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18 Dic 201700:27

Los peligros del ‘made in’

Los peligros del ‘made in’

 

Seguro que has salido de compras alguna vez. Seguro que has rebuscado en el perchero de una tienda de moda más de cien veces a lo largo de tu vida. Seguro que has pagado (gustosamente o no) por una prenda de ropa en numerosas ocasiones. Pero lo que es más difícil que hayas hecho es darle la vuelta a ese jersey que te va a abrigar en invierno en busca de un dato: dónde está fabricado. Admito que yo tampoco lo hago, al menos siempre que compro.

 

Con la llegada de la crisis económica, el discurso del made in volvió a recorrer España. Si con los alimentos que ingerimos hemos empezado a fijarnos más en dónde se cultivaron y en qué circunstancias, cuando la economía española empezó a resentirse del desplome de la construcción de repente nos dimos cuenta de que ya no teníamos industria.

 

Durante años, la industria fue percibida como una actividad caduca para Europa y la crisis financiera ha vuelto a prestigiar algunas actividades productivas. Que España debe volver a apostar por su industria está claro, pero cabe preguntarnos si coser camisetas es la industria que queremos o si, por el contrario, hemos de centrarnos en actividades de alto valor añadido (véase diseñarlas o fabricar los mejores zapatos y bolsos del mundo).

 

 

 

 

Lo cierto es que la gota malaya de la relocalización ha caído sobre nosotros y ha calado, al menos un poco, en algunos segmentos de la sociedad. Pero lo cierto es que, al menos en el textil (dejemos de lado el calzado y la piel), la relocalización no ha sido un fenómeno masivo y el regreso de la producción a España (no así a nuestra proximidad) es más bien testimonial.

 

Junto con el deseo de que España vuelva a ser un país productor planea sobre nosotros la presión por consumir productos fabricados aquí, en nuestro país. Este argumento no es algo nuevo. Y, como muestra, podemos recordar la frase de Abraham Lincoln, decimosexto presidente de Estados Unidos desde 1861 hasta su asesinato en abril de 1865. “Yo no sé gran cosa de aranceles. Lo que sí sé es que cuando compro una chaqueta fabricada en Inglaterra, yo me quedo con la chaqueta e Inglaterra con el dinero, mientras que si la compro en Estados Unidos, yo me quedo con la chaqueta y Estados Unidos con el dinero”, dijo.

 

El problema de esta afirmación es que confunde la posesión de dinero con la posesión de la riqueza. Si llevamos la frase al momento actual y a la industria textil, podríamos decir que confunde la posesión de la producción con la posesión del valor añadido. En España se fabricarán pocas prendas de moda, pero lo cierto es que muchas de las que circulan por todo el mundo se han pensado aquí.

 

El Acuerdo Multifibras de los años setenta es un concepto básico para entender la actual industria de la moda, un negocio global que, con mil fallos y aspectos a mejorar (como su impacto en el medio ambiente), genera puestos de trabajo tanto en países maduros como en países en vías de desarrollo. Este acuerdo puede ser visto como algo negativo que facilitó el desplazamiento de la producción a países con costes más bajos, pero lo cierto es que sin él tampoco existirían hoy en día gigantes de talla mundial pensados desde países como España.

 

 

 

Por eso, cuando un político de un país X habla de relocalización, de consumir solamente los productos hechos dentro de unas determinadas fronteras o nos invita a discriminar entre textil asiático y textil europeo o estadounidense, deberíamos plantearnos qué pasaría si todos los países del mundo hicieran lo mismo.

 

¿Y si los franceses sólo consumieran moda hecha en Francia? ¿Y si hicieran lo mismo los ingleses? ¿Y si lo hicieran los alemanes? ¿Y los estadounidenses? Sin duda, el mundo se empobrecería social y económicamente. Y no sólo los mercados maduros, también los que están en vías de desarrollo, pues pocas industrias tienen un papel tan clave en los primeros estadios de evolución económica de un país como el textil.

 

Estados Unidos, la primera potencia económica mundial, ha encumbrado como presidente al abanderado del America First, con un discurso del que subyace un proteccionismo de lo más rancia y cortoplacista que no se veía desde principios del siglo pasado. Y recordemos que del proteccionismo surgió el nacionalismo y del nacionalismo emergió la Segunda Guerra Mundial.

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