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Líder en información económica del negocio de la moda

21 Nov 201700:10

Piove, porco Governo

 

Un hotelero, un campesino y un empresario del negocio de la moda. Todos tienen en común un enemigo: el tiempo. Los responsables de hoteles justifican que, sin sol, los turistas no pernoctan en sus establecimientos a pie de playa. Los campesinos, que las lluvias arruinaron su cosecha. Y los directores generales de empresas de moda, que cuando el verano se alarga entrado septiembre los abrigos se acumulan en las tiendas.

 

El lamento al clima es una constante en el negocio de la moda desde hace décadas. Pero a veces el sector, el mismo que ahora debate fervientemente sobre el see now, buy now, parece querer olvidar una cosa: las temporadas hace tiempo que han muerto. 

 

Antes de que el fast fashion irrumpiera en las calles y los armarios, la moda se estructuraba en dos temporadas, según las estaciones: otoño-invierno y primavera-verano. Los clientes acudían dos veces al año a las tiendas, hiciera el tiempo que hiciera, para equiparse para los próximos seis meses.

 

El problema ahora no es que esas estaciones sean cada vez más difusas, que lo son, sino que la gente, simple y llanamente, se ha acostumbrado a la inmediatez, a la compra por impulso, a comprar lo que quiere cuando lo quiere y no cuando lo decide el calendario del sector.

 

Empresarios de la moda: dejemos de culpar al tiempo. Asumamos de una vez por todas que septiembre será cada vez más cálido, pero que si tienen la flexibilidad suficiente para poder ofrecer chubasqueros cuando julio trae aguaceros y camisetas de manga corta cuando el cambio climático sube los termómetros en octubre, entonces, habrán ganado. Y si, aun así, caen las ventas, las respuestas estarán en la calle, no en el cielo.

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