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19 Sep 201719:12

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Hermès-LVMH: lucha por la ‘última’ firma independiente

Bernard Arnault es el hombre más rico de Francia y con su más que holgada fortuna puede comprar casi cualquier cosa. No obstante, también a él le falta algo, o por lo menos a LVMH, su conglomerado de lujo.
20 Feb 2012 — 04:40
Sarah García
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Bernard Arnault es el hombre más rico de Francia y con su más que holgada fortuna puede comprar casi cualquier cosa. No obstante, también a él le falta algo, o por lo menos a LVMH, su conglomerado de lujo. El empresario cuenta con una cartera de firmas envidiada por medio mundo pero hay algunas que aún se le resisten. Una de ellas es Hermès.

 

Hermès es una de las pocas firmas que, todavía hoy, continúan siendo independientes. De origen familiar, la enseña está controlada por las generaciones herederas del fundador de la casa, Thierry Hermès.

 

La firma ha conseguido capear la crisis y mejorar sus resultados año tras año. En 2011 Hermès facturó 2.840 millones de euros, dos puntos porcentuales más que el 16% previsto por los directivos de la compañía.

 

Con estas cifras el interés de Arnault está más que justificado. LVMH ha conseguido ser el conglomerado de lujo más importante del mundo. En 2011, el grupo incrementó un 16% su cifra de negocio, hasta 23.659 y entre sus enseñas están las más cotizadas y valoradas por los consumidores de lujo de todo el mundo.

 

La guerra con Hermès empezó a finales de 2010 y, desde entonces, ambas compañías han protagonizado múltiples asaltos de un combate que parece que no tiene fin. No obstante, 2012 se presenta como un año clave para la resolución del conflicto: la creación del holding H51 por parte de los herederos de Hermès para blindarse contra LVMH parece que ha frenado las intenciones de Arnault.

 

Hermès

 

Los inicios de una firma familiar

La maison fue fundada por Thierry Hermès en 1837. Hermès concibió inicialmente su negocio como talabartería, es decir, como empresa de guarnición y trabajo de piezas de cuero para caballerías. Gradualmente, y con el tiempo, la empresa diversificó sus productos y añadió a su catálogo botas, bolsos, joyería, decoración del hogar y sus clásicos pañuelos de seda.

 

Cuando el fundador de la firma murió, la labor empresarial la continuó su hijo Charles-Emile Hermès y, más tarde, sus nietos Adolphe y Emile-Maurice Hermès, sobre todo éste último.

 

Emile-Maurice Hermès se percató de que, en pleno siglo XX, la forma de viajar de las personas estaba cada vez más lejos del caballo y más cerca del avión, el coche y el tren. Por ello, diversificó la estrategia de la maison y empezó a vender baúles, bolsas de viaje y maletas.

 

La mujer de Emile-Maurice fue quien, tras no encontrar bolsos que le resultaran cómodos, comenzó a diseñar los de la firma. Entre ellos está el clásico Kelly, al que se le adjudicó este nombre por la actriz Grace Kelly; el Constance Bag, utilizado por Jackie Onassis y el Birkin, cuyo nombre se debe a la actriz Jane Birkin.

 

Las siguientes generaciones han continuado con la labor que inició Thierry Hermès y, han sido éstas, las que dos siglos después se han encontrado con la guerra más curiosa en la que la maison podía enzarzarse.

 

El inicio de la guerra

Todo comenzó a finales de 2010. En octubre el conglomerado de lujo francés LVMH, liderado por el empresario Bernard Arnault, sorprendió a toda la industria de la moda con su entrada en Hermès con el 14,2% del capital. Este movimiento empresarial desató la hostilidad de las familias herederas de la firma.

 

En poco tiempo, LVMH aumentó su presencia hasta el 17,1% y, fue entonces, cuando desde el conglomerado de lujo dejaron claro que no querían hacerse con el control de Hermès y que su entrada en el capital era de forma amistosa.

 

Con motivo de esas declaraciones, Bertrand Puech y Patrick Thomas, dos de los máximos responsables de la firma, se posicionaron diciendo: “Si usted quiere ser amistoso, Monsieur Arnault, debe retirarse”.

 

En menos de tres meses, LVMH había entrado en el capital de Hermès y la guerra había comenzado. Para poder defenderse de lo que los herederos consideraban un ataque por parte del conglomerado de lujo, las familias propietarias decidieron crear un holding para blindarse contra LVMH.

 

El acuerdo, con la creación del holding, era el siguiente: las familias Dumas, Puech y Guerrand agruparon el 50% de las acciones de la empresa sin tener que lanzar posteriormente una opa obligatoria sobre el 100% del grupo para defenderse de una posible oferta pública del conglomerado que lidera Arnault. Además, si algún miembro de la familia decidía vender sus acciones, el holding tiene derecho preferente de compra por delante de otros accionistas.

 

El proyecto del holding obtuvo luz verde de la Autorité des Marchés Financiers (AMF), equivalente francés a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), pero LVMH recurrió la decisión. No obstante, el recurso no prosperó.

 

Durante el proceso de creación del holding, las familias herederas de Hermès realizaron varios movimientos accionariales para evitar que LVMH se hiciera con más títulos de la firma. Entre ellos, destaca uno de 400 millones de euros en el que Pierre-Alexis Dumas, Sandrine Brekke y Agnès Harth realizaron cesiones, adquisiciones y transferencias de títulos a un precio por acción de 130 euros.

 

Un día después de este movimiento, LVMH aumentó su capital en la maison de un 21,4% a un 22,3%. Desde LVMH afirmaron no descartar adquirir más acciones de Hermès pero recalcaron no querer tomar el control de toda la firma.

 

En diciembre de 2011 finalmente constituyó el holding de la familia Hermès. Bautizado como H51 y presidido por Julie Guerrand, miembro de la sexta generación familiar, el holding tiene inmovilizado el 50,2% del capital durante veinte años.

Además, la maison cerró el ejercicio 2011 con unas ventas de 2.840 millones de euros, lo que representó un incremento del 18,3%. La empresa batió, así, sus previsiones, que pasaban por concluir el año con un crecimiento de hasta el 16%.

 

De este modo, ambas compañías finalizaron 2011 con la guerra todavía abierta pero con la balanza decantada hacia la familia Hermès.

 

2012, un año clave

Este año se presenta interesante para ambas compañías. El primer asalto de 2012 lo protagonizó Bernard Arnault. Con motivo de la presentación de resultados de LVMH, el presidente y consejero delegado del conglomerado francés reafirmó no tener “ninguna voluntad hegemónica” ni “haber tenido nunca la intención” de tomar el control de la firma Hermès. Según Arnault “nada ha cambiado”.

 

“Nunca hemos tenido intención de tomar el control de la firma”, explicó el multimillonario. “¿Cómo podríamos tener la intención de quedarnos con una compañía controlada por la familia fundadora en un 70%?”, recalcó el empresario.

 

Y quiso enfatizar diciendo que “Hermès es una participación amistosa que inicialmente se realizó por razones puramente financieras y que se han convertido en más estratégicas”. No obstante luego quiso dejar claro que “si un día surge la posibilidad de que nos pidan ayuda, consejo o de simplemente establecer sinergias, estamos más que dispuestos a ayudar”.

 

Estas declaraciones dieron pie a la contestación de Patrick Thomas, consejero delegado de Hermès, en la que dejó claro que “no existe ningún tipo de sinergia posible entre Hermès y LVMH”. Según Thomas “para que puedan existir sinergias, hace falta que las culturas de empresa sean comunes y esto no está pasando a día de hoy”.

 

El consejero delegado de Hermès también aseguro que “existe una contradicción entre las proposiciones de Bernard Arnault y las de su mano derecha, Pierre Godé”.

 

“El señor Arnault ha dicho que nunca ha tenido la intención de tomar el control de Hermès. Cito un artículo de Figaro del dieciocho de marzo de 2011 en el que Pierre Godé dice que LVMH esperará un siglo o dos si es necesario” para hacerse con la maison, explicó Thomas a AFP.

 

Parece que el conflicto entre ambas firmas continúa. No obstante, la creación de H51 supone un impedimento para que LVMH pueda hacerse con más acciones de Hermès.

 

Lo único que queda es esperar a los movimientos de las dos compañías que, además de empresas se han convertido, en cuestión de dos años, en auténticas estrategas de la industria de la moda.

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