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31 Jul 202103:57

Íñigo Larraya (L’Oréal): “Hay que educar al cliente, lo ‘natural’ puede ser más contaminante que lo producido en un laboratorio”

El director de RSC y sostenibilidad del grupo francés en España defiende que la sostenibilidad pasa por recopilar y comunicar información que permita al cliente tomar decisiones.

17 May 2021 — 04:44
Iria P. Gestal
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Íñigo Larraya (L’Oréal): “Hay que educar al cliente, lo ‘natural’ puede ser más contaminante que lo producido en un laboratorio”

 

 

Íñigo Larraya se puso al frente del departamento de sostenibilidad y RSC de L’Oréal en España en 2017. Desde entonces, conceptos como cosmética natural, cruelty free o maquillaje vegano han ganado cada vez más protagonismo en el sector, especialmente de la mano de nuevos actores jóvenes, digitales y con un modelo directo al consumidor. ¿La respuesta de L’Oréal? Más información. El último proyecto ha sido el lanzamiento de un sistema de etiquetado, a través de la marca Garnier, que permite saber el impacto social y medioambiental de cada producto. “Hay que educar al cliente, lo natural puede ser fantástico, pero también puede ser más contaminante que lo producido en un laboratorio”, sostiene Larraya.

 

 

Pregunta: La pandemia lo ha acelerado todo. ¿También la sostenibilidad en la cosmética?


Respuesta: Sí, se ha hecho más importante que nunca. Las personas se han dado cuenta del papel que tienen las empresas tanto para la recuperación económica como en materia social. De forma más amplia, antes las compañías estábamos muy focalizadas en el impacto medioambiental y la pandemia ha puesto la agenda social en el centro.

 

 

P.: De las dos, ¿cuál le importa más al consumidor?


R.: Las dos. Obviamente, ahora mismo los consumidores están muy preocupados por el cambio climático, pero también de todo lo derivado de la responsabilidad social que hay en nuestros productos: del comercio justo, de cómo estamos seguros que en nuestras cadenas de valor se respeten los derechos humanos… Ahora la pandemia ha hecho que la conciencia aumente.

 

 

P.: L’Oréal tiene varias fábricas propias. ¿Es más fácil la trazabilidad en cosmética que en otros sectores como la ropa?

 

R.: Igual que en la ropa, depende. Algo importante es que tanto en la parte medioambiental como en la social, la fabricación propia no tiene un porcentaje muy importante en la huella total. España es el primer país en el que L’Oréal es neutro en emisiones de carbono, pero eso representa un porcentaje muy pequeño en nuestra huella total. Uno de nuestros objetivos a 2030 es reducir al 50% las emisiones por producto terminado en toda la cadena de valor, y para eso necesitamos trabajar con nuestros proveedores y promover que reduzcan drásticamente las emisiones.  

 

 

 

 

P.: ¿Cómo se pone la nota que figura en el etiquetado de Garnier?

 

R.: Antes de comunicarlo, tenemos que entender cuál es la huella. Para ello desarrollamos una metodología, Spot, con la que medimos catorce factores medioambientales a lo largo de la cadena de valor basados en el concepto de los límites planetarios. Y tenemos en cuenta toda la cadena, hasta el posconsumo: por ejemplo, el 65% de la huella de agua es por agricultura, y en torno al 30% y el 55% es en la fase de uso. En cuanto a CO2, el transporte es más o menos un 5%, mientras el uso es un 50%, porque medimos la energía que necesitamos para calentar el agua para ducharnos.

 

 

P.: Entonces, ¿Hay que traspasar la responsabilidad al consumidor?

 

R.: Hay que hacerlo a través de la información. La concienciación pasa por una fase de educación. Es importante entender estas huellas y cómo las trasladamos de una forma sencilla al consumidor para que pueda tomar decisiones más responsables. Por eso lanzamos el etiquetado. Es un ejercicio de transparencia muy importante, porque no lo lanzamos al mercado sólo con productos que sacan buena nota, sino también con los que sacan D o E, y para ellos proponemos una alternativa más sostenible.

 

 

P.: ¿El consumidor tolera más que la marca le diga que falla en algunos aspectos?

 

R.: En los test que hicimos para este proyecto en Francia, Estados Unidos o India, precisamente el hecho de tener productos en los que comunicamos que nos queda un campo de mejora ha sido uno de los factores que más credibilidad ha dado a esta herramienta.

 

 

 

 

P.: En moda, es relativamente fácil comunicar lo que es algodón orgánico o una prenda reciclada. ¿Cómo se explica la sostenibilidad en la cosmética?

 

R.: El algodón orgánico está muy bien, pero lo que la gente no sabe es que sigue teniendo una huella hídrica enorme, aunque menor que el tradicional. Por eso es importante esta fase de educación. Hay veces que un químico verde puede tener mucha menos huella que un ingrediente natural. Por eso es importante que metamos en este cálculo todos los ingredientes de la fórmula.

 

 

P.: ¿Se ha cometido un error equiparando lo natural a lo sostenible?

 

R.: A veces un ingrediente natural puede estar muy bien, pero su huella hídrica puede ser mucho mayor que un ingrediente químico. Lo mismo ocurre en el envase: hemos hecho envases con bioplásticos, que proceden de plantas, y que cuando haces el análisis la huella de agua es mucho mayor que la de un plástico reciclado. Es importante darle herramientas al consumidor para que tome decisiones informadas. Puedes tener una fórmula hecha en un 98% de ingredientes naturales que sea más contaminante que un producto hecho en laboratorio. Romper esos mitos es difícil, por eso creemos que este tipo de herramientas son cruciales. Eso no quita que, muchas veces, si lo hacemos de forma natural vaya a ser mejor, pero hay que ir caso a caso.

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