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26 Abr 201709:54

Guerras en las que nadie gana

 

 

Los países vecinos suelen tener controversias comerciales entre si y hay ejemplos destacados en las hemerotecas. Sin embargo, se ha avanzado en la creación de acuerdos regionales que facilitan los intercambios generando así beneficios mutuos para los participantes. Un logro importante fue el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) más conocido por sus siglas en inglés, NAFTA. Este acuerdo entre Estados Unidos, Canadá y México, que entró en vigor en 1994, siempre ha sido valorado como un éxito por sus efectos favorables en forma de incremento de las relaciones comerciales y de las inversiones.

 

 

La llegada de un nuevo presidente a la Casa Blanca ha puesto en duda estos beneficios, lo que no deja de ser curioso teniendo en cuenta las quejas de que este tratado confirmaba la supremacía económica de los EEUU sobre sus vecinos. Ahora el presidente Trump anuncia que “modificará” el acuerdo con Canadá y  cambiará la “extremadamente injusta” relación con México.

 

 

La  propuesta presidencial se basa en el proyecto fiscal republicano de establecer un impuesto en frontera (border tax) que han de pagar las importaciones. Con esta tasa se gravan los productos extranjeros y se beneficia a los americanos, no sujetos. De esta manera se piensa generar un aumento de la demanda de éstos y revertir parte de la pérdida de puestos de trabajo que han sufrido algunos sectores debido a la competencia exterior.

 

 

Los primeros análisis sobre las repercusiones del impuesto apuntan a unos efectos a corto plazo muy negativos: aumento del precio de los productos, menor consumo y reducción de los márgenes de las empresas. Dentro de los diferentes artículos de consumo, el vestido y el calzado es uno de los más afectados, según el estudio realizado por Ernst and Young para la Federación Nacional del  Retail (NRF, por sus siglas en inglés). El aumento de precios podría representar hasta 350 $ por persona y año sólo en el apartado de vestuario, lo que no es una buena noticia para el retail americano y su clientela.

 

 

La evolución del tema dependerá de si la propuesta fiscal del Partido Republicano se aprueba sin cambios o se introducen correcciones que suavicen su impacto. En la actualidad, los EEUU exportan 3.800 millones de $ de productos textiles, en especial tejidos, a México y allí la industria maquiladora los transforma en vestidos y ropa de hogar que vuelven hacia el norte por un valor de 5.000 millones de $. Según fuentes industriales, de este importe, los componentes americanos representan entre el 50 y el 70% del valor del producto acabado. Por tanto, un retroceso en la demanda norteamericana provocaría una baja de las exportaciones mexicanas (producto acabado) pero también de las estadounidenses a México (tejidos, accesorios, etc.).

 

 

El tema está sobre la mesa del nuevo Secretario de Comercio, Wilbur Ross, fundador de un fondo de inversión con intereses  en varios sectores y poco entusiasta de los acuerdos comerciales internacionales. El Secretario Ross también ha estado presente en el textil a través del International Textile Group (ITG) hasta finales del año anterior. ITG es un conglomerado vertical de empresas dedicadas a los tejidos para vestuario, denim, de protección, mobiliario y de automoción (air bags). ITG incluye empresas como la histórica Burlington, Cone Denim, Safety Components y Carlisle Finishing, con bases operativas en Estados Unidos, México y China. La cifra de negocios supera los 600 millones de $ con un empleo de 4.750 personas.

 

 

Esperemos que la experiencia textil del Secretario Ross y su pragmatismo empresarial eviten una posible guerra comercial en la que nadie gana, pues en un mundo global es difícil poner barreras a los otros sin que éstas provoquen también daños colaterales a tu propio país.

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