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10 Abr 202001:45

Reflexiones durante y para después de la tormenta

Reflexiones durante y para después de la tormenta

Imagen de la colección Kaspar Hauser de Ana Locking. Foto: Pablo Paniagua

 

Nunca hasta ahora había escrito con tanta incertidumbre, y eso que soy ya mayorcita y he tenido que escribir bastante. Quisiera poner sobre la mesa lo que esta crisis va a suponer para el sector de la moda española de autor, y tengo la sensación de que mis palabras se van quedando viejas conforme las tecleo… La situación es casi impredecible y difícil de evaluar a todos los niveles vitales, pero en cualquier caso me voy a arriesgar a hablar de lo que me corresponde.

 

Al inicio de la crisis del Covid-19 preguntamos a nuestros asociados de qué manera le estaba afectando a sus negocios. En algunos puntos, pasados simplemente unos pocos días, las respuestas ya han quedado obsoletas: “ha descendido el volumen de mis ventas en casi un 60%”, porque ahora es ya casi de un 100%”. Y es que, sin querer hacer un relato de tipo “Apocalipsis Zombi”, la realidad supera a todo tipo de ficciones, incluidas las científicas.

 

Lo que está claro es que la industria de la moda se encuentra entre las más perjudicadas por esta crisis. Y no sólo, que también, porque estemos confinados en casa, sino porque el miedo a una recesión más que probable hace que la gente aplace sus compras de bienes y servicios que no son de primera necesidad, por lo que el consumo se retrae al mínimo.

 

 

 

 

Como nos explicaba otra de nuestras marcas asociadas, las entregas de los proveedores de tejidos y fornituras se retrasan debido a la declaración oficial de esta pandemia, especialmente en países como Italia, un importante proveedor de materiales para las empresas de moda españolas.

 

Por otro lado, la cancelación de eventos, caída de visitantes en ferias y showrooms de venta internacionales como Tranoï o Première Classe -estas, celebradas en París a finales de febrero, tuvieron una disminución de compradores de un 20% y un 33% respectivamente- supone para las marcas la anulación de reuniones con clientes mayoristas internacionales y, por lo tanto, la cancelación total de pedidos.

 

Por si esto fuera poco, varias ferias de moda directamente han cancelado o aplazado las ediciones que tenían previstas. Especialmente grave es el caso de las especializadas en moda nupcial, un importante soporte para nuestro sector. En Madrid se ha cancelado la pasarela Atelier Couture, prevista para el 24 de marzo. En Italia se espera la cancelación de la pasarela y feria internacional Sposaitalia, prevista para el 17 de abril, y veremos qué ocurre con Valmont Barcelona Bridal Week, uno de los eventos de moda más importantes en nuestro país y de una gran relevancia internacional.

 

 

 

 

 

Las colecciones de novia y fiesta, al contrario que el resto de colecciones de moda, son anuales y no semestrales, por lo que el hecho de posponer las fechas de ferias y pasarelas de este sector supone la pérdida completa de una campaña anual. Y tampoco podemos obviar el hecho de que las empresas de moda de autor están en temporada alta: los meses que van de abril a junio es época de bodas, bautizos y comuniones, y que en ese trimestre se tambalee la economía del país, afecta de una manera catastrófica a su modelo de negocio.

 

A todo ello se suma la pérdida de grandes herramientas de promoción y comunicación para las marcas, con la cancelación de importantes eventos para el sector como el Festival de Cine de Málaga y eventos de las revistas de moda que han sido pospuestos.

 

Podríamos seguir -no es menor el problema de la pérdida de empleos asociada a la disminución drástica de la facturación-, pero creo que con esto ya se vislumbra la situación a la que vamos a tener que enfrentarnos en un futuro próximo, y hablar de ello no es una cuestión de pesimismo estructural, porque sólo analizando los problemas podemos llegar a encontrar las soluciones.

 

 

 

 

Esta crisis posiblemente cambie muchas cosas, y una de ellas quizás sea los hábitos de consumo, y ahí precisamente es donde se encuentra una ventana de oportunidad. Por un lado, ya durante estos días algunas firmas nos han comentado el ligero aumento de ventas a través de su canal online, directamente relacionado con el hecho de no querer exponerse a contactos y en consecuencia a posibles peligros de contagio. ¿Nos quedará el miedo y seguiremos comprando de esta forma cada vez más? Seguramente.

 

De otra, el consumo responsable -la crisis sanitaria y la climática nos abocan a ello- está íntimamente ligado a lo que son y representan las firmas de moda de autor, que plantean un modelo ligado al slow fashion que pone en valor la calidad y el diseño; que incorpora la artesanía como parte de su discurso de futuro y los procesos artesanales o semi-artesanales de confección basados en la tradición; que trabaja con producciones cortas y por lo tanto diferenciadas; que fabrica en proximidad, con la consecuente potenciación del empleo, y que basa sus colecciones en el uso de tejidos nobles y duraderos, entre otras cosas.  ¿Hay algo más sostenible entonces que este tipo de empresas?

 

Decía Modesto Lomba recientemente, hablando de nuestro sector, que este es “momento para el compromiso, con nuestro entorno y con nuestro oficio; tiempo para creer más que nunca en la enorme capacidad de nuestros creativos, artesanos y profesionales y concienciar al consumidor de que el Made in Spain es el camino hacia una industria de la moda más saludable.” Yo también añadiría que es momento para la innovación, para pensar y tratar de reinventar los discursos y los procesos y para ofrecer a los consumidores nuevos valores. Y lo que habrá que hacer sí o sí, indudablemente tanto desde el ámbito de lo público como de lo privado, es desarrollar una política de estímulos y un plan de incentivos para después de la tormenta.

 

Y de momento, salud para tod@s

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