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22 Oct 201717:34

Grecia, banca y moda

La economía española atraviesa uno de los momentos más difíciles de su historia reciente. Atenazada por problemas estructurales y coyunturales, España sufre con crudeza el impacto de la crisis financiera internacional y ha sido marcada por muchos como una de las candidatas a seguir a Grecia como Estado insolvente.

Más o menos acertada, esta imagen tiene una traducción económica muy negativa para las empresas españolas: encarecimiento y mayor dificultad de acceso al crédito debido a lo que ha venido en llamarse riesgo país. La financiación es la gasolina de una empresa, el combustible que le permite, siempre y cuando sea viable, transformar unos elementos hasta convertirlos en otra cosa distinta y de más valor. Y es fácil comprender que el encarecimiento y las dificultades para obtener esta gasolina dificultan la creación de valor. Sin financiación no hay empresas viables y, con toda seguridad, muchos proyectos españoles viables se habrán perdido por el camino por esta falta de recursos.

La crisis es, sin embargo, también un momento de cambio, una situación que puede llevar a la transformación de valores y patrones. Con respecto al crédito, esta transformación debería beneficiar a los proyectos de patrón tradicional, basados en la creación de valor más que en los aspectos especulativos. Así se dijo en los primeros momentos de la crisis, cuando el mundo manifestaba con vehemencia que se tenía que acabar con las culturas del pelotazo que nos habían llevado a la situación actual. Las empresas que crean valor por sí mismas a medio y largo plazo, más que aquellos proyectos de naturaleza especulativa, debían ganar protagonismo, ser los elegidos de la nueva etapa de crecimiento económico.

Muchos de estos proyectos están en el sector de la moda, donde España ocupa ya una posición de liderazgo mundial gracias a empresas basadas en la innovación constante para posicionarse en un entorno de extrema competitividad. Y no faltan las nuevas iniciativas, de empresas jóvenes y de aquellas más consolidadas y que buscan, por ejemplo, abordar el crecimiento internacional.

Por supuesto que existen fracasos, concursos de acreedores y otras situaciones de dificultad para las empresas de moda. No todas las empresas del sector son viables y es difícil, para el sector financiero, separar el grano de la paja en una situación en que la disposición de recursos para prestar a las empresas es más limitada que nunca. Hay que evaluar riesgos y posibilidades de rentabilidad, y acertar, ya que de ello depende el éxito o el fracaso de una entidad financiera.

Como en cualquier otro sector, en la moda española hay proyectos buenos y malos, viables e inviables, y el sector financiero debería ayudar a distinguirlos para que la necesaria prudencia no conlleve una dramática pérdida de oportunidades. Hay poco crédito para la banca española y debe pagarlo a un precio más alto, sí, pero también es cierto que el motor debe seguir girando para que la economía, y los propios bancos, funcionen.

Los buenos bancos deberán saber apreciar, en mitad de la tormenta económica actual, que el sector de la moda es una reserva de oportunidades para el crecimiento económico a largo plazo. Y también deberán ser acertados en la evaluación de proyectos. Por ello, la banca española debería conocer a fondo el sector de la moda y ayudar al sector a salir adelante.

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