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01 Oct 202018:22

Volkswagen o el ejemplo del riesgo de mentir

 

Volkswagen se convertirá en caso de estudio en las escuelas de negocio de todo el mundo. De hecho, seguro que ya lo ha sido en algún momento por su modelo de negocio o por sus operaciones, pero dentro de unos años seguramente lo será por el ejemplo de una comunicación de crisis. ¿Qué ha hecho Volkswagen? Mentir. La industria mundial de la moda, que tanto mira al automóvil en sus operaciones, debería fijarse también en lo que ha hecho mal el grupo alemán.

 

La semana pasada saltó el escándalo: Volkswagen había manipulado sus automóviles para que pasaran las pruebas de emisiones contaminantes en Estados Unidos. Con esta mentira, que ha provocado dimisiones en cadena en la cúpula del grupo y un descalabro de las acciones de la compañía, Volkswagen ha cruzado, tal y como ha señalado en Twitter el profesor Francesc Pujol, de la Universidad de Navarra, una de “las dos líneas rojas que la industria del automóvil no debe tocar: seguridad y contaminación”.

 

Pujol iba un paso más allá y decía: “el caso Volkswagen es un buen puñetazo en la reputación de la marca país Alemania. Hiere valores de marca propios”. “La gestión de crisis de Volkswagen no va de comunicar, sino de revisar de arriba a abajo criterios éticos básicos de gestión y aplicarlos”, añadía.

 

La moda ha estado a punto (si no lo ha hecho en algún momento) de cruzar alguna de esas “líneas rojas” que apuntaba el profesor de Universidad de Navarra. Pero, de momento, no ha mentido. O, al menos, el consumidor o los organismos internacionales de control no lo han percibido.

 

¿Qué pasaría si, un buen día, se demostrara que una empresa que saca pecho de usar algodón orgánico no lo hace realmente? ¿Habría mentido esta empresa al consumidor? ¿Se sentirían sus clientes defraudados? Seguramente, sí.

 

¿Qué pasaría si, un buen día, una empresa que dice someter a sus proveedores a los más estrictos controles escondiera irregularidades en sus fábricas? ¿Habría mentido esta empresa al consumidor? ¿Se sentirían sus clientes defraudados? Seguramente, sí.

 

¿Qué pasaría si, un buen día, se demostrara que una firma de lujo que dice fabricar en Francia sus más exquisitos bolsos lo hace realmente en China? ¿Habría mentido esta empresa al consumidor? ¿Se sentirían sus clientes defraudados? Seguramente, sí.

 

La moda está sometida a mucha presión y se encuentra constantemente bajo los focos. Las mentiras son un riesgo constante. Las tres hipótesis anteriores no están tan alejadas de la realidad y el consumidor, cada vez más, reclama transparencia y, sobre todo, que no le mientan. La moda tiene mucho que aprender de Volkswagen, aunque no exista un organismo internacional que controle sus movimientos y sea, ella misma, la que deba autorregularse.

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