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30 Abr 201711:08

Señores de la moda, tenemos sobrepeso ¿Y qué?

Señores de la moda, tenemos sobrepeso ¿Y qué?

 

 

 

Andaba yo a la búsqueda de inspiración para cumplir con mi compromiso con este rincón, deambulando entre el Día Internacional de la Mujer, el futuro con China como economía de mercado, las consecuencias del Brexit para el sector textil o los candados al libre comercio de Donad Trump, y me he dado cuenta de que la solución estaba en la tribuna de al lado.

 

Pidiendo permiso de antemano, voy a aprovechar alguna de las claves del altavoz de Nacho Espada (“Entre el mal gusto y el delito en la publicidad”) para utilizar parte de su mensaje como pista de despegue e hilar mi discurso respecto a un asunto al que le tengo ganas desde hace tiempo.

 

Resulta que, según se desprende de los informes que manejan las instituciones que cuidan de la cosa, en España nueve de cada diez adultos entre 25 y 60 años o bien tienen sobrepeso o bien tienen un peso normal, siendo cuatro de cada diez los que pueden considerarse como pasados del peso supuestamente adecuado.

 

Muy bien. Somos lo que somos y falta un rato para que nuestras costumbres sean más saludables y consigamos una nota media deseable. Así que uno no termina de comprender por qué las marcas y las grandes cadenas de la moda desprecian a la gran mayoría de la población y nos bombardean con anuncios que muchas veces causan sonrojo en cualquier mortal con un mínimo sentido común.

 

Esta actitud es mucha más criticable si nos ceñimos a la moda femenina, por el efecto pernicioso que tiene en niñas y jóvenes, caldo de cultivo ideal para falsos mitos, influencers sin escrúpulos y defensores del pensamiento único en lo que a belleza se refiere.

 

Y aquí me dejo lo políticamente correcto en el desván durante unas líneas y me pongo los guantes de boxear, porque la industria de la moda, los diseñadores, las marcas, los medios de comunicación y todo el que tenga un papel estelar o sea mero figurante en esta historia tiene una responsabilidad de la que no se puede evadir.

 

Así que dejémonos de historias, cambiemos los cánones y asumamos nuestra responsabilidad. Nuestros clientes son gente normal que quiere vestir bien, tengan la talla que tengan, y nos debemos a ellos. Es hora de estar orgullosos de lo que somos y de ponernos al servicio de esos clientes que, digan lo que digan los gurús de los trapos, no entran en las tallas que se proponen como ideales.

 

Y además, no somos nadie para medir el glamour de otros. 

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