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11 Dic 201710:08

“Esto hay que mamarlo”

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Admito que la frase puede no ser afortunada, pero así reaccionaba una de las personas que nos contactaron ayer por teléfono ante la noticia de la liquidación de Caramelo. “Esto hay que mamarlo”, decía reivindicando el valor y la importancia del relevo generacional en el negocio de la moda, pero también de la capacidad de adaptación a los nuevos tiempos.

Si la sostenibilidad, la omnicanalidad y un cliente cada vez más exigente e infiel son algunos de los retos del negocio a escala internacional, en España las principales empresas deben hacer frente también a un hecho del cual no se puede huir: el traspaso de una generación a otra.

Aunque algunas compañías, como Puig, hayan aprobado con nota la desaparición del fundador y la entrada de las generaciones sucesivas, otras están actualmente en ese momento. Mango, Pronovias o, incluso, Inditex, tienen todavía muy presente a su fundador, aunque en el caso de la tercera el futuro de la empresa esté incluso salvaguardado por la bolsa.

Hoy se conocen tres noticias que fuerzan a plantearse el papel de las familias, de los hijos y de los nietos, en el devenir de las compañías, especialmente en un sector como la moda, donde el genio para los negocios debe conjugarse, obligatoriamente, con un olfato para el producto.

Blanco comenzó su particular via crucis cuando llevó a cabo el salto de la primera a la segunda generación, que se topó, es justo decirlo, con la crisis económica. Caramelo no ha llegado a cumplir diez años desde que la familia fundadora se desvinculó y fue traspasado a Inveravante. Y, en tercer lugar, Valeria Domínguez ha decidido desvincularse de la empresa familiar para emprender su propio proyecto, en un momento complicado para la compañía liderada por su padre, Adolfo Domínguez.

Como nos decían ayer, “esto hay que mamarlo”: los advenedizos al sector no suelen tener suerte en él o, al menos, suerte a largo plazo. Todos los negocios pueden aprenderse y la moda no es menos, pero esa chispa que hace que una marca funcione y otra no, ese olfato que hace que una firma venda lo que pita, ¿también? 

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