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23 May 202222:08

Simago, El Siglo y Amann: España antes de El Corte Inglés

Hasta la expansión de El Corte Inglés por todo el territorio nacional, España contaba con grandes almacenes locales, entre los que se encontraban El Pote en A coruña o El Siglo en Barcelona, pasando por Simago o Galerías Preciados en Madrid.

24 Ene 2022 — 04:56
I. Carmona / A. Erdozain
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Simago, El Siglo y Amann: España antes de El Corte Inglés

 

 

Está presente en cada gran y pequeña ciudad del país y continúa siendo, a pesar del paso de cuatro generaciones, el lugar de referencia para comprar productos de casi cualquier categoría a escala nacional. En ocho décadas, El Corte Inglés se ha convertido en el gran almacén español por antonomasia, y poco queda de los que han tratado de compartir espacio en el podio con el grupo. Sin embargo, la historia de los grandes almacenes en España se remonta a mucho antes de que Ramón Areces Rodríguez comprase una pequeña sastrería en la calle Preciados hace ya ocho décadas. Antes de El Corte Inglés, ¿qué había? 


El origen de los grandes almacenes se remonta a 1851 en París, de la mano de Le Bon Marché, un mercado que ofrecía una amplia gama de artículos expuestos a bajo precio y con un modelo rompedor a volumen. Este concepto, desarrollado inicialmente en un formato local, permitía realizar devoluciones sin cargo añadido y aunaba una gran variedad de marcas de todo el mundo en un solo establecimiento.

 

En las siguientes décadas, el fenómeno se expandió más allá de Europa y nacieron otros grandes operadores que continúan en pie a día de hoy, como Liverpool (grandes almacenes fundados en 1857 en México bajo el nombre de Fábricas de Francia), Falabella (grupo chileno con origen en 1889) o El Palacio de Hierro (compañía mexicana que abrió su primer establecimiento en 1885). 

 

Fue entonces, a finales de siglo, cuando los grandes almacenes llegaron a España, desembarcando en las ciudades más industrializadas del país. Décadas antes de que abriesen las puertas de Almacenes París en Chile en 1900 y de Selfridges en Londres en 1906, ya convocaba largas colas en las calles de Barcelona el almacén El Siglo, inaugurado el 15 de octubre de 1881, y atraían a miles de clientes los escaparates bilbaínos Amann, que abrió sus puertas en 1864.

 

 

 

 

El oasis de los juguetes que vendía de todo: Almacenes Amann de Bilbao


“Visitad los Almacenes Amann: Venden de todo”, lee un anuncio, datado de 1919, de los mayores grandes almacenes de Bilbao. Máquinas de coser, trajes de primera comunión, muebles, moda, joyería y hasta veintisiete secciones más constituían la oferta de los Almacenes Amann, situados en los números 17 y 19 de la calle Belostikale, que conservan, aún hoy, la fachada modernista de aquel establecimiento en sus tres primeros pisos. 

 

Amann, impulsado por Emiliano Amann, abrió sus puertas en 1864, constituyéndose como uno de los primeros y más importantes grandes almacenes de España. Su especialidad, y lo que convocaba a cientos de clientes cada día a sus puertas, no era otra cosa que su oferta de juguetes. A vísperas del día de Reyes de 1927, los grandes almacenes anunciaban “cien mil muñecas y bebés que hablan y cantan” y ofertaban incluso servicio de entrega a domicilio totalmente gratuito.

 

El recorrido de más de seis décadas de Amann, que experimentó varias reformas y ampliaciones hasta ocupar todas las plantas del edificio en la calle Belostikale, terminó con el de muchas compañías de la época, a causa del crack de 1929. En ese año, los grandes almacenes vendieron parte de sus establecimientos a otros comercios con la intención de obtener oxígeno, pero año a año continuaron contrayéndose, hasta desaparecer. Hoy, los números 17 y 18 de la calle Belostikale alojan una tienda de la cadena de cosmética y dietética Santiveri y una peluquería, según el diario local Siete Calles

 

 

 

 

El gigante de Barcelona que acabó en cenizas: El Siglo 


Los primeros grandes almacenes El Siglo fueron fundados por los empresarios Eduardo Conde, Ricardo Gómez y Pablo del Puerto como una primera tienda en la, Rambla de los Estudios. Igual que a día de hoy, la calle era una de las más concurridas de la ciudad, y la fachada de El Siglo, que llegó a ocupar los números 5, 3 y 7, coronaba la avenida con un letrero que leía “Ventas al contado y precio fijo”

 

El Siglo de Las Ramblas contaba con una superficie de 2.500 metros cuadrados por cada piso y una plantilla de 1.650 empleados (sumando a las mujeres que trabajaban en tienda, las sigleras, y a los que operaban en los talleres de confección textil y fábricas). La compañía distribuía alrededor de 30.000 catálogos anuales, contaba con una flota de 25 camiones para el reparto a domicilio y de sus puertas salían cada año más de 100.000 niños con globos en los que figuraba el logotipo del establecimiento

 

Además de en La Rambla de los Estudios, El Siglo operaba con un punto de venta en la calle Xuclà, de siete pisos de alto y con una superficie total de 33.860 metros cuadrados, ocupando cuatro números de la avenida. 

 

Como una tétrica premonición, cincuenta años después de su fundación, los grandes almacenes sufrieron su primer gran incendio: el domingo 25 de diciembre de 1932, un tren de juguete que corría con carbón creó un pequeño fuego en el establecimiento de El Siglo en las Ramblas. Tras largos minutos de incendio desatendido (a aquella hora, la tienda estaba vacía y los empleados se guardaban en sus casas celebrando la Navidad), el fuego creció demasiado para lograr mitigarlo y el edificio quedó absolutamente destruido

 

Dos años más tarde, se inauguró el nuevo El Siglo en el número 54 de la calle Pelayo, que estuvo abierto hasta 1979, cuando se produjo un segundo gran incendio en las instalaciones a causa de un cortocircuito. A día de hoy, este local está ocupado por el gigante de la distribución de moda C&A. 

 

 

 

 

Madrid-París, Galerías Preciados y Simago: luz y sombra de los grandes almacenes madrileños


En la capital, fueron muchos los grandes almacenes que lideraron el sector durante su etapa de mayor esplendor. Sin embargo, destacaron Madrid-París (nacido en 1924) en la primera mitad del siglo, y Simago (1960) y Galerías Preciados (1943), en la segunda mitad. 

 

El primero tuvo la intención de ser la joya de la corona desde su inauguración. A ella asistieron el por aquel entonces rey Alfonso XIII y su esposa Victoria Eugenia de Battemberg, convocados bajo una cúpula de treinta metros de diámetro en el corazón de Madrid: la Gran Vía

 

Madrid-París, como su nombre indica, bebía de los grandes almacenes parisinos, y su presidente, José María González, buscó replicar su modelo, logrando incluso recaudar capital de Société Paris-France, dueña de Les Dames de France, uno de los mayores almacenes de Francia.

 

La compañía operaba con tres grandes establecimientos en la capital española, pero el mayor de todos era el ubicado en el número 32 de la Gran Vía madrileña, en un edificio con seis ascensores donde se vendían desde joyas y trajes hasta perfumería o escopetas. El establecimiento empleaba a cuatrocientos empleados y su inauguración fue tan celebrada que el futuro de Madrid-París sólo podía ir a menos.

 

Tras entrar en pérdidas casi inmediatamente después de su apertura, los grandes almacenes de Gran Vía se enfrentaron a varias reestructuraciones de oferta y de plantilla, además de a huelgas por parte de sus dependientes, demasiados para el negocio que se generaba. La sociedad de Madrid-París cerró en 1934, apenas una década después de su fundación, y actualmente el número 32 de Gran Vía está ocupado por Primark, que conserva la estructura original de aquel ostentoso establecimiento. 

 

 

 

 

Los almacenes Simago vivieron un recorrido más fructífero, apoyándose en grandes compras y fusiones para acabar liderando el mercado. La sociedad debe su nombre a sus fundadores: José Simó, José Mañas Mayorga y las hermanas Gómez-Waddington, cuyas primeras sílabas conformaron el nombre de la compañía. Los empresarios hispano-cubanos fundaron la empresa en 1960, tras emigrar de Cuba huyendo de la Revolución Castrista.

 

Una vez en España, replicaron el modelo de negocio de La Quincallera, que ya habían explotado anteriormente en la isla cubana. El primer establecimiento de Simago se abrió en la plaza Glorieta de Embajadores de Madrid y, poco después de su fundación, José Simó y las hermanas Gómez- Waddington se desentendieron del negocio y este quedó en manos de José Mañas Mayorga. 

 

En 1963, la sociedad francesa Prisunic entró en el capital de Simago y, diez años más tarde, la compañía se hizo con los almacenes Galeprix-Aurrerá, perteneciente, en aquel entonces, a Galerías Preciados. En 1976 el grupo constituyó los hipermercados Pryca junto a la francesa Carrefour y, a partir de ahí, Simago comenzó su expansión en España concentrando su estrategia en los precios bajos y la diversificación del producto. La compañía distribuía desde artículos de perfumería o droguería, hasta electrónica y ferretería. 

 

En 1981, Simago facturó 24.000 millones de pesetas, según el diario El País, y contaba con más de cincuenta establecimientos repartidos en casi todas las comunidades autónomas. Tras varias operaciones de la mano de Rumasa y Banco Urquijo, en 1986 Simago fue comprado por Banca March, quién lo vendió cuatro años después a la empresa china Dairy Farm International Holding

 

En 1997, el grupo pasó a manos de Continente (precursora de Carrefour), que disolvió el nombre de Simago e hizo que sus establecimientos comenzaran a operar bajo la marca Champion, después reconvertida a Carrefour Express o Carrefour Market.

 

 

 

 

Galerías Preciados fue el gigante español que plantó cara a El Corte Inglés. Los grandes almacenes fueron fundados en 1943 por Pepín Fernández y bautizados en honor a la ubicación de su primer local, en la calle Preciados de Madrid. Inspirados en los almacenes El Encanto de La Habana, unos almacenes de la familia Sofis Enrialgo, Fernández comenzó a expandir Galerías Preciados por distintas ciudades de España. 

 

Su segundo gran establecimiento se ubicó en Casa Jorba, un edificio situado en la avenida Portal de l’Àngel de Barcelona, y recibió el nombre de Jorba Preciados, adquiriendo también los almacenes Galeprix-Aurrerá. Un año más tarde, Galerías Preciados abrió otro punto de venta en Madrid, ubicado en la plaza de Callao. A finales de los años sesenta, la empresa contaba con un total de cuarenta establecimientos en España y una red de casi diez mil empleados.

 

Tras impulsar una estrategia de precios bajos y ampliación de su cartera de productos para competir contra El Corte Inglés, dirigido por aquel entonces por Ramón Aceres, sobrino de César Rodríguez (tío de Fernández), Galerías Preciados comenzó a caer en picado encadenando años de decadencia y declive.

 

Los grandes almacenes fueron absorbidos por Banco Urquillo en 1979 para sacarlos a subasta. Dos años más tarde, Rumasa se hizo con las acciones de la entidad bancaria y comenzó a controlar las galerías hasta su momento menos célebre en 1983, cuando la empresa terminó yéndose a pique con la expropiación de Rumasa y el consecuente cierre de todos los establecimientos. 

 

 

 

 

Años después, el venezolano Gustavo Cisneros se hizo con los restos del negocio a través de una operación valorada en 1.000 millones de pesetas y, más tarde, Galerías Preciados fue vendida a la empresa británica Mountleight por 30.000 millones de pesetas (180.303 millones de euros).

 

Tras cambiar el logo de los establecimientos y una larga remodelación del negocio, los grandes almacenes entraron en pérdidas y la compañía británica se deshizo de ella vendiéndola a Abartak, una sociedad dirigida por un grupo de inversores españoles, entre los que se encontraba Justo López Tello, antiguo empleado de Galerías Preciados, por 21.000 millones de pesetas. Tras pasar a manos de López Tello, los números rojos de la empresa se incrementaron hasta un 62% y en 1994 se declaró en suspensión de pagos. 

 

De las cuatro ofertas que recibió la empresa para su rescate final, cogió el testigo El Corte Inglés, que en 1995 se apropió de una veintena de centros que quedaban operativos, finalizando la guerra de comercios y ganando la batalla de los grandes almacenes en España. Actualmente, el primer edificio de Galerías Preciados, donde también se ubicó durante años un pequeño taller de El Corte Inglés en los bajos del edificio (el primer establecimiento de los grandes almacenes), se encuentra ocupado por una tienda de Fnac.

 

 

 

 

De ferretería a almacenes de lujo: El Pote de A Coruña 


Luis Conde Vázquez abrió las puertas de El Pote en 1930 en A Coruña, originalmente como una ferretería, bajo un rótulo que acabaría convirtiéndose en uno de los mayores almacenes de Galicia

 

La compañía, que se mudó posteriormente a un mayor edificio en la calle Juan Flórez, haciendo esquina con la calle Francisco Mariño, ofrecía desde herramientas y material eléctrico hasta vehículos de motor, y contaba con un acuerdo exclusivo para la distribución de los coches de lujo Mini Morris en algunas ciudades gallegas, como A Coruña, Santiago, Ferrol o Lugo. 

 

En 1946, El Pote amplió su red de distribución con un segundo edificio en el número 13 de la avenida Finisterre, donde se instalaron un taller y un concesionario en los que trabajaban más de cien empleados. Fue en 1967, tras varias décadas de crecimiento, cuando los hijos de Luis Conde Vázquez inauguraron el mayor local que albergaría El Pote, un local que había sido ocupado por el Cuartel de la Guardia de Asalto y la Guardia Civil, situado en el número 16 de la calle Juan Flórez. Allí se instalaron las primeras escaleras mecánicas de Galicia. 

 

El Pote prosiguió su negocio con éxito mucho después de la llegada y la conquista de El Corte Inglés. No fue hasta julio de 2016 que cerró el último establecimiento de los históricos grandes almacenes, que se especializaba en la venta de muebles y listas de bodas. Actualmente, el futuro del edificio en Juan Flórez no es seguro: el pasado julio, la cadena hotelera Hesperia, que ocupaba el establecimiento desde el cierre de El Pote, fue condenada a abandonar el local por impago de alquiler, según La Opinión de A Coruña

 

 

 

 

El cambio en el comercio sevillano, de la mano de los almacenes Peyré y Vilima


Los almacenes sevillanos Peyré tuvieron su origen a principios del siglo pasado y su verdadero nombre respondía a Almacenes de Camino. Ubicados en una casa palacio de 3.000 metros cuadrados y arquitectura señorial, Aníbal González, arquitecto de la Exposición Universal de 1929 e impulsor del estilo regionalista, llevó a cabo la reestructuración del edificio para su inauguración en 1936.

 

Antes de caer en manos de Augusto Peyré, los inicios de los grandes almacenes se remontan al año 1790, siglo y medio antes, cuando se fundó la tienda textil Las Filipinas bajo la razón social Basilio Caminos y Hermanos. En 1889, el francés Augusto Peyré Serrat tomó las riendas de la compañía y se hizo con la sociedad como accionista único.

 

Años más tarde, la llegada a Sevilla de El Corte Inglés y Galerías Preciados supuso un fuerte impacto en el comercio tradicional de la ciudad, contando los días de los grandes almacenes Peyré hasta 1965. Cuarenta años después, dentro del marco para reimpulsar el comercio de la capital andaluza Céntrico Sevilla y en manos de los herederos de los sobrinos de Peyré, Augusto Lahore, Javier Pommárez y José Luis Hauríe, el edificio original fue ocupado por Tiendas Peyré Centro, una galería comercial impulsada por los tres sucesores, que agrupaba veinte tiendas nacionales e internacionales desde comienzos de los 2000. 

 

También en Sevilla, allá por 1965, los Almacenes Vilima también fueron uno de los símbolos de la transición mercantil en la provincia. Ubicados en la calle Puente y Pellón, la empresa ocupaba una superficie de ochocientos metros cuadrados con un inmueble de tres plantas, un ático y dos subterráneas.  

 

La compañía llegó a emplear a más de 150 personas y puso en marcha campañas agresivas de ventas especiales y anuncios modernos de promoción. Los almacenes desaparecieron en 2001 tras la adquisición del inmueble por parte de la cadena hotelera H10 Hotels, fundada a principios de los ochenta en Barcelona.

 

La verdadera revolución comercial en Sevilla comenzó de la mano de Galerías Preciados, que desembarcó en la ciudad en 1959. Al año siguiente las galerías ampliaron sus establecimientos con el primer anexo, en la esquina Méndez Núñez, situado en la plaza de la Magdalena. 

 

Fue entonces cuando el comercio de la ciudad experimentó un cambio radical: la publicidad aceleró su desarrollo, las formas de atender al público se modificaron y los escaparates comenzaron a ser pequeñas obras de arte. En la década siguiente, aterrizó El Corte Inglés y el nuevo modelo de negocio comenzó a generalizarse. Paralelamente, otros comercios conocidos en la zona echaron el cierre para siempre: Almacenes El Águila, Ciudad de Sevilla o Almacenes del Duque.

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