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25 Nov 201708:44

The Brandery: La feria de las vanidades

No hay como leer a los clásicos para entender las cosas de la vida, especialmente si son autores del siglo XIX, esa época en que la burguesía, por fin en el poder, quiso convertirse en la nueva aristocracia democrática.

Los catalanes, que siempre nos hemos considerado más cosmopolitas y modernos que el resto de los gentilicios de este país, resulta que somos también de lo más vanidosos en el mundo de la moda, puesto que organizar la Brandery con tan poco tiempo y en las actuales circunstancias de crisis, consiguiendo atraer a 113 marcas (sin especificar su perfil) -de las cuales un 45% internacionales según cuentan-, debe considerarse todo un éxito. Estaría bien conocer el importe detallado de la factura.

Mucha vanidad y poco savoir-faire en estos días del post fashion circus. Vanidad de los organizadores, por creer que esta feria está a la altura internacional; vanidad del Ayuntamiento por patrocinar un evento destinado a la obsolescencia con dinero público; vanidad de la agencia de comunicación del evento, por pasar por caja cada mes con cuatro ceros para tan escuálidos resultados; vanidad de algunas marcas made in Catalonia, por hacer promoción y no negocio.

A la consigna de rellenar espacio, en The Brandery la selección de las marcas se ha hecho sin ningún rigor, mezclando sin sentido conceptos bien distintos, desde el prêt-à-porter a la moda pronta, y un reportaje fotográfico hubiese sido más explícito que el escrito, pues, ya se sabe, una imagen vale más que mil palabras.

Marcas locales de protección oficial como Custo Barcelona, Desigual, Pepe Jeans, Armand Basi y Sita Murt no podían faltar por cortesía evidente, ocupando stands honoríficos, que para eso son marcas autóctonas. De invitada de honor ofició Ágatha Ruiz de la Prada ocupando metros sin más presencia que unos pufs muy monos y coloristas escapados de la feria del mueble de Valencia. Cada vez me fascina más la inteligencia de esta diseñadora, reina del merchadising.

Las instituciones amigas, como la Generalitat, también tenían su espacio reservado para poner de relieve las acciones que está llevando a cabo en el mundo de la moda, el Projecte Bressol, Be Physic y el 080 Barcelona Fashion, pero si los metros cuadrados abundaban, la presencia humana era inexistente y aquello parecía un barco fantasma.

A buen entendedor, poca presencia basta, parece ser. La unidad entre los organismos catalanes que manejan la moda todavía no se ha hecho realidad.

Esto de la moda urbana da para mucho, y como se esperaba un público internacional que brilló tan por su ausencia, como el 20% de sun publicitado, en la entrada recibía a los visitantes un market al aire libre, que va muy bien si quieres comprar los ingredientes para hacer un gazpacho, por ejemplo, que con tanto trabajo nadie pudo ir al súper estos días, ni siquiera al de El Corte Inglés. Un chiringuito muy gracioso, más digno de un pueblecito turístico que de una feria comercial.

Este tipo de montajes y otros menos trabajados -como el remedo de maniquís a lo Prada que sin ninguna gracia presidía una de las rampas- reinaba en el Palacio 7 de Fira de Barcelona, cobrando así mucho sentido la definición de la palabra feria, en su primera acepción, de la RAE: "Conjunto de instalaciones recreativas que se montan para una ocasión especial", D. Víctor García de la Concha puede estar orgulloso de que su institución siga limpiando, fijando y dando esplendor de forma tan pertinente incluso fuera de sus dominios académicos.

Pudo comprobarse que el post fashion circus fue utilizado por marcas enemigas para llevar a cabo su peculiar guerra de las bolsas, llevada al extremo por la asiática que ofertaba a diestro y siniestro, en la puerta de la feria, las bolsas de Desigual, como si de un mercadillo de pueblo se tratase. Custo Barcelona se hacía más de rogar y sólo te la daba si te acercabas a su stand, lo que ocurría sin esfuerzo, ya que, cual cancerbero, custodiaba la entrada.

El balance de The Brandery no es positivo, por mucho que se empeñen los organizadores en afirmarlo. En primer lugar, donde se prometió vanidosamente tener "las mejores marcas y los mejores compradores", dando por sentado que serían primeras espadas internacionales, no ha habido más que compradores locales y marcas de segunda fila, lo cual es muy respetable, pero no fue para eso para lo que se ha hecho la guerra a la Bread&Butter. Era de sentido común que éste fuera el resultado, ya que las fechas no permiten que otra feria se instale en un terreno ya plantado, y eso que venían con los gastos pagados.

En segundo lugar, estaría bien saber, ya que esta feria ha apostado sobremanera por el tanto por ciento, no cuántos compradores profesionales la han visitado, si no cuántos compradores han comprado. Que una cosa es visitar, y otra muy distinta comprar, es decir hacer negocio, que a eso se supone que iban, más allá del nice food y el shopping. El retorno de la inversión en P+M (Patrocinio+Mecenazgo, un nuevo concepto) del Ayuntamiento de Barcelona de los dos millones de euros está por desvelarse.

Una vez más, la creatividad de Barcelona y sus gentes queda patente. Según palabras del director de Fira, Agustín Cordón, The Brandery nació de una decisión tomada en cinco minutos, se gestó en cuarenta días y se comercializó en tres meses. Vamos, aprisa y corriendo, que es la metodología a seguir si se quieren hacer bien las cosas, porque rigor y profesionalidad no hacen ninguna falta cuando lo que se quiere es quedar bien en los medios y derrochar dinero público.

Pero la marca Barcelona no es lo que era, aunque desde el Ayuntamiento se empeñen en vender esta ciudad como referente de moda, diseño, vanguardia y cosmopolitismo. Tal y como me dijo no hace mucho un profesional del periodismo, hay que cambiar el tiempo verbal: Barcelona no es referente de moda, diseño, vanguardia y cosmopolitismo, Barcelona fue. Y The Brandery no es más que una prueba de ello. ¿Por qué nadie ha sido capaz de concebir un evento innovador en vez de fusilar lo ya existente? Que yo sepa, la cultura china dista mucho de estar tan asimilada todavía, aunque todo se andará.

Barcelona ha vuelto a desaprovechar una oportunidad más. En vez de reflexionar y concebir una estrategia innovadora y de futuro, ha optado por calcar lo ya hecho, que, ni de lejos, está a la altura de la Bread&Butter. Quiere convertirse en la feria de la moda urbana del Sur, olvidando que en la dialéctica Norte-Sur, el Sur siempre suele salir perdiendo. Mejor hubiera sido reflexionar más de cinco minutos y concebir un evento más interesante que una feria de segunda fila, porque para reunir a los compradores locales ya existe en Sant Quirze del Vallès (Barcelon) un precioso centro de negocios -el Barcelona Moda Centre- que bien estaría aprovecharlo.

El Ayuntamiento amenaza con que la participación pública seguirá presente hasta que, según palabras del Excelentísimo Señor Alcalde de Barcelona, Sr. Jordi Hereu, The Brandery vuele y se consolide, es decir, hasta que sea rentable. Me pregunto cuántos años podrá mantener su palabra (¿hasta las próximas elecciones?), no sea que le pase lo mismo que a Bernard Arnault con Christian Lacroix, que se cansó de esperar -después de 18 años de pérdidas- y acabó vendiendo la marca, hoy al borde del cierre.

Política y envanecimiento siempre van de la mano, y en el mundo de la moda parece ser que más. Si Thackeray levantara la cabeza podría ir al circus de la post fashion a meditar sobre la vanidad humana. Vanitas vanitatis et omnia vanitas.

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