a cabo un cambio en el modelo de gestión de la empresa se remonta a 2012, cuando Adolfo Domínguez tomó la decisión de crear la figura de director general e incorporar a Estanislao Carpio.

 

 Durante su etapa al frente de la empresa (primero como director general y después como consejero delegado), Carpio formó un equipo directivo con fichajes externos, que, junto a él, han abandonado la empresa durante los últimos meses.

 

Ahora, la presión por el cambio y la profesionalización continúa en el seno de Adolfo Domínguez. “Las discusiones fuertes sobre el rumbo de la empresa continúan ahora”, señalan desde el consejo.

 

Uno de los principales interesados en que Adolfo Domínguez corrija su evolución es Puig. El grupo catalán explota la licencia de perfumería de Adolfo Domínguez, que genera unos ingresos de más de 1,5 millones de euros al año a la marca. “Puig tiene mucho interés en el sector de la moda, pero no puede perder el tiempo”, explican fuentes cercanas.

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