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22 Nov 201704:47

La moda española como alternativa al ladrillo

Estos días de Debates del Estados de la nación y de fórmulas mágicas para arreglar la economía española, los tópicos se reproducen y se vuelve a hablar de economía del conocimiento, de cambio del modelo productivo y de desenladrillar lo que está enladrillado. El que lo consiga, obviamente, buen desenladrillador será.

Desde Modaes nos gustaría lanzar una propuesta que no se parecerá a las demás, a las del tipo "hay que invertir en I+D", pero no diremos en qué sector en concreto o los diremos todos, que es como no decir ninguno. Parece evidente que en tiempos de escasez de recursos públicos hay que focalizar los esfuerzos.

Si la clave es cambiar el modelo productivo y salir del círculo vicioso hipotecas/promoción inmobiliaria, el sector de la moda es una alternativa. Porque lo peor que puede hacer un país es engañarse y pensar que podrá acostarse una noche en Marina d'Or y despertarse la mañana siguiente en Silicon Valley.

En cambio tenemos un sector ya implantado, con fuerte componente tecnológico, altamente internacionalizado (exporta el 70% de su producción), que genera empleo (cerca de 220.000 personas incluyendo subsectores como la piel, el calzado y la cosmética, según datos de Esade) y factura más de 27.000 millones anuales.

Además, las grandes empresas que pueden hacer de locomotoras del sector tienen sus centros decisión aquí y no fuera de España, como sucede con el automóvil, que en los últimos tiempos está copando todas las ayudas a la industria.

Inditex, Adolfo Domínguez, Mango, Cortefiel, Puig, Pronovias, Tous y Camper (por señalar sólo los más destacados en cada segmento de actividad) están dando guerra en la competición con los gigantes de la moda en todo en el mundo. Y algunos de estos grupos facturan mucho más de 1.000 millones de euros anuales.

En una economía española dependiente en exceso de la banca, de los antiguos monopolios privatizados vinculados a la tarifa y del sector de la construcción parece que no ha pasado nada desde la transición. Pero el verdadero cambio es ese sector de la moda que ha florecido donde no parecía posible.

El dinero nuevo está ahí. El cambio está ahí. Podemos desgañitarnos haciendo parques industriales pero Google no vendrá a instalar en ellos su división para el sur de Europa. Las oportunidades para el aeroespacial o la informática nos pillan a desmano y son ajenas a nuestra tradición industrial.

Algunas ideas. En vez de tanta pasarela autonómica, a lo mejor serviría un verdadero plan de la moda para apoyar exportaciones, plataformas logísticas comunes, investigación de nuevos materiales, centrales de compra y crear vehiculos de capital riesgo que permitan la profesionalización y el crecimiento de los nuevos diseñadores.

¿Quizá un eje Cataluña-Galicia, a despecho de las diferencias políticas, porque son estas dos comunidades autónomas donde se concentran el mayor número de empresas y de ocupados del sector?

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