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11 Nov 201920:49

Joan Volpe (FIT): “Hemos perdido el sentido de lo que está y no está de moda”

La profesora del Fashion Institute of Technology de Nueva York subraya que la estructura del gasto se ha diversificado, y resta protagonismo a la moda.

16 Sep 2019 — 04:57
S. Riera
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Joan Volpe (FIT): “Hemos perdido el sentido de lo que está y no está de moda”

 

 

No saber qué está de moda y qué no lo está favorece la proliferación de la venta de segunda mano y del alquiler. Lo defiende Joan Volpe, profesora del Fashion Institute of Technology (FIT) de Nueva York, quien asegura que en las clases más elevadas, este tipo de consumo está reconocido porque es visto como una compra inteligente. Según Volpe, no está tan vinculado a la pobreza ni a una generación en concreto, sino a un cambio en las prioridades de consumo.

 

Pregunta: En Estados Unidos, el negocio de la ropa de segunda mano y del alquiler de prendas están creciendo muy rápido. ¿Es algo que sólo ocurre en moda o es un fenómeno más extenso?
Respuesta:
Hay un mercado creciente para muebles de segunda mano, juguetes, herramientas y equipos. Yo misma pertenezco a una comunidad que tiene un grupo online en el que se cuelgan durante todo el día imágenes de cosas que se ponen la venta. Es una comunidad de clase alta con casas que superan de largo el millón de dólares.

 

P.: Quiere decir con ello que la segunda mano no está relacionada con la pobreza…
R.:
La gente compra incluso ropa para niños online en tiendas vintage o de segunda mano o el fin de semana en ventas en los garajes y las casas. Está lejos de estar estigmatizado. De hecho, es algo socialmente aceptable entre las personas de clase media y superiores para parecer listos porque no se paga al retail. Los nuevos ricos están en desventaja en este sentido: compran nuevos artículos porque pueden hacerlo, mientras que los usados ​​no tiene ningún atractivo para ellos.

 

 

 

 

P.: Pero permite comprar o alquilar prendas muy caras a gente con ingresos más bajos…
R.:
La economía en Estados Unidos se ha fortalecido en los últimos años y el desempleo hoy es menor. Las empresas, de hecho, tienen dificultades para encontrar trabajadores para ocupar puestos de trabajo. Las personas gastan dinero, pero gastan en muchas más cosas. Por ejemplo, en un health club o en un Gym membership, que se percibe como un gasto razonable y necesario. Hay toneladas de nuevos candidatos cada enero, cuando las personas hacen sus propósitos saludables de Año Nuevo, pero que terminan abandonándolo en verano mientras las facturas continúan llegando y pagándose. El gasto en comer fuera, en salir, es enorme, y todas estas cosas reducen la cantidad de dinero disponible. Miniviajes, vacaciones y tecnología compite con los armarios.

 

P.: ¿Ha cambiado entonces la estructura del gasto?
R.:
Yo misma me pregunto cómo reducir mi factura de teléfono que asciende a unos escandalosos 350 dólares al mes, mientras que en algún momento estuvo por debajo de cien dólares. Pero tenemos el teléfono de casa y el paquete digital, más otros dos teléfonos móviles y, si vemos televisión, lo hacemos por cable. Y esta al final es la tarifa que todos pagamos. Si eres más joven también tienes préstamos universitarios, etcétera. Todo es cuestión de prioridades.

 

P.: ¿No lo vincularía entonces a un cambio en la cultura del consumo?
R.:
Una parte de los jóvenes de la generación Z y de los millennial está evitando la propiedad, busca alquilar casas, no compra automóviles, etcétera. Simplifican las demandas de la vida y han adoptado firmemente la segunda mano. También son muy conscientes de los problemas de la sostenibilidad y quieren ser responsables en ello. Por otro lado, independientemente de la edad, cada vez más mujeres alquilan ropa para ocasiones especiales, en lugar de comprar prendas que sólo se usan una vez.

 

 

 

 

P.: ¿Es entonces un fenómeno transversal?
R.:
El alquiler para ocasiones especiales, por ejemplo, se está introduciendo en todas las edades, sobre todo entre los baby boomers. Pero se trata de un consumidor más sofisticado y que cree que genera estatus presentarse en un evento con un diseño de alto nivel. El consumidor medio que compra en Walmart y acude a un evento en el sótano de una escuela o a un restaurante de carretera, no está en este fenómeno.

 

P.: ¿Es un mercado suficientemente grande para amenazar al resto de actores?
R.:
Creo que este negocio orientado a las ocasiones especiales está avanzando de manera peligrosa. Mientras los diseñadores de primer nivel continúan presentando sus colecciones en todas las capitales de la moda, la base de clientes es cada vez menor. Han perdido el contacto diseñando para la prensa de moda y no para los clientes.

 

P.: ¿Deberían preocuparse los retailers convencionales?
R.:
Los negocios de segunda mano y alquiler están atrayendo a personas que normalmente comprarían marcas de moda. También debería preocuparles que los jóvenes ya no graviten por los grandes almacenes ni en muchas de las cadenas de moda especializadas porque el centro comercial ha dejado de ser cool. Cosas como obtener el carné de conducir que en otro momento fue casi incontestable hoy ya no es visto como algo necesario por muchos jóvenes. Conducir es otro stress point y tener un coche es visto como una carga financiera.

 

 

 

 

P.: ¿Cambian entonces también los hábitos?
R.:
Si no se puede conducir se termina paseando por el centro de la ciudad. Las adolescentes continúan queriendo aquellas prendas que su madre no les compra y, si no pueden ir al centro comercial, van a las tiendas de segunda mano que hay en el centro de las ciudades.

 

P.: ¿Por qué están ahora en auge este tipo de negocios en la moda?
R.:
La gente sigue queriendo verse bien, ¿por qué alguien compra un Gym membership? El negocio de la belleza es fuerte: no conozco a una mujer de cualquier edad o ingresos que no se haga las uñas. El salón de belleza se considera una necesidad y no se pueden reducir muchos costes, pero la ropa de segunda mano o los artículos alquilados puede satisfacer una necesidad puntal de ser invitado a un evento y quizás querer darse el lujo de vestir una prenda de diseñador en una boda familiar que de otra manera no podría permitirse.

 

P.: ¿La moda no está de moda?
R.:
Todavía hay pasión por la moda, pero no por su propiedad. Además, la industria de la moda se ha vuelto en muy democrática y es muy difícil identificar the great look. Muchos diseñadores no hacen una colección coherente, pero tratan de satisfacer muchas necesidades con la esperanza de captar las ventas de alguna manera por la combinación de looks que presentan. Esto significa que, como clientes, hemos perdido el sentido de lo que no está de moda. Si me preguntan qué no está de moda, no sabría responder. Los pantalones no podrían abrazar más el cuerpo, los leggins se quedan, a la vez que la industria presiona para ensancharlos. Casi nueva o vintage, la segunda mano puede ser absolutamente aceptable y buena.

 

 

 

 

 

P.: ¿Cree que dejaremos de comprar ropa nueva algún día?
R.:
Creo que si se estudia las ciencias del comportamiento y cómo las personas se han adornado a sí mismas desde el principio de los tiempos, observamos que nuestra necesidad de ropa es muy psicológica y seguiremos queriendo ropa nueva, ya sea que la tengamos en una tienda, online o personalizada. Siempre querremos adornar nuestros cuerpos.

 

P.: ¿La segunda mano, alquiler o suscripción se está volviendo tan habitual como ir de compras?
R.:
Con ciertos grupos: personas con estudios universitarios, seguros de sí mismos, que a menudo son urbanos, y/o por necesidad y entornos rurales. Pero el estadounidense medio, el ejecutivo de traje chaqueta, lo vería como una falta de estatus. Demasiado asociado con ser pobre.

 

P.: ¿Podríamos vincular este fenómeno con Apocalipsis Retail?
R.:
Es uno de los factores. Hay demasiadas tiendas y demasiado espacio de venta. Hay una corrección. Las empresas necesitaban reducir su escala. Urban Outfitters, por ejemplo, ha empezado a testar el alquiler y creo que veremos retailers inteligentes incorporar este tipo de servicios. Nordstrom, por ejemplo, ya está en ello.

 

 

 

 

P.: ¿Podrían estos nuevos negocios ayudar a la industria de la moda a crecer?
R.:
No, a menos que se acepte como una nueva manera de hacer negocios. Macy’s introdujo Apple para vender tecnología. ¿Por qué no introducir un servicio para alquilar vestidos de novia?

 

P.: ¿Puede la segunda mano y el alquiler ser negocios globales?
R.:
No lo creo. Creo que aún hay muchos países donde los consumidores quieren comprar ropa nueva y vestirse bien. En ciertas culturas es aún un tabú.

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