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21 Nov 201707:30

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Josep Maria Canyelles (Vector 5): “El ‘fast fashion’ se agota porque los costes laborales tienden siempre a subir”

Josep Maria Canyelles es socio fundador de la consultora Vector 5, especializada en responsabilidad social corporativa (RSC). Desde hace más de una década, el experto se dedica a promover la...
30 Jun 2016 — 04:50
S. Riera
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Josep Maria Canyelles es socio fundador de la consultora Vector 5, especializada en responsabilidad social corporativa (RSC). Desde hace más de una década, el experto se dedica a promover la RSC a través de iniciativas como Responsabilidad Global, en la que está implicada Mango. Canyelles también coordina Respon.cat, para el desarrollo de la RSC en Cataluña, y asesora políticas públicas y organizaciones empresariales como la Cámara de Comercio de Barcelona y el Consejo de Cámaras de Comercio de Cataluña, además de colaborar como docente en diferentes universidades y programas formativos de altos directivos. Canyelles participó en la última edición de Texmeeting, que organiza la Confederación de la Industria Textil (Texfor).

 

Pregunta: ¿La moda es socialmente responsable?

Respuesta: Cada sector debe determinar qué materias tiene en responsabilidad social y hay que evaluarlos en consecuencia, sobre cómo gestionan su responsabilidad. Una empresa petrolera, por ejemplo, puede cambiar su visión y pasar de proveer petróleo a alternativas energéticas. Se trata de observar cómo lo hacen para reorientar su modelo de negocio.

 

P.: No obstante, ¿podría evaluarnos al sector?

R.: Es diferente si se mira desde un punto de vista local, que parte de un proceso destinado a captar oportunidades, o desde el ámbito internacional, donde suple la falta de normativa en materia laboral y medioambiental. En el primer caso, la tendencia es ir a más, mientras que en el segundo, irá a menos. A medida que el marco legal en países como Bangladesh, China e India sea más exigente, el actual sentido sustitutivo de la responsabilidad social no tendrá sentido porque quedará cubierto por la ley. La rsc pasará entonces de una orientación sólo de riesgos a saber captar oportunidades para desarrollar la calidad de vida o el talento de las personas, aspectos que ahora quedan muy lejanos, ya que deben orientarse a garantizar los derechos humanos.

 

 

P.: ¿Puede el fast fashion ser sostenible?

R.: El fast fashion se basa precisamente en producir en países en desarrollo donde el marco legal laboral es bajo. Las empresas que buscan la excelencia en sostenibilidad por ahora están al margen, ya que el grueso del sector continúa basando su modelo de negocio en precio.

 

P.: ¿Es sostenible a largo plazo este modelo?

R.: En un escandallo de costes, un pequeño incremento salarial debería tener una repercusión mínima. Este modelo, en cambio, en el que la competencia por precio es tan agresiva, hace que sea imposible un aumento por mínimo que sea. Por otro lado, es un modelo que se agota, porque los costes laborales tienden siempre a subir, tal y como ha ocurrido en China. Puede durar veinte o treinta años más, pero se agotará. Tiene realmente un lastre si es incapaz de subir el coste laboral unos céntimos.

 

P.: ¿La economía circular será posible en la moda?

R.: Propone un cambio radical, que con el tiempo se irá produciendo. No tiene sentido la lógica lineal de fabricar, utilizar y tirar. La economía circular parte de la idea de que los recursos naturales son fáciles de obtener y baratos. Esta es una lógica perversa. Ahora la pregunta es: ¿cómo se pueden aprovechar al máximo los recursos naturales? Exige un gran esfuerzo de ir innovando, experimentando y aplicando buenas prácticas. Implica un giro cultural y de confianza entre las empresas, de crear espacios de simbiosis.

 

 

P.: ¿Están las empresas preparadas para este cambio radical?

R.: Bien… implica que entren en tu casa. La cadena se integra realmente hasta el nivel de conocerse. Si dejas entrar a un socio en tu casa, no puedes engañarlo.

 

P.: ¿Y los empresarios? ¿Falta un cambio de mentalidad?

R.: Cada vez hay más empresarios más involucrados, pero todavía se tiene la visión de empresa propia de un tendero, que cada día abre la caja y si hay dinero quiere decir que la empresa va bien. Y así se limita mucho la visión estratégica para la excelencia en el negocio.

 

P.: ¿Hay que creérselo?

R.: Hay empresas que no creen ni en responsabilidad social ni en sostenibilidad, pero que actúan de manera correcta. En estos casos, es importante que estas buenas prácticas se conviertan en parte de los valores de la empresa y de sus personas.

 

 

P.: Las empresas, en el futuro, ¿serán sostenibles sí o sí?

R.: Siempre habrá empresas mediocres. Nuestra sociedad deja espacio para las empresas mediocres. Pero si se quiere destacar en el mercado, debes apostar por ello.

 

P.: Con este alud de información, se dice que el consumidor está empoderado y empieza a presionar sobre responsabilidad social…

R.: Por desgracia, por ahora sólo hay campañas de denuncia, que terminan como una mancha en la reputación de las empresas. Al consumidor, le falta dar con la pregunta concreta. ¿Qué le dice el consumidor a la dependienta? ¿Algo así como ‘¿es ropa limpia?’? En alimentación es más fácil. Puedes preguntar, por ejemplo, ¿cuánto pavo lleva el fiambre de pavo?

 

P.: Antes se hablaba de responsabilidad social y ahora, de sostenibilidad. ¿Es lo mismo?

R.: No, responsabilidad social implica sostenibilidad y otros elementos. Es decir. Esperamos de una empresa que tenga un compromiso de honestidad, de ética. Pero, ¿es suficiente?

 

 

P.: Entiendo que no…

R.: Es necesario también que la empresa sea sostenible, que como resultado minimice el impacto negativo y maximice el positivo. Y pregunto de nuevo, ¿es suficiente?

 

P.: Supongo de nuevo que no…

R.: No es suficiente con ser ético y sostenible. Es necesario saberlo gestionar para que aporte resultados y para ello es necesario tener claras dos cuestiones: por un lado, identificar y dialogar con los grupos de interés, y tener claros los temas clave para la empresa, y por otro lado, rendir cuentas con ellos a través de la transparencia. Una empresa puede ser ética y sostenible, pero si no es transparente no es socialmente responsable.

 

P.: El nivel de exigencia es mucho más elevado con la responsabilidad social…

R.: Una cosa son las buenas prácticas medioambientales y laborales y otra es la responsabilidad social. En muchos casos se confunden. La responsabilidad social es un estilo de gestión que se tiene que concretar con buenas prácticas.

 

 

P.: ¿Cómo identifica una empresa sus “temas clave”?

R.: Muchos empresarios piensan que saben lo que hacen bien y lo que hacen mal en su empresa. Pero esta no es una decisión unilateral que decide sólo el empresario. Este tiene que escuchar lo que dicen de la empresa sus grupos de interés. Debe dialogar con ellos sobre cómo les afecta la empresa y, a partir de aquí, discernir cuáles son sus temas clave en responsabilidad social.

 

P.: ¿Las memorias de responsabilidad social son las que aportan transparencia?

R.: Tener una memoria de sostenibilidad no presupone que seas una empresa socialmente responsable. La transparencia tampoco es la panacea de todo. Con la aprobación de la Ley de la Transparencia, los Gobiernos publican un montón de datos en sus páginas webs, pero ¿son realmente transparentes?

 

P.: ¿Hay manera de medir la transparencia?

R.: Normalmente se publican datos que no necesariamente responden a lo que la ciudadanía les pide. En el caso de las empresas, tener una memoria está bien, pero tampoco es lo más importante. Lo importante es empezar a gestionar la transparencia en el día a día, ser ágiles en saber qué quiere conocer la gente de ti y dar una respuesta inmediata. Es la responsabilidad social mal entendida. Hay empresas del Ibex con excelentes memorias de sostenibilidad que pagaban a sus proveedores a 200 días… ¿qué contaban en ellas?

 

 

P.: ¿A quién interesan estas memorias de sostenibilidad?

R.: Muchas de ellas responden a la reputación y se dirigen a inversores institucionales. No es obligatoria hacerla, pero si no responde a lo que es, es un engaño. El objetivo de la responsabilidad social es crear valor para todos los grupos de interés, no sólo para los accionistas.

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