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21 Nov 201722:16

#Lodelawintour, el mausoleo de profesores y la europea

#Lodelalawintour, el mausoleo de profesores y la europea

 

 

Llevo casi un año sin escribir en este blog no porque la moda no me dé cuestiones sobre las que reflexionar, sino porque mi tesis doctoral me ha vampirizado de tal manera, que he tenido que abstraerme del mundanal ruido todo este tiempo. Pero ya está depositada, ahora sólo me queda preparar su defensa, y mientras tanto soy una mujer libre de nuevo.

 

Tenía planeada hacer mi rentrée con un post sobre muchas de las cosas interesantes que he aprendido escribiendo la tesis, que me apetece mucho compartir sobre Coco Chanel, el concepto de marca y la marca personal. Pero va a tener que esperar: la Wintour ha pisado España.

 

Anna Wintour: editora jefe de Vogue USA y la mujer más influyente de la industria de la moda. A lo largo de su carrera ha tenido varios apodos que han definido muy bien sus maneras: editora del infierno (en Viva), Nuclear Wintour (en Vogue UK) e Icy Queen en su actual revista. Aunque la biografía de Wintour no tiene desperdicio, lo más importante es que desde 1988 lleva imprimiendo su sello classy a la revista faro de la moda, y convirtiendo por su divina gracia a diseñadores desconocidos en estrellas, como hizo en su día con John Galliano, Marc Jacobs o Alexander Wang.

 

A pesar de que yo soy más de Menkes que de Wintour, comparto con ella signo zodiacal y admiración por Ralph Lauren, y me fascina la determinación por conseguir sus objetivos de la que ha hecho gala toda su vida. Será que en eso me recuerda a Coco.

 

Dicho esto, voy a las dos cosas que me interesa remarcar: las obviedades que vino a explicar el lunes ante su audiencia en el Museo del Traje; y el catetismo que sentimos los españoles (y voy a incluirme para poder criticarlo) ante cualquier celebrity.

 

Vamos a ver, y, perdonen la inmodestia, pero la clase magistral, como la llaman algunos medios, que vino a dar la Wintour la podría haber dado yo o cualquier profesional del sector sin problemas. Tomo como referencia las perlas que publicaron en El País:

 

- “Hoy la moda es más democrática que nunca.” Gracias, señora. Welcome at Inditex country. Si usted no lo dice, no nos hubiéramos enterado.

 

- “Es un buen momento para trabajar en moda porque con Internet es más fácil hacerse famoso.” Pues claro. La Red está para quien sabe utilizarla con coherencia y los pequeños tienen las mismas herramientas que los grandes.

 

- “No hay que seguir las tendencias porque hoy no existen. Sólo cabe ser distinto.” Gracias, Mrs. Wintour. Welcome to branding age.

 

Parece que la audiencia de la papisa de la moda, estudiantes de diseño y periodismo de moda y el equipo de ACME casi al completo, escuchaba extasiada cada palabra. Me gustaría saber por qué no nos escuchan a los demás, los que llevamos años diciendo lo mismo y, perdonen ustedes, cosas mucho más interesantes. La reiterada pregunta sobre la fórmula mágica para triunfar en la moda dio como resultado otra respuesta claramente obvia: no dejarse influir por ningún estilo y saber desde el principio lo que hay que hacer. Imagino el asombro en la sala ante tamaña revelación, más que nada porque para muchos de los reunidos seguramente “saber desde el principio lo que hay que hacer” sí fue todo un descubrimiento.

 

Wintour tuvo también consejos para los españoles allí reunidos: estar al día de las últimas tecnologías, viajar y trabajar para otros, que aprender el oficio lleva como mínimo diez años. Muchas gracias again por su sensatez, que aquí es algo de lo que no vamos sobrados.

 

El colofón lo puso su reflexión sobre la moda europea, muy creativa pero sin vertiente empresarial, a diferencia de la norteamericana, que se enfoca “a la mujer que se viste todos los días”. ¿Soy yo o aquí dejó una pullita muy velada?

 

Vaya de antemano mi respeto por una señora que dicta lo que medio mundo va a vestir. No es fácil ser la Wintour, y hay que reconocerlo. También diré que es una señora muy lista, y tonterías no dijo ninguna. Sólo obviedades, sin mojarse en ningún momento, porque tampoco era su intención: por eso no había periodistas. Me recuerda todo muy a D. Mariano: un plato es un plato, un vaso es un vaso, y el plasma me viene muy bien para soltar mi rollo sin que me pregunten.

 

En mi speech de bienvenida al curso, mis exalumnos lo saben, explico todo eso y bastante más sobre cómo funciona el mundo de la moda, sobre todo dos cuestiones fundamentales para responder a la fórmula mágica. Para triunfar en la moda se necesitan dos cosas: talento y dinero. Y no hay más.

 

Talento para saber que, si eres un diseñador, hacer tus cositas (como yo llamo a diseñar) simplemente no te va a llevar muy lejos. Porque hoy el producto es casi lo de menos (parto de la base que sabe lo que hace, claro), lo que más cuenta es saber por qué lo haces y para quién (de verdad) lo haces. Dos cuestiones no tan obvias para una gran mayoría de diseñadores todavía hoy, que olvidan (o desconocen) que, una marca (aunque lleve su mismo nombre) es algo externo a ellos, con una dinámica propia de funcionamiento, y que debe tener un significado preciso. Doña Anna lo sabe, por eso puso como ejemplo a Ralph Lauren, uno de los ejemplos perfectos.

 

El dinero es fundamental, y suele ser de lo que más se carece en este mundillo. Y ojo que no he dicho mucho, sino simplemente dinero. ¿Cuánto? El necesario según objetivos y planteamientos. Hubiera estado muy bien que Mrs. Wintour hubiera preguntado a los diseñadores asistentes cuántos tenían un business plan y lo utilizaban para corregir los desvíos en su negocio. Dinero se necesita porque si tienes claras las premisas anteriores, has de comunicar el mensaje de la marca coherentemente y has de hacer crecer el negocio. Y eso, gratis no es. La moda es un negocio caro, y por eso yo fui exdiseñadora pronto. A diferencia de otras biografías, mi familia no se podía permitir invertir en la niña, y yo no disponía de un novio rico. Ni falta que me hacía: me reconvertí pronto.

 

Si tienes talento, lo cual incluye mucho más que saber diseñar, sabes que necesitas dinero. Y si no lo tienes, búscate un padrino o una madrina que te ayuden a encontrar un inversor. Ojo, no es fácil, lo sé, porque la moda es una guerra no sólo comercial, sino también de egos. Y ahí lo dejo. Pero nada es imposible. Cabría preguntarse entonces por qué en España muchos diseñadores están donde están desde hace harto tiempo.

 

Nadie de los futuros periodistas allí presentes tuvo la valentía de hacer preguntas que la invitaran a mojarse, me dice una insider que reinaba un silencio sepulcral. Así a bote pronto, se me ocurre que le hubiera preguntado por qué, si cree que si España es estampados y color, Custo es una marca agotada, aunque siga desfilando en Nueva York, y Desigual ha empezado a tropezar al abusar de ese filón. Creo que ambas marcas son para “la mujer que se viste todos los días”.

 

O por qué, si hablamos de estilo, no le ha dado por proteger a DelPozo ahora que Josep Font es su director creativo y también desfila en NY, y el estilo propio le sobra. O a Sybilla en su momento, otra promesa incumplida de la moda española. ¿No tienen un estilo suficientemente propio? ¿No será que en España el único lobby que funciona es el de Inditex? Por supuesto, Wintour puede apadrinar a quien considere, ¡válgame dios!, pero como nadie preguntó, yo conjeturo.

 

Eso sí, le estaremos muy agradecidos por echarle un cable en su peor momento a Miguel Adrover, a pesar de que ahora casi nadie hable ya de él. Otro caso que pudo ser y no fue, por desgracia. Y así, el talento español seguirá encarnado a nivel internacional en el finado Balenciaga, hoy marca apellidada Kering.

 

Me fastidia el catetismo patrio a lo Mr. Marshall que ejercemos ante el figurón que viene por compromiso a darnos unos cuantos consejillos. Quiero creer que más de uno (espero, sobre todo, los futuros diseñadores y periodistas) saldría de la clase magistral rojo de vergüenza ajena. Llámenme ingenua.

 

Y es que el tema celebrity los españoles lo llevamos francamente mal. Nos obnubila el entendimiento, y hay siempre quien se aprovecha de ello, como algunos cursos capitalinos de mucho lujo y mucha moda que venden los profesionales “a peso” porque dan lustre a su página web.

 

Me explico: hace poco me escribió una exalumna muy contenta porque se iba a matricular en dicho curso, y había visto que yo era una de las profesoras y quería expresarme su contento. Extrañada, porque efectivamente yo había dado clase en él pero de eso hacía más de tres años, fui a verificarlo y sí, ahí estaba yo con mi foto y mi CV actualizados. Acto seguido escribí pidiendo una explicación y me contestaron que sí, claro, estaba ahí porque “había sido profesora en alguna de sus ediciones” y porque “el calendario todavía no estaba cerrado”.

 

Un curso que se publicita con un plantel de más de cincuenta profesores (yo no llegué a tener tal número ni en cinco años de carrera) de lo más reputados, eso sí, pero que no especifica en su programa cuáles de ellos son los que lo impartirán, disculpen ustedes, es un acto de mala fe, y una innovadora manera de embaucar al personal. Pero en España y en el territorio comanche de la moda, cuela. Evidentemente, hice que descolgaran mis datos. Dirijo cursos desde hace muchos años, y para mí el profesorado es fundamental, y nunca lo utilizaría “a granel”. Y porque no hay curso que se precie que no especifique quiénes son sus profesores en activo.

 

Buñuel retrató muy bien a los españoles, y no olviden ustedes que la picaresca es fruto de la creatividad patria. Anoche #lodelaWintour sirvió para echarme unas risas en Twitter, pero fue por no llorar. En esa reunión faltaba D. Mariano preguntándole Doña Anna: ¿Y la europea? Porque a él, estilo propio le sobra.

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