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29 Sep 202006:50

H&M y Bangladesh, o por qué el norte es el norte

Karl-Johan Persson Bangladesh

 

El escritor Stieg Larsson, autor de la saga de novela negra Millenium, puso en evidencia, para alivio de muchos, algunos claroscuros propios de la sociedad sueca. Suecia y, en general, los países nórdicos, no son ninguna utopía perfecta.

 

Aun así, Suecia, Finlandia y Noruega aparecen una y otra vez como los países más avanzados del mundo en términos de educación, sanidad o apuesta por las actividades económicas de alto valor añadido. A muchos en el sur nos gustaría que nuestro sistema político y económico incorporase las mejores cosas de los colegas escandinavos, sin negar que, por supuesto, en el Mediterráneo también tenemos cosas buenas.

 

Esta semana H&M ha dado otra lección de cómo una gran multinacional del norte actúa en aspectos tan sensibles como el aprovisionamiento en países del tercer mundo. El mismo consejero delegado del grupo, nada menos, reservó unos días de su agenda para visitar Bangladesh, donde hace un año y medio se produjo una de las mayores tragedias industriales de la historia en un edificio donde se fabricaban, precisamente, prendas para la gran distribución. Karl-Johan Persson se reunió con patronales, sindicatos y autoridades del Gobierno bengalí y mostró su compromiso con un país que tiene en la industria de la confección una oportunidad de desarrollo económico y social.

 

En Etiopía, donde el grupo sueco proyecta levantar un nuevo polo de aprovisionamiento (interesado por supuesto por sus bajos costes laborales), H&M se ha aliado con un grupo de inversión, Swedfund (controlado por el Gobierno sueco), para promover el desarrollo de los proveedores necesarios para que el grupo de moda pueda mantenerse en el país a largo plazo. Es otra demostración de una forma de hacer las cosas.

 

La moda, como un sector económico importante y fuertemente globalizado, tiene una gran capacidad de influir en aquello que le rodea: un mundo con muchos problemas y muchas necesidades. Más allá de los códigos éticos y los programas de RSC, cada empresa elige a quién implica en todo esto. No está mal cuando quien toma la palabra es el consejero delegado.

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