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20 Nov 201816:26

Moda: muchos comensales para poco pastel

Moda: muchos comensales para poco pastel

 

 

 

Después de un período de recuperación, han aparecido nubes inquietantes en el panorama del retail de moda: dudas sobre la sostenibilidad del actual parque de tiendas, redefinición de sus funciones, el coste de integrar el online y offline en todo el proceso, etc.

 

Pero lo más preocupante actualmente es la cifra de ventas ya que  ésta muestra claros signos de debilidad. Como confirma el Indicador del Comercio de Moda, en un entorno cada vez más volátil, lo que sube un mes se pierde en el siguiente.

 

Un pastel algo escaso

El problema básico del mercado de la moda es que se fundamenta en un consumo estable a largo plazo ligado a la evolución del producto interior bruto (PIB), aunque el consumo de ropa (vestido y calzado) crece en menor proporción que el PIB. Así, en la Unión Europea (UE), el PIB se ha multiplicado por 2 entre 1995 y 2017 mientras que el consumo de vestuario lo ha hecho en un 1,6. En los países desarrollados esta relación se repite como sucede en los Estados Unidos y el Japón.

 

Este resultado es lógico si tenemos en cuenta que en el período señalado han crecido otros consumos. Algunos son de forma explosiva y han atraído el interés de los compradores: teléfonos móviles, internet, automóviles, vacaciones o turismo, comidas fuera del hogar, etc. Así el consumo de ropa ha pasado del 6% del consumo familiar en la UE en 1995 al 5% actual. En España ha seguido esta misma tendencia y representa el 4,5% del total.

 

En los últimos años ha habido una recuperación del consumo de ropa.  Pero parte de este avance se ha debido a que, durante la crisis, se aplazaron muchas compras, y cuando se ha consolidado la mejora económica, se ha ido reconstituyendo el stock de vestuario del consumidor. Esto ha representado una demanda adicional a la normal.

 

También el textil se ha beneficiado de unos precios a  la baja, de tal manera que, mientras el IPC general ha crecido un  1,1% anual entre 2010 y 2017, el apartado de vestuario sólo lo ha hecho en un 0,3%, lo que, sin duda, ha motivado al consumidor.

 

Naturalmente, el mercado es diferente en  los países emergentes. Primero, por tener un crecimiento más elevado de su economía, y también por el efecto dinamizador de  la introducción de  estructuras comerciales más modernas y el afán por los artículos de moda entre los consumidores.

 

Nubarrones en el horizonte

El lento crecimiento del mercado de vestuario se enfrenta con la creciente afluencia del número de ofertantes en el mismo. La recuperación del sector ha atraído a nuevas empresas y ha impulsado los planes de expansión que habían quedado aplazados, con todo ello ha aumentado la superficie comercial y la competencia.

 

Por otra parte, la situación actual presenta diversos focos de incertidumbre: aumenta la inflación (2,1% IPC en mayo), el petróleo se sitúa en los 75 dólares por barril (+55% en un año), los tipos de interés tenderán al alza después de que el Banco Central Europeo (BCE) anunciara que retirará su política de estímulos monetarios a finales de año, las fibras textiles, como otras materias primas, se encarecen, crecen las reivindicaciones salariales, etc.

 

Por todo ello, es lógico prever un enlentecimiento del crecimiento económico en 2019 y 2020, con lo que el panorama para el retail de moda se complicará: menos consumo con  un equilibrio costes/precios (márgenes) muy crítico.

 

Así el mercado se está convirtiendo en una constante toma y daca entre un mayor número de empresas por una porción del pastel, aunque la desigualdad de posiciones es evidente ya que, como se dice vulgarmente, “unos comen en el plato y otros recogen las migajas”.

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