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Dogi: ruegos y lamentos en la última junta de los Domènech

21 Jun 2013 — 04:48
S. Riera
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Resignación, impaciencia y un cierto desconcierto. Estas son las palabras que mejor definen el ambiente vivido ayer entre los asistentes a la junta general de la textil catalana Dogi, que podría ser la última de la era Domènech.

 

Los ánimos no parecían mostrar ayer ninguna predisposición abordar la compra de nuevos títulos por parte de los accionistas minoritarios. Más bien, todo lo contrario: parte de los ruegos y lamentos de los accionistas que acudieron a la reunión giró en torno a cómo poder vender sus títulos de la compañía, suspendida de cotización desde 2009. Esto dio lugar a situaciones inverosímiles de intercambio de sugerencias y consejos a viva voz sobre los intereses que aplica el banco, las minusvalías en la declaración de la renta y la necesidad de dar con un buen notario.

 

“Yo se las regalo, lo que no quiero es pagar comisiones al banco”. Esta es, según Llàtzer Clusellas, responsable de las relaciones con inversores de Dogi, la frase más repetida en las llamadas que recibe de los accionistas, según explicó ayer él mismo.

 

Uno de los protagonistas en el encuentro volvió a ser Josep Marfà, propietario de 70.000 títulos y una de las voces más representativas y críticas de los accionistas minoritarios. Economista y apotecario, Marfà reclamó los términos de la ampliación. Jordi Torras, anterior consejero delegado del grupo y actual miembro del consejo de administración, le respondió con las siguientes palabras: “la ampliación se realizará en unos determinados términos”.

 

El accionista también exigió que, para una próxima junta, el consejo facilitara unas fotocopias con el contenido de la presentación de los resultados que debían aprobar. Marfà, como muchos de los otros asistentes, fue incapaz de ver con claridad la mayoría de los números que el director general de la empresa, Ignasi Mestre, mostró en su presentación en una pantalla del todo insuficiente.

 

Marfà también insistió en tener más información sobre el grupo de inversores con el que se está negociando, no sin cierta desconfianza hacia la operación, llegándolos a calificar de “inversores fantasma”. A pesar del desconcierto y de la sorna entre los asistentes, la dirección de la empresa se mantuvo en todo momento muy cauta en esta cuestión y no reveló ningún nombre.

 

Otro episodio destacado fue a cargo de dos de los miembros del comité de empresa. Tras constatar que la anterior representante de los accionistas minoritarios había vendido su paquete de acciones, se procedió a la elección de uno nuevo. Alzó la voz Sergio Moreno, propietario de un millar de títulos y representante de UGT en el comité de Dogi. Fidel Feliz, su homólogo en CCOO, se declaró en contra con gran rotundidad. Preguntado sobre si quería él asumir la responsabilidad, dejó claro que no. Feliz sólo se oponía al nombramiento de Moreno.

 

Fue un encuentro tenso, como la tesorería del grupo, al que asistieron los propietarios de un tercio del capital. A pesar del clima de desánimo entre los accionistas y comentarios fuera de tono, la junta aprobó las cuentas de 2012, una reducción de capital (que dejó el valor de las acciones en 0,02 euros) y una posterior ampliación, además de la retribución de los consejeros y el nombramiento de los auditores. A la gestión de los administradores y a su retribución sólo se opuso un accionista: Esther Domènech.

 

Tras el encuentro, en el ascensor del edificio de El Masnou (Barcelona) en el que se celebró la junta, dos octogenarios accionistas ironizaban: “amb això ens farem rics (en catalán, con esto nos haremos ricos)”.

 

Pérdida del control de los fundadores

Una de las conclusiones de la junta es que los fundadores del que ha sido uno de los gigantes de la industria textil en España podrían perder el control del grupo tras la aprobación de la ampliación de capital, que supone la inyección de 233,3 millones de nuevas acciones.

 

De no acudir a la ampliación, la familia Domènech verían reducir su participación en el capital de la compañía, cuyo control podría pasar a manos de un grupo compuesto por tres socios inversores con los que la empresa mantiene negociaciones.

 

Un hecho significativo que indica que se está en el preámbulo de una nueva etapa fue la ausencia del presidente del consejo de administración y fundador del grupo, Josep Domènech, por indisposición.

 

De no prosperar la entrada de los nuevos accionistas con quien se mantiene negociaciones (Dogi ha contratado a Deloitte para la búsqueda de socios), “tomaremos las decisiones pertinentes teniendo en cuenta la ley concursal”, aclaró el consejo.

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