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25 Sep 201711:44

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Olivier Marcheteau (Vestiaire Collective): “Con el auge del ‘fast fashion’, la gente quiere usar, no poseer’”

El ejecutivo trabajó para compañías como Microsoft o Nike antes de incorporarse a la plataforma gala de venta de lujo de segunda mano a través de la Red, participada por el fondo Eurazeo. 

14 Jul 2016 — 04:50
I. P. Gestal
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Olivier Marcheteau (Vestiaire Collective): “Con el auge del ‘fast fashion’, la gente quiere usar, no poseer’”

 

Olivier Marcheteau es el director general de Vestiaire Collective, la plataforma gala especializada en venta de moda y lujo de segunda mano a través de la Red. Marcheteau comenzó su carrera en gran consumo, trabajando en el departamento de producto de Procter&Gamble. Tres años después, el ejecutivo se incorporó a Nike como responsable de la categoría de running. Pronto, el directivo abandonó de nuevo el sector de la moda para fichar por Microsoft y, más tarde, por Groupe Casino, uno de las plataformas de descuentos más importantes de Francia. Su trabajo al frente de Vestiaire Collective es un reflejo de su carrera: encontrar el equilibrio entre la moda y la tecnología. “A muchas de las compañías de tecnología les cuesta hacerse un hueco en moda porque si no entiendes de estética, estilo e inspiración es imposible tener éxito en el sector”, asegura.

 

 

Pregunta: Ha trabajado para grupos de moda como Nike y gigantes tecnológicos como Microsoft. ¿A cuál de los dos sectores pertenece Vestiaire Collective?

Respuesta: Vestiaire Collective está en la convergencia de moda y tecnología. Desde que nació, hay un concepto que está muy claro en el ADN de la marca y es que por ser de segunda mano no tenía que parecer barato. Los fundadores siempre insisten en que tenemos que respetar la herencia y toda la inversión que las marcas han hecho en sus productos y en su marca, y tenemos que demostrar que estamos creando un mercado secundario que es muy cualitativo, y no una versión de bajo nivel de lo que hacen las marcas.

 

P.: ¿Entonces, la moda es lo que pesa más?

R.: En cierto modo. Vestiaire comenzó con este ADN. Muy centrado en la moda: dos de las fundadoras venían del sector de la moda; otro, de Showroomprive. Pero otros tres venían del sector tecnológico, y fue la tecnología lo que nos permitió llevar el mercado de segunda mano a otro nivel.

 

P.: ¿De qué manera?

R.: El mercado de segunda mano existía pero no era eficiente: eran principalmente tiendas locales, donde los productos no estaban mostrados correctamente, el número de consumidores potenciales era pequeño, y era un mercado muy desestructurado, sin grandes operadores que pudieran crear economías de escalas. Lo genial de Internet es que te da la oportunidad de crear esta plataforma global, donde la gente puede poner productos a la venta de manera sencilla y, al mismo tiempo, crea esta comunidad donde los compradores y vendedores se pueden encontrar en una manera muy eficiente y fluida. Así que Vestiaire Collective es una compañía que tiene los dos componentes: el de la moda y el de la tecnología; algunas veces funcionan muy bien juntos, otras hay un poco de tensión.

 

 

P.: ¿En qué sentido?

R.: La tecnología es más fácil si se hace todo igual, y hay un enfoque muy claro en la rapidez y la uniformidad, para que la plataforma se pueda escalar perfectamente. La moda tiene un componente de inspiración y selección que te lleva a lugares diferentes. En el día a día, mi trabajo a veces es un poco esquizofrénico porque me tengo que referir a esos dos componentes, pero creo que es lo que hace el trabajo emocionante. Eso también explica porqué a muchas de las compañías de tecnología les cuesta hacerse un hueco en el sector de la moda; porque, si no entiendes esas características específicas de estilo e inspiración, de estética en general, es imposible tener éxito en moda.

 

P.: Muchas compañías de lujo fueron reticentes a dar el salto al online porque desvirtuaba la experiencia de exclusividad. ¿El lujo de segunda mano a través de Internet puede ser exclusivo?

R.: La primera clave para que lo sea es la gestión del catálogo y la selección. Y eso a menudo nos crea conflictos con la comunidad empresarial porque sólo aceptamos 70% de los productos que nos llegan. Pero si el producto está estropeado, el precio o la marca no es oportuna o la fotografía no es de calidad, no lo queremos porque no vamos a venderlo y estaríamos degradando toda la experiencia. Además, el lujo es intrínsecamente social, y nosotros creamos una comunidad que permite que un apasionado de los bolsos Birkin en Nueva York pueda ponerse en contacto con un propietario de un Birkin en Berlín y alimentar la emoción por el lujo.

 

P.: ¿Las compañías de moda os ven como un enemigo?

R.: Creo que su visión ha evolucionado. Originalmente, pensaban que la segunda mano competía con las ventas de productos nuevos. Además, consideraban que degradaba su imagen en la que tanto habían invertido. Normalmente, eso ocurre porque los artículos se venden a precios más bajos, por la forma en la que están presentados o porque se venden productos que están dañados.

 

 

 

P.: Dice que eso era originalmente. ¿Qué piensan ahora de ustedes?

R.: Creo que Vestiaire Collective ha tenido un papel importante en el cambio de percepción que las marcas de lujo tienen del mercado de segunda mano. Se han dado cuenta de que el consumo de primera mano ha evolucionado y que, les guste o no, con el fast fashion, la gente quiere usar y no poseer y eso, sumado a la revolución tecnológica, ha hecho que cada vez más gente recurra la segunda mano y quiera revender o comprar. Además, hay una presión económica, que implica que más gente busca oportunidades para comprar productos a mejores precios. Así que el mercado de segunda mano va a existir y va a crecer; según Bain y Altagamma ya genera ingresos de 16.000 millones de euros. Al final, terminan viéndonos como un aliado porque cuidamos su imagen y les ayudamos a rastrear las falsificaciones.

 

P.: ¿Pero no compiten por los mismos clientes?

R.: No exactamente. Sus mejores clientes terminan siendo algunos de nuestros mejores clientes también, pero venden sus productos no necesariamente para comprar después de segunda mano, sino para volver a comprar nuevo. Así que no es canibalismo, sino que eventualmente crea incluso más clientes potenciales. Además, a menudo somos la primera compra para muchos consumidores recién llegados al lujo. Abrimos una relación con clientes que no pueden acceder o no se pueden permitir comprar un artículo de lujo nuevo. Y una vez que has comprado un producto de lujo, incluso si es uno ya usado, obviamente el siguiente paso es probablemente comprar más artículos de ese tipo.

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