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17 Oct 201818:58

El capital riesgo no es para todos

El capital riesgo no es para todos

 

 

El capital riesgo pasó de no estar siquiera entre las opciones de financiación de la moda española a ser el objetivo de muchas empresas del sector. Operaciones exitosas dentro y fuera de las fronteras hicieron que los empresarios comenzaran a ver a los fondos de inversión como una vía rápida para acelerar su expansión, y el capital riesgo se dejó seducir por un sector con mucho flujo de caja y que responde rápido a las inyecciones de capital.


Desigual y El Ganso prometían sumarse a ese club de las grandes operaciones; de compañías que, gracias a la gasolina de un socio externo, logran romper nuevos techos de facturación y consolidar su modelo en todo el planeta. Pero, en lugar de eso, han terminado por convertirse en dos ejemplos de que el capital riesgo no es para todos.

 

Los fondos buscan resultados a corto y medio plazo, esperan que su dinero permita escalar el modelo y que el retorno sea rápido. Pero un sector como la moda no siempre puede ofrecer eso, y más en un momento en que la industria se encuentra en plena transformación y la vieja fórmula de duplicar tiendas para duplicar facturación ya está caduca.

 

 


 

Desigual y El Ganso también se encontraban en un punto de inflexión, y quizás lo que necesitaban era más un paso atrás para replantearse quiénes querían ser y no inyecciones de capital para seguir escapando hacia delante, acelerando para procurar dar resultados a sus socios sin pensar en el largo plazo.

 

A las dos retiradas se suma, además, la operación fallida de Bimba y Lola, otra de las grandes promesas, que fracasó en su segundo intento de seducir al capital riesgo y dejó en nada que la se esperaba que fuera la gran operación del verano.

 

El riesgo es que, igual que operaciones como la de Pepe Jeans motivaron una oleada de inversiones en el sector, el hecho de que Desigual y El Ganso hayan dado ahora marcha atrás puede hacer que el capital riesgo empiece a recelar de la moda española, y que todas las operaciones que estuvieran gestándose terminen en nada. Por el momento, después de años con muchas compraventas, 2018 se cerrará con al menos una operación cancelada y dos retiradas.

 

Los fracasos son malos para todo el sector, y evitarlos no siempre es posible. Pero quizás las decisiones de Meyer y los Cebrián ayuden a que los empresarios entiendan que no todos pueden marcarse un Monclery no pasa nada. Que la moda (menos mal, porque ahí está lo divertido) poco tiene que ver con las matemáticas, y que a veces es más importante pensar en cómo seguir siendo relevante en diez años que en duplicar la facturación en tres.

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