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20 Nov 201808:37

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Marta Castells (Texfor): “La etiqueta también es una herramienta de venta”

Junto con Josep Batet, responsable del área legal en la patronal textil, firman la primera guía práctica sobre cómo etiquetar los productos.

22 Dic 2016 — 04:50
S. Riera
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Marta Castells es responsable del departamento de promoción internacional de la Confederación Industrial del Textil (Texfor) y es coautora de la Guía práctica para el etiquetado de productos textiles, junto con Josep Botet, responsable a su vez del área legal en la misma patronal. Ambos sostienen que conocer las reglas del juego ayuda a ser más competitivo y que, en el caso de cómo etiquetar los artículos textiles, todavía hay mucha desinformación y confusión entre los mismos empresarios y en el consumidor final.

 

Pregunta: Ante la publicación de una guía práctica sobre etiquetaje, se deduce que hasta ahora había cierta desinformación sobre este tema…

Marta Castells: Totalmente. Hasta ahora las empresas echaban un vistazo a la normativa y, ante cualquier duda, nos preguntaban. En Texfor tenemos multitud de consultas por el etiquetaje y, de hecho, ante el creciente interés decidimos publicar esta guía que, ante todo, quiere ser práctica, útil, donde se dice con claridad qué es obligatorio y qué es voluntario.

 

P.: ¿Por qué ahora?

MC: También ha coincidido con que el CIE ha vuelto a ser el represente de Ginetex, la organización que regula los símbolos de las etiquetas, en España.

 

 

P.: ¿Cuáles son las consultas más comunes en etiquetaje?

Josep Botet: Cada vez, las empresas textiles exportan más y abren mercados de lo más inverosímiles. Es necesario conocer qué pasa en cada país porque, sino, pueden retenerles la mercancía en las aduanas. Ahora, la guía da las claves sobre cómo etiquetar en 211 países.

 

P.: ¿Cuál es la información obligatoria que deben llevar las etiquetas?

JB: Hay dos informaciones que siempre tienen que estar: identificar al responsable del producto y cómo localizarle, por si hubiera cualquier problema, y también la composición. Y no pueden engañarte. Por otro lado, la ley establece que el etiquetaje tiene que durar, como mínimo, lo mismo que el artículo al que acompaña.

 

P.: ¿Y el tallaje, la conservación, el made in…?

MC: Todo lo demás es voluntario. Al final, la etiqueta también es una herramienta de venta. En otros sectores, como la alimentación, es cada vez más habitual porque el consumidor cada vez se fija más en lo que compra.

 

 

JB: Cada vez es más habitual un tipo de consumidor que tiene interés por saber más cosas de aquel producto: de qué está hecho, si los colorantes que se han usado son naturales, su origen o su trazabilidad. Nada de esto es obligatorio, pero creo que es una información que el empresario no puede despreciar.

 

P.: También hay marcas que sobre informan en las etiquetas…

MC: Sí, algunas etiquetas son enormes y el consumidor termina recortándolas porque molestan.

 

P.: La información que aparece en las etiquetas, ¿es siempre correcta?

MC: No. De hecho el porcentaje de etiquetas erróneas, lamentablemente, es elevado, sobre todo en los símbolos de conservación. Y ocurre por desconocimiento, porque las propias empresas desconocen los códigos más allá de los de lavado y de planchado. Entendemos que es necesario hacer pedagogía entre las empresas.

 

 

JB: También hay empresas que ofrecen más garantías en la veracidad del etiquetaje. Es decir, hay compañías de tradición industrial, que llevan en el mercado desde hace años y que saben cómo funciona, pero también hay importadores puntuales sin experiencia en el sector, sin bagaje y sin ningún equipo que les asesore en este ámbito.

 

P.: Uno de los temas más controvertidos en la política europea de la última década ha sido la obligatoriedad o no del made in

MC: Según la normativa actual de la Unión Europea, el made in lo determina la última fase transformadora que ha intervenido en el proceso productivo y que ha dado valor añadido al artículo. Pero esta máxima ni es obligatoria indicarla ni tiene nada que ver con el concepto de origen en las aduanas. En este segundo ámbito, un tejido con origen preferencial en Europa el proceso de tejeduría debe ser europeo, pero el de hilado también.

 

P.: ¿Creéis que al final la Comisión Europea fallará a favor de su obligatoriedad?

JB: Por ahora no ha legislado ni creo que legisle jamás. La cadena de valor de la moda está tan dividida y hecha añicos que es muy difícil saber de dónde vienen las cosas. La cadena es realmente compleja y en ella intervienen muchos actores y países.

 

 

P.: ¿Qué actor de la cadena determina los símbolos?

MC: En composición y conservación, el hilador. Es el principio de la cadena el que otorga esta información y, en el caso del textil, es el hilador el que determina las características físicas del producto.

 

P.: ¿Hay fraude en el etiquetaje?

JB: Sí. Lo que no puede hacerse de manera tajante es engañar diciendo que el tejido es “tipo cachemira” y no se corresponde con la realidad.

 

P.: ¿Quién controla esto?

JB: En España, las comunidades autónomas y, al final, cada una encara esta cuestión a su manera. Al final, se acaba sancionando o no a las empresas según el interés de los funcionarios responsables de cada autonomía.

 

 

P.: Más allá de dar información al consumidor, el etiquetaje también debe ser válido para exportar…

JB: Sí. Sobre todo porque aún hay países en los que las trabas aduaneras se utilizan como medida proteccionista. Hay aduanas que tienen como misión paralizar toda la mercancía que reciben. Y mientras piden documentación a las empresas por cuestiones de seguridad sanitaria, la mercancía queda parada, con el consecuente coste económico. Pero además, en la moda, con el agravante de ser un producto perecedero que, si no llega a tiempo, no sirve. Saber las reglas del juego ayuda a ser más competitivo.

 

P.: Según el último Informe económico de la moda en España, ¿cómo definiría 2015?

MC: Fue el año de la consolidación del crecimiento económico que empezó en 2014, cuando el sector cambió la tendencia y dejó atrás los números rojos. En 2015, se reactivó el consumo interno, las importaciones y las exportaciones, y la inversión de las empresas.

 

P.: Los indicadores muestran que 2016 no ha podido mantener el impulso…

MC: En 2016, las cifras continúan siendo positivas, pero sí que es cierto que hay una ralentización con respecto a 2015. No obstante, los empresarios del textil con los que hablamos aseguran que este segundo semestre está siendo mejor que el primero. Se ha continuado creciendo, pero de manera más moderada.

 

 

P.: Se ha culpado, en parte, a la falta de Gobierno en España…

MC: Y ha tenido gran parte de culpa. Hay muchas políticas que han dejado de hacerse porque no había Gobierno. Y ahora que lo hay, falta por ver cómo evoluciona.  En noviembre, el textil firmó el pacto por la industria con otras patronales manufactureras y hemos iniciado un acercamiento con el nuevo equipo de gobierno. Sin embargo, a día de hoy, la política industrial del país es cero.

 

P.: Pero no será el único motivo…

MC: Por supuesto, hay otros elementos que influyen, como las cuestiones internacionales, tanto por cuestiones políticas como macroeconómicas.

 

P.: ¿La incertidumbre definirá 2017?

MC: Sí. Hay tantos factores que no dependen de la propia industria que le podrán afectar a lo largo del año. Los tropiezos serán el nuevo normal de la industria y las empresas deberán saber adaptarse porque los factores son muchos y totalmente incontrolables.

 

P.: Cuando se cumple quince años de la adhesión de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC), parece que el gigante asiático ha dejado de ser la principal pesadilla del sector…

MC: China continúa estando allí, pero es un factor más. Si se le diera el estatus de economía de mercado, la afectación abarcaría a toda la industria. Y entonces estaríamos hablando de un escenario comercial completamente diferente, porque aunque reclame este estatus, no lo es.
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