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16 Dic 201716:02

Céline y su campaña protagonizada por Joan Didion

La campaña de Céline, autoría del fotógrafo Juergen Teller,  ha sido, desde que se ha hecho pública hace apenas unos días, trending topic en las redes sociales. Especialmente, por la famosa fotografía de la novelista octogenaria Joan Didion. Pero para quien no la haya visto aún, consiste, además, en una serie de fotos de Marie-Agnès Gillot, primera bailarina del ballet de la Ópera de París, y de Freya Lawrence, una modelo adolescente.

 

¿Por qué tres perfiles tan poco usuales y tan diversos entre sí para una campaña de Céline? Porque tienen, al menos, dos nexos en común: el primero es que las tres representan bellezas atípicas, fuera de los patrones estéticos de las modelos al uso. Joan Didion, es una octogenaria, dignísima, pero octogenaria; Marie-Agnés Gillot luce piernas musculosas, muy trabajadas por la danza; y, Freya Lawrence, mira enigmáticamente a la cámara mostrando una cara llena de pecas y unas orejas sobresalientes. El mensaje de Céline parece claro: para ser cool no es necesario tener un cuerpo o una cara perfecta, pero vestir las siglas Céline ayuda a serlo.

 

 

El tipo de mensaje publicitario no es nuevo. La idea nos remite irremediablemente a Cristóbal Balenciaga, que huía de las modelos demasiado glamourosas y sofisticadas, al estilo de las que protagonizaban los desfiles de su competidor Dior. Balenciaga era incluso criticado por algunos miembros del sector de la moda de su momento, sobre todo varones, que se quejaban de que sus modelos no fueran lo suficientemente guapas, y de que fueran demasiado mayores en algunos casos. Está claro que Balenciaga no tenía ninguna intención de estropear la sensibilidad estética de nadie; pero para él la moda no consistía en vestir a las más guapas; la entendía más como un medio para disimular las imperfecciones físicas que se dan en mujeres reales. Y las mujeres reales cumplen muchos años, como Joan Didion, o aunque sean insultantemente jóvenes, pueden tener unas orejas grandes y de soplillo como las de Freya Lawrence.

 

El segundo nexo de las tres protagonistas de la campaña es que ninguna de ellas es una celebrity o it-girl. En la era de la publicidad protagonizada por famosas, Céline ha decidido apostar por una perfecta desconocida, como es Freya Lawrence, y por dos mujeres, conocidas no por sus atributos físicos, sino por su vínculo con las artes: Didion con la literatura  y Gillot con la danza. Esta relación de una casa de moda con el mundo de la creación, nos remite también a usos del pasado. Desde el comienzo de la era de la alta costura, tanto Worth, como Doucet, como Poiret, por citar tres nombres, buscaron con extraordinario interés una relación con el mundo artístico, bien a través de la decoración; del coleccionismo de obras de arte y literarias; o, a través de una colaboración directa con artistas para el diseño de sus colecciones o campañas publicitarias. ¿Con qué fin? Porque el vínculo con el mundo del arte les prestigiaba, les posicionaba como creadores al mismo nivel que artistas de otros campos, y conseguían así diferenciarse del sector del prèt-a-porter, basado en las copias, que se desarrollaba con fuerza en el cambio del siglo XIX al XX.

 

Céline con esta campaña buscaría lo mismo: prestigiar su marca y diferenciarse del sector del fast fashion basado en las copias. Ver vestidas de Céline a Didion y Gillot, dos mujeres cuyos curriculums hablan de éxito, pero sobre todo de trabajo, eleva a la marca a la categoría del ámbito creativo-artístico al que ellas pertenecen. Se trata, en definitiva, de poner públicamente de manifiesto que lo que Céline hace, un concepto de la moda, universal, que pretende adaptarse a un amplio y diverso abanico de mujeres, es algo complicado que puede surgir sólo desde el ámbito creativo. Y que es precisamente ese punto de partida lo que convierte a Céline en una de las marcas más copiadas, y en consecuencia, en una de las incuestionables creadoras de tendencias del siglo XXI.

 

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