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08 Jul 202004:03

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Sheng Lu (Universidad de Delaware): “No hay garantías de que no vuelva a ocurrir un Rana Plaza”

El profesor de la Universidad de Delaware, experto en comercio global de moda, defiende que el sector es hoy más global que nunca, pero, al mismo tiempo, más regional.

02 Ene 2020 — 04:49
Iria P. Gestal
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Sheng Lu (Universidad de Delaware): “No hay garantías de que no vuelva a ocurrir un Rana Plaza”

 

 

Sheng Lu lleva toda una vida dedicada al estudio del comercio global de textil y confección. El experto, profesor en la Universidad de Delaware y doctorado en la Universidad de Misuri, defiende que el sector es cada vez más global pero, al mismo tiempo, también más regional, y es esto precisamente lo que impedirá que África tenga protagonismo en el mapa mundial del aprovisionamiento. En paralelo, el profesor defiende las regulaciones comerciales como una vía para mejorar las condiciones laborales, aunque sentencia que “no hay garantías de que no vuelva a ocurrir un Rana Plaza”.

 

Pregunta: ¿Hay marcha atrás en la globalización de la moda?

Respuesta: La industria cada vez es más global, pero a la vez también más regional. Por un lado, una prenda pasa por cada vez más más países, basta con ver una etiqueta de una sudadera de Gap: es una marca americana, pero el producto está hecho en Vietnam, y se incluyen los tallajes de al menos seis países diferentes. La moda se fabrica y se vende en todas partes.

 

P.: ¿A qué se refiere con más regional?

R.: Los flujos de comercio giran en gran parte en torno a los acuerdos del libre comercio, como el antiguo Tlcan o el TLC, en América. Lo mismo ocurre en Europa: aunque pensamos que China es el mayor productor mundial, el 50% de la ropa que consumen los países europeos se produce allí. Y esto se debe a que los consumidores tienen también distintas expectativas: muchos son sensibles al precio, otros quieren también tendencia. Por eso las compañías tienen que tener una cartera de aprovisionamiento más equilibrada.

 

P.: ¿El precio no es el factor más importante en la decisión?

R.: El aprovisionamiento trata de mucho más que sólo el coste: tiene que tener en cuenta la flexibilidad, la velocidad, la sostenibilidad, los riesgos. Hay pocas compañías que pongan todos los huevos en una misma cesta. Hicimos un estudio en Estados Unidos y las empresas con más de mil empleados se aprovisionan en más de veinte países, a veces más de cuarenta. Lo mismo ocurre con las empresas europeas. Y esto se debe a que tienen en cuenta muchos factores diferentes.

 

 

 

 

P.: ¿El aprovisionamiento está hoy más diversificado que hace una década?

R.: Se ha diversificado en cuanto a geografías, pero no en cuanto a productores. Especialmente en los dos o tres últimos años, algunas compañías están consolidando el número de proveedores con los que trabajan para crear relaciones más estrechas con ellos. El motivo es el mismo: un precio muy competitivo no es suficiente.

 

P.: ¿Cómo cambiará el mapa del aprovisionamiento con el aumento de los aranceles?

R.: La guerra comercial está teniendo un gran impacto, que va más allá de China y Estados Unidos. Los retailers estadounidenses están produciendo menos en China y más en Vietnam, Bangladesh… En cualquier sitio que crean que pueda ser una alternativa al made in China. Pero no es fácil, porque China tiene muchos factores a su favor: su gran capacidad para fabricar cualquier producto y cualquier volumen, su habilidad para cumplir con las normativas en sostenibilidad, porque llevan ya muchos años en esto, su flexibilidad… Es una pena abandonar China por completo porque es un destino muy equilibrado para el aprovisionamiento. Incluso en Europa, que no está en guerra comercial con China, el peso de la producción china está cayendo de manera aún más dramática.

 

P.: ¿Cómo se está adaptando China?

R.: En China está habiendo un cambio estructural también. Los productores están invirtiendo en fábricas de países cercanos y el país se está transformando para ser más que un productor de ropa. Cada vez más, China está exportando también textil a otros países asiáticos. En cualquier caso, no se trata de un cambio coyuntural por la guerra comercial, sólo lo ha acelerado.

 

 

 

 

P.: ¿Será África el próximo hub del futuro?

R.: El comercio textil y de confección se está volviendo más regional. Es por eso que África se está enfrentando a grandes desafíos para convertirse en un destino atractivo para la producción.

 

P.: ¿Por qué?

R.: En el mundo hay tres grandes mercados de consumo de moda: Japón, Unión Europea y Estados Unidos. Cerca del 70% de la moda que se importa termina en estos mercados. ¿Quién la produce? Obviamente Asia es muy competitiva, pero cada uno de estos tres mercados cuenta con sus proveedores regionales. México en Estados Unidos; China en Asia; Europa del Este en Europa… Y estos proveedores regionales están basados en acuerdos de libre comercio y proximidad geográfica. África, en cambio, no está cerca de ninguna de estas tres regiones. ¿Por qué querrían compañías de Estados Unidos, Japón o Estados Unidos aprovisionarse allí?

 

P.: ¿Por precio?

R.: Sí, actualmente hay varios acuerdos que permiten a los países africanos exportar a Estados Unidos gratis. Pero, al mismo tiempo, tienen infraestructuras pobres que obligan a que parte de los materiales tengan que importarse de Asia, con el sobrecoste que eso supone. Además, mientras que en Asia el gobierno local apoya mucho la industria de la moda, en África las economías continúan dependiendo mucho de la exportación de materias primas, la moda no es algo prioritario. A eso se suma que fabricar para el mercado local también es complicado, porque hay mucha competencia tanto de ropa importada de Asia como de la ropa usada que llega desde Occidente.

 

 

 

 

P.: La moda es el segundo sector más regulado del comercio internacional. ¿Sobra regulación?

R.: Creo que habría que cambiarla. En 2018, la ropa copó sólo el 5% de las importaciones de Estados Unidos pero el 14% de los ingresos por aranceles. No es por un sentido económico, sino para proteger la industria local, que hace lobby.

 

P.: ¿Cómo tendría que cambiar la regulación?

R.: Entre el 15% y el 17% de las exportaciones de ropa de México a Estados Unidos no se acogen a los beneficios del Tlcan, y en parte se debe a las normas de origen, que obligan a comprar las materias primas también en la región. Al final, las empresas prefieren ahorrar en la compra de materiales o en las tasas. Estamos en el siglo XXI, ¿por qué no dar más flexibilidad a las compañías para comprar las materias primas en cualquier sitio del mundo? En cambio, hace falta más regulación en otros aspectos, como el ecommerce, que también es comercio internacional y está regulado. Por otro lado, la regulación puede ser un mecanismo para mejorar las condiciones laborales, incluyendo cláusulas sobre el empleo en los acuerdos de libre comercio.

 

P.: ¿Puede haber otro Rana Plaza?

R.: No hay garantía de que semejante tragedia no ocurra de nuevo. Se han hecho grandes progresos, pero es un asunto muy complejo, no se trata sólo de arreglar un problema. Es un desafío que se remonta a la revolución industrial. Aun así, soy optimista, y espero que las tragedias como el Rana Plaza no ocurran nunca más, pero es un área en la que necesitamos paciencia.

 

P.: ¿Se imagina un sector sin stock, en el que todo está hecho a medida?

R.: Gracias a la tecnología, cada vez es más posible. La siguiente pregunta será cómo implicar al consumidor en el proceso de diseño: cómo vender productos antes de producirlos.

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