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19 Sep 201713:30

Sobre Inditex, el trabajo infantil y las acusaciones de France 2

France 2 dio ayer la campanada en la rueda de prensa de resultados de Inditex. Como empresa cotizada, y por tanto sujeta a diferentes corsés a la hora de comunicar datos financieros, la presentación de resultados de Inditex es un momento clave para la compañía, seguramente uno de los momentos más importantes del año.

 

En mitad de una gran expectación, la empresa dio a conocer al mercado los resultados de la estrategia llevada a cabo en el primer ejercicio sin Amancio Ortega en la presidencia, en un momento económico, por cierto, caracterizado por su gran complejidad.

 

Inditex, con su presidente, Pablo Isla, al frente, realizó una presentación de resultados a la altura de una empresa de su perímetro. El primer ejecutivo del grupo respondió a casi todas las preguntas de índole corporativa, dando pistas sobre cómo ha podido mantener el crecimiento y la rentabilidad en la actual situación y sobre sus planes para el futuro.

 

La televisión francesa intervino al final y lo hizo con una agresividad y vehemencia extraña para un encuentro con la prensa económica. El tema: el supuesto trabajo infantil en India en proveedores del grupo Inditex.

 

Sin duda el trabajo infantil es un asunto que preocupa o que debería hacerlo no sólo a Inditex, sino también a sus inversores y a sus consumidores. Inditex, Nike o Adidas se enfrentan de forma recurrente a polémicas originadas por las condiciones laborales que ofrecen sus proveedores, y la preocupación por este asunto es, al menos en apariencia, creciente.

 

Que un medio de comunicación aborde este asunto es perfectamente legítimo, incluso loable: cada uno en su sector y ámbito de actuación, pero los medios de comunicación deben ser un contrapunto a los poderes, un catalizador de denuncias y un elemento clave en la transformación de la sociedad.

 

Ahora bien, ojo con confundir la ética con la estética. Ojo para la gran distribución de moda, que no debe dejar que el dividendo vaya en contra de un comportamiento ético aceptable, pero ojo también para los medios de comunicación.

 

Abordar el asunto con efectismo, vehemencia y demagogia (la información pura y dura ocupa demasiado a menudo un segundo plano), sin tener en cuenta los esfuerzos realizados por las empresas para controlar a sus proveedores, sin considerar las condiciones socioeconómicas de los países productores y sin contar con los pros, los contras y los imponderables de la larga mano del primer mundo en el tercero, es pernicioso.

 

Si queremos hacerlo, hagámoslo bien: no se trata de hacer el numerito.

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