Le informamos que en esta Web utilizamos cookies propias y de terceros para recabar información sobre su uso, mejorar nuestros servicios y, en su caso, mostrar publicidad mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Puede aceptar expresamente su uso pulsando el botón de “ACEPTAR” o bien configurarlas y seleccionar las cookies que desea aceptar o rechazar en los ajustes. Asimismo, puede obtener más información sobre nuestra política de cookies aquí.

 

 

Este sitio web utiliza cookies para proporcionar una mejor experiencia de usuario. Usted puede ajustar sus preferencias o retirar su consentimiento a determinadas Cookies en cualquier momento. Nosotros tratamos los datos personales obtenidos a través del uso de Cookies (como por ejemplo cookies propias o de terceros) para las finalidades descritas en el Aviso de Privacidad y en la Política de Cookies disponibles en nuestra página web. Para consentir el uso de Cookies y acceder a la página web, pulse “Acepto”.

Líder en información económica del negocio de la moda

29 Sep 202005:41

Piove, porco Governo

 

Un hotelero, un campesino y un empresario del negocio de la moda. Todos tienen en común un enemigo: el tiempo. Los responsables de hoteles justifican que, sin sol, los turistas no pernoctan en sus establecimientos a pie de playa. Los campesinos, que las lluvias arruinaron su cosecha. Y los directores generales de empresas de moda, que cuando el verano se alarga entrado septiembre los abrigos se acumulan en las tiendas.

 

El lamento al clima es una constante en el negocio de la moda desde hace décadas. Pero a veces el sector, el mismo que ahora debate fervientemente sobre el see now, buy now, parece querer olvidar una cosa: las temporadas hace tiempo que han muerto. 

 

Antes de que el fast fashion irrumpiera en las calles y los armarios, la moda se estructuraba en dos temporadas, según las estaciones: otoño-invierno y primavera-verano. Los clientes acudían dos veces al año a las tiendas, hiciera el tiempo que hiciera, para equiparse para los próximos seis meses.

 

El problema ahora no es que esas estaciones sean cada vez más difusas, que lo son, sino que la gente, simple y llanamente, se ha acostumbrado a la inmediatez, a la compra por impulso, a comprar lo que quiere cuando lo quiere y no cuando lo decide el calendario del sector.

 

Empresarios de la moda: dejemos de culpar al tiempo. Asumamos de una vez por todas que septiembre será cada vez más cálido, pero que si tienen la flexibilidad suficiente para poder ofrecer chubasqueros cuando julio trae aguaceros y camisetas de manga corta cuando el cambio climático sube los termómetros en octubre, entonces, habrán ganado. Y si, aun así, caen las ventas, las respuestas estarán en la calle, no en el cielo.

...